Max
-¡Deprisa Max, ya todos te esperan!
Abre sus brazos rodeando mi cintura.
-¡ya voy Tere!, no se por que rayos mamá planeo esto y justamente hoy.
Gruño mientras termino de subir las maletas a mi habitación.
Es increíble que un día como hoy sea lunes, sé que poca gente vendrá y sé que muchos se irán mas temprano de lo habitual, pero que más da, total es mi cumpleaños tengo que sentirme bien, pero desafortunadamente la realidad es otra, me da tan igual cumplir años y sobre todo que mamá me haga «fiestas sorpresas».
-¡Maldición! es tarde.
Odio hacer todo a las carreras pero no me queda otra, el viaje me ha dejado molido, tomo una ducha lo mas rápido posible para alistarme y salir a recibir los invitados, no puedo despreciar su esfuerzo.
Salgo del baño y dejo caer la toalla a la alfombra gris que cubre todo el piso de mi habitación.
Abro mi closet tomo el conjunto de pantalón y camisa blanca que mi madre escogió para la ocasión.
"Para Ti..."dice la tarjeta.
Termino de vestirme, me coloco mis botas beige, un poco de perfume y una balaca negra dejando mi cabello por un poco encima de los hombros.
De una salgo de mi habitación. Subo hasta la terraza en el tercer piso. Todos están vestidos de blanco, están mis amigos y familiares, noto que todos me miran en especial por mis botas y cabello suelto, sin duda soy el centro de atención de la fiesta, se que se sorprenden por mi atuendo, no por ser el cumplimentado pero los ignoro. Mi madre se acerca con una copa de vino y me da un gran beso en la mejilla.
-¡felicidades mi niño, te extrañé mucho!
-gracias mamá, igual yo - le doy un beso en la frente.
Frunzo el ceño cuando veo a mi padre acercarse con dos copas.
-¡felicidades Max, bienvenido a casa! Me da una copa y me estrecha su mano, le agradezco y saludo a mis abuelos y tíos, trato de ser lo más discreto y me aparto.
-felicidades Max, bienvenido nuevamente a Cartagena-dice Sebastian.
Se acercan con abrazos Raúl, Camilo y Andrés, mis amigos de infancia que hace casi dos años nos los veía.
De una empezamos a charlar y tomar cervezas, en medio de risas y juegos se acerca Felipe «mi mejor amigo», llego acompañado de una chica piel morena, alta delgada con cabello castaño liso.
Mientras Felipe se acerca mi mirada se queda fija en esa chica que lo acompaña.
-¡Felicidades man, te sentó bien Brasil!- me da un abrazo muy fuerte, fue tanto así que a todos les causa emoción, dejando atrás el pasado.
Ella estira su mano, hasta llegar a la mía y le doy un apretón.
-¿No es hermosa mi novia?- bromea mientras ella pone los ojos en blanco. Suelto su mano apagando mi sonrisa.
«¿Su novia o una de las miles?»
Ignoro su pregunta y camino hacia el pequeño bar, tomo de seguido dos tragos de tequila, aun se me hace un poco extraño estar en casa y verlos a todos, como si nada hubiera pasado antes de irme.
-¡No nos hemos presentado!- me espanto al verla a mi lado.
-cierto, ¿donde están mis modales? Bromeo y vuelvo a estrechar mi mano -¡mucho gusto, Max!-mueve nuestras manos de arriba hacia abajo.
-¡Un placer Max!- sonríe.
Suelta mi mano suavemente, toma dos copas y da la vuelta.
-Espera... y ¿tu nombre?-le pregunto tomándola del brazo derecho.
Da media vuelta y me mira.
-Cie...
- ¡Cielo!- interrumpe Felipe.
La rodea con sus brazos y le quita una copa.
-¿Muchas hembritas en Brasil?
Siento su aliento de alcohol.
-¡solo trabajo!
Miento en realidad si tuve mujeres, mucho sexo pero más que todo trabajo.
Después de hablar, recordar y bromear con los demás decidimos ir a una discoteca a terminar de celebrar mi dichoso cumpleaños.
Voy al pequeño bar para alejarme un poco, aun me es un poco duro estar de regreso. Todavía recuerdo todos los malos momentos que viví.
Me tomo dos copas de seguido para pasar esta amargura.
-¿estas bien?- susurra mi madre.
-si- mascullo.
Miento en realidad me afecta un poco volver a esta casa, con las mismas personas y fingir que nada paso antes de irme.
-se que algo te pasa.
- joder estoy cansado, sólo eso - gruño dándole un golpe a la mesa y se espanta, creo que los tragos ya han tomado control de mi.
Siento que todos nos miran y noto que mi padre pone su risa de apenado mientras se dirige hacia nosotros, pero antes de que llegue con sus absurdas palabras me retiro chocándolo con mi brazo.
-¿te unes Max?- pregunta Camilo dándome otro cigarro.
-eso no se pregunta.
Bajamos hasta la calle y cada uno sube a su auto.
- ¿y te vas? -gruñe Cielo mientras Felipe camina hacia mi-eres un infeliz.
Grita y Felipe da dos pasos hacia ella pero lo agarro antes de que la toque.
- ¡calmate!
Se que tiene rabia y no es buena idea que se le acerque en ese estado, suele ser un poco agresivo y más cuando esta tomado, enciendo un cigarro y se lo doy tratando de calmarlo.
La observó mientras corre y desaparece.
Subimos al auto y abro las ventanas para que el humo de los cigarrillos no se acumulen.
Llegamos a Río, nuestra discoteca favorita, estaciono mi carro en toda la calle, entramos a la discoteca y el ambiente esta muy bueno, las luces, el humo y esa decoración de Río de Janeiro me hacen recordar mis viajes a las distintas playas de Brasil.
Saludamos a unas cuantas chicas, se quedan con nosotros hacernos compañía, pedimos dos botellas de vodka y unas cuantas cervezas, me sirvo dos tragos y me los tomo de un sorbo.
Se acerca Natalia y se sienta en mis piernas pegando sus labios a los míos.
Agarro uno de sus senos y muerdo su labio, como de costumbre.
-debo darte tu bienvenida- susurra en mi oído.
Me emociona la idea, tengo ratos que no follo a esta mujer aprieto. Tomo otro trago mientras la levanto de mis piernas.
-ya vuelvo, me follare a esta vieja -le digo a Felipe en el oído, sonríe y me da una palmada en la espalda.
Salgo primero que ella, abro la puerta del auto y lo enciendo, espero a que Natalia se acerque cuando escucho un timbre, es el celular de Felipe.
En la pantalla aparece la foto de Cielo. -¡Cielo!-contesto al quinto timbre.
-¿quien habla?, ¿donde esta Felipe?
-dejo su celular- respondo lo primero que se me ocurre.
-¡mentira, eres tu Max! -grita - rayos me vale mierda lo que este haciendo Felipe, necesitó que me recojas estoy en el muelle, ven por mi.
-¡agarra un taxi!-mascullo.
Pero que se cree ella, que soy su chofer que puede mandarme o gritarme cuando se le de su maldita gana.
-¡por favor!- exclama.
No se que hacer, quiero disfrutar la noche con Natalia no estar consolando a una pendeja enamorada, pero tampoco soy tan machista la llevaré a su casa y regresó por Natalia.
¡ya voy!- Natalia se acerca y toca la ventana, la bajo -¡ya regreso!
No dejo que me diga nada cierro la ventana y acelero. No se que me pasa, creo que estoy muy caritativo, deje de ir a follar con Natalia por ir a recogerla a ella que ni siquiera la conozco, que de seguro me va a coger como su pañito de lágrimas, querrá que le explique todo sobre pipe, pero bueno hay que hacer favores.
Cuando por fin llego al muelle, esta ella con su encantador vestido blanco.
Me bajo y me acerco, al igual ella.
Me sorprende cuando me rodea con sus brazos.
-¡vamos a otro lugar!- susurra en mi pecho.
-¿estas bien?
Pregunto pero no responde, subimos al auto, no tengo ni la menor idea de a donde llevarla, ni siquiera me atrevo a preguntarle nada, me siento un poco incómodo, me fastidia ver a mamá llorar y ahora me toca aguantarla.
El semáforo se puso en rojo.
-¿podemos tomar algo?-propone.
-¿que quieres tomar?-pregunto sin apartar la vista del semáforo.
-¡Algo fuerte!
Decido ir al supermercado más cercano y comprar dos botellas de alcohol y varias cervezas de diferentes marcas, sólo para quitarle la idea se ve que no es de tomar mucho, con unas cuantas cervezas ya se querrá ir a su casa y me quedarán esas botellas para celebrar con Natalia.
-¿Puedo conducir?- pregunta cuando apaga la pantalla de su celular.
-¿no estas ebría?
- no- sonríe y se baja del auto.
-¿Preparado?- pregunta apretando el volante con sus dedos cuando me siento a su lado.
-¡supongo!
Confieso que esta chica me asusta un poco, estaba llorando y ahora parece una maldita sicópata, una bella y sexy sicópata.
Mientras conduce enciendo la radio ya que no dice nada.
Llegamos a un parqueadero, estaciona el carro y caminamos hasta llegar a las murallas.
Ya están un poco solas son casi las dos de la mañana, todo esta en silencio solo se escuchan las olas de la playa.
Le doy una cerveza y mientras abro la mía extiende su brazo mirando hacia el mar.
-¡Por las casualidades!-dice cuando chocamos las cervezas.
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todo de mi
Teen Fiction"algo inesperado, nada es perfecto" Esta historia no es la típica historia de amor, esto fue algo inesperado, nada formal, nunca fue perfecto pero cada vez que la veía y la hacia mia estaba a tan sólo un puto paso de serlo. El sexo fue fundamental p...
