Aquel beso desató lo que había amarrado con todas sus fuerzas, hasta no poder más, llegando a niveles insospechables de los que ni él mismo se sabía capaz.
Había superado incontables entrevistas y cuatro debates. Cuatro duros debates en los que los nuevos sentimientos se desbordaban por cada por cada poro de su piel.
Comenzó con un debate informal. No podía rechazar la gran oportunidad que Jordi Évole le ofrecía. Para él, Pablo era simplemente un rival, aunque uno muy bueno y competente. Aquel día se despertó algo en él que no sabía exactamente cómo definir, pero que descartó de su mente al momento y se intentó concentrar lo máximo en defender sus propuestas durante el programa.
La manera de desenvolverse de aquel hombre, sus gestos, su tono embaucador y un tanto provocativo, aquella camisa que le quedaba tan injustamente mal. Albert trataba de reconducir sus pensamientos a cada momento hasta que de los labios del podemita se escapó una frase de apariencia inocente: al final nos presentamos juntos a las elecciones.
Albert sintió un pequeño cosquilleo en el estómago y respondió con su mejor gesto: sonriendo y bajando la mirada. Él no lo sabía pero aquello derretía al hombre que se sentaba frente a él. Mantuvo la compostura hasta el final de la entrevista y tras despedirse de Pablo volvió a su vida con un sabor de boca extraño.
Después vino un cara a cara con la cagada de Kant con la que pudo bromear con Pablo al finalizar.
- Vaya Rivera, me parece que Kant no es nuestro fuerte.
- Y que lo digas Iglesias, menuda cagada.
-Shh esa boca que ahora eres una persona influyente. - Pablo sonrió provocador, como siempre.- Además yo creía que los niños de bien no deciais tacos.
-Sabes muy poco de los niños de bien entonces. - Y sacando una fuerza sobrehumana Albert se alejó con una sonrisa.
Luego fue el debate junto al candidato socialista. Todo transcurrió con la relativa tranquilidad de un debate televisivo pero su sorpresa fue durante el descanso. Después de mantener una charla con los que le acompañaban Albert reparó en algo: Daniela, su hija de apenas cuatro años no estaba. Se puso muy alterado, la pequeña había venido con él para poder pasar un poco de tiempo juntos, aunque fuese en esas condiciones. Salió disparado a los pasillos del plató con la angustia oprimiendole el pecho. Su sorpresa no fue menos cuando al final del pasillo pudo distinguir la figura de su pequeña de la mano de otra muy conocida.
-¡Daniela! - la pequeña soltó la mano del acompañante y corrió hacia su padre para abrazarlo.
-Hola papá.
-Sabes que no te puedes escapar, ¿cuántas veces te lo he dicho? Estaba muy preocupado.
-Seguro que estaba cansada de escucharnos hablar. Me la he encontrado por el pasillo y nos hemos hecho amigos, ¿verdad Daniela? -Pablo le guiñó un ojo ala pequeña mientras observaba divertido cómo Albert ejercía de padre.
-Sí, Pablo me ha contado un secreto.
-¿Ah sí?- Albert miró espectante, pero al encontrarse sin respuesta cogió en brazos a su hija y los tres pusieron marcha a plató para retomar el debate.
Finalmente vino el 20D. Albert ya no tenía duda, su oponente había calado en el de una forma indescriptible. Lo único que podía hacer era perfeccionar la cara de póker ante sus provocaciones y centrarse en su discurso. Todo iba bien hasta que horas después del acalorado programa entró a twitter, arrepintiéndose al instante. Vio las miradas que Pablo echaba a Pedro y viceversa. Sintió un pinchazo en la base del estómago que le hizo no pegar ojo en toda la noche. Estaba hasta el cuello por Pablo Iglesias, y eso era un problema, y uno muy gordo.
