• Prólogo •

77 22 5
                                        

Ayer lloré.

Lloré y sentí a nuestro amor resbalar por mis mejillas en forma de agua; sentí a mi corazón salir a través de mis ojos, llevándose con él todos mis sentimientos, excepto el dolor; sentí cada caricia, cada beso, cada centímetro de tu piel, otra vez sobre la mía; sentí, por última vez, esa corriente eléctrica que experimentaba cada vez que te tenía junto a mí; sentí como mi alma deshacía dentro de mí, dejando en su lugar cenizas, cenizas de mi ser; ayer, ayer sentí... sentí como me dejabas.

Mi cabeza dolía, la sal de mis lagrimas enrojecían mis párpados, los labios me temblaban y mi garganta ardía.

Mis sollozos eran ahogados únicamente por gritos de desesperación o de dolor, realmente no lo sé.

Mi corazón, o lo que quedaba de él, palpitaba excesivamente, supongo que trataba de mantener a mi débil cuerpo con vida; ayer le hubiera dicho que se detenga, que no valía la pena; hoy... hoy no sé qué decir.

Las lágrimas no se detenían, y no tenía intención alguna de que lo hicieran. Quería que cada gota saliera de mí y me quitara esta opresión en el pecho que siento.

Aún no se ha ido, aún hay lágrimas por llorar. Lo sé.

Recuerdo la última vez que lloré así: Noviembre 7, 1998.

Mi madre... mi madre había muerto.

La vi. En su lecho de muerte. Labios secos, sin su color o brillo habitual. Los ojos cerrados, tratando de ocultar el dolor que transmitía su mirada. Las manos tiesas y toscas. Mejillas pálidas y frías. Cada facción de su rostro denotaba agobio, y cada parte de su cuerpo; sufrimiento. Su pecho, bañado en lágrimas, en mis lágrimas. Solo estaba yo en la habitación; ella ya se había ido, para siempre. Y mi dolor era lo único presente ahí, porque ni siquiera estaba yo en espíritu, me había ido con ella, o al menos eso quería creer.

Tenía 13 años, cuando mi madre me dejo, aunque, a diferencia tuya, dejarme no fue su voluntad. Hoy, con 25 años. Aún recuerdo cada momento, cada detalle, cada imagen, sensación, mirada y palabra. Todo está grabado con tinta indeleble en mí.

Y me temo... que ahora cada momento contigo, también esté grabado en mí.

Ayer lloré sin control. Cada vez que recuperaba el aliento, los recuerdos me abatían y las lágrimas volvían a dominarme. Lloré por horas, queriendo sacar el dolor que habías infundido en mí, pero ya era tarde... te habías metido dentro de mí, y no había vuelta atrás.

Te habías adueñado de cada parte de mi ser, teniendo todo a tu disposición, sin excepción alguna.

Ya era tarde, al menos para mí lo era. Supongo que para ti nuestro amor no tuvo tiempo ni espacio en tu vida, ya que en realidad nunca existió, para ti no.

Te entregue todo mi ser, absolutamente todo; lo tomaste, lo convertiste en polvo y te fuiste, dejándome sin nada más que un corazón roto.

Porque eso es lo que ahora soy. Un corazón roto.

❀✿❀✿❀✿❀✿❀✿❀✿❀✿❀✿❀✿❀

¡Hola! Bueno, sin más, he aquí el inicio de esta historia que osa llamarse "Broken Heart"

¿Qué les parece? Dejen su opinión y, si desean, algún consejo para mejorarla.

Espero que les esté gustando. Voten, comenten y recomienden la historia.

Bueno eso es todo, me despido. Adiós.

Broken HeartWhere stories live. Discover now