Ashley tronaba sus dedos sobre su mesa, impaciente porque las clases terminaran.
Había sido un día terrible, al menos en cabeza de la jóven.
Deseaba llegar a casa y dormir hasta que la noche cayera y finalmente poder desahogarse.
Finalmente el timbre sonó y las clases acabaron.
La rubia agarró su mochila y se dirigió veloz a la salida.
Caminaba por la larga hilera de casas hasta dar con la suya.
Nada más entrar, se sentó en el sofá y cerró los ojos, bloqueando cualquier pensamiento negativo.
Su madre no llegaría en un tiempo y su padre estaba de viaje, por lo que la casa tenía un ambiente relajado y silencioso.
No abrió los ojos hasta que su móvil retumbó entre los cojines sobresaltándola.
Subió a su habitación a paso lento y se vistió en ropas cómodas.
Era su momento favorito de las veinticuatro horas.
Recuperó todos esos momentos negativos que vagaban por sus recuerdos y abrió la ventana.
Los recitó como si de una canción se tratara. Incluso algunas lágrimas de frustración llenaron sus ojos color café.
-No llores por cosas así.- escuchó una voz masculina.
Buscó con la mirada quien estaba hablando.- ¿sabes? Llevo tiempo escuchándote, desde cuando atropellaron a tu perro hasta ahora. Recuerdo esa noche como si fuera ayer. No sabía cómo podía consolarte. Nunca había tenido el valor para decirte unas simples palabras.- terminó de hablar.
Ashley secó sus lágrimas y ahora algo asustada revisó toda su habitación en busca del poseedor de esa cálida voz.
-Quiero que sepas que ahora me tienes a mi. Puedes hablar conmigo.- volvió a decir.
-¿Quien eres?- preguntó la chica desesperada.
-Digamos que soy como tu ángel de la guarda.
-¿Dónde estás?- Ashley tenía los nervios a flor de piel. ¿Quién estaba hablando con ella? Sabe incluso lo de Blacky, su perro fallecido hace tres años. Quiere decir que lleva todo ese tiempo espiándola.
-Si te dijera, ¿vendrías a buscarme?- habló juguetón.
-Claro.
-Entonces todavía no puedo decirte. Puedo divertirme con esto un rato.
-Por favor. Dime qué quieres. ¿Cuanto llevas espiandome?
-Yo no diría espiar. Sólo escucho. No sé ni cual es tu aspecto. Ni tu nombre. A pesar de tanto tiempo que llevas hablando en la ventana, nunca has mencionado tu nombre. Aún así, me interesas. He de irme. Mañana seguimos hablando. Buenas noches.- fue lo último que dijo.
Ashley pronunció unas cuantas palabras intentando evitar que se fuera así sin más.
Dedujo que estaría en el tejado. Cerro las ventanas con seguridad. Estaba aterrada. ¿Y si era un loco?
Su voz sonaba tranquila y era cálida. No le importaría oírlo hablar durante horas.
Además de que decía cosas tan peculiares como "soy tu ángel de la guarda".
Sinceramente, eso la había hecho feliz de algún modo.
Si, que un extraño del que no sabes nada pero el lo sabe todo de ti, es algo alarmante, pero Ashley añoraba tanto unas palabras tan amables que dejó de lado todo lo que la perturbaba.
Con el pensamiento de escuchar de nuevo a su ángel de la guarda se fue a dormir.
***
- Jake, ¿has visto algo fuera de lo normal estos días?- preguntó nerviosa Ashley a su hermano.
Éste la miró extrañado antes de responder sarcástico.
-Tu cara está algo más deforme que otras veces, si te referías a eso.- sonrió.
A veces la chica se planteaba si de verdad eran hermanos. Tenían una relación muy típica de amor odio, pero más que nada odio. Nunca había visto que se preocupara mucho por ella. Aunque tampoco ha habido alguna oportunidad de eso ya que la chica era muy cautelosa con todo lo que hacía y nunca se metía en problemas. Para eso estaba Jake.
-¿Podrías ser algo más amable por una vez? Hablo en serio.
-Yo también hablo enserio. - carcajeó.
La rubia lo tomó como caso perdido. - tengo que irme hermanita, ayer me uní a una fraternidad, tengo reunión. - explicó.
Ashley tornó los ojos. Cuántas habrían sido las veces que su padre le había aconsejado a su hermano que no se uniera a esas cosas.
Ya era mayorcito para saber los problemas que traen.
Desde que entró en la Universidad sólo viene una vez al mes a casa y tiene a Federick la mar de preocupado, decirle que se ha unido a una fraternidad lo volverá loco.
-Sabes lo que dice papá de las fraternidades.
-Sabes que papá nunca tiene la razón. Vamos Ashley, cuando entres a la uni lo entenderás. Las fraternidades y sus fiestas es lo mejor que hay por el campus. Ahora me voy. Cuídate.
"Cuídate... En unas horas se olvidará de que tiene hermana" pensaba la chica.
Se vistió y preparó para ir al instituto.
Se despidió de su padre el cual estaba bastante ocupado con un proyecto para su trabajo.
A primera hora tenía clases de biología.
Se sentó en su correspondido sitio y esperó a que llegara la señora Pepper.
Ésta no tardó en llegar. Cuando lo hizo se encargó de que todos lo notarán.
Era una mujer muy ruidosa y patosa. Siempre andaba ajetreada y con muchas nuevas ideas en la cabeza.
Teniendo en cuenta su edad era digna de admirar.
-Clase - dijo en un tono algo más alto del normal - nuevo proyecto. Lo harán por parejas. Tendréis que hacer una maqueta sobre las células - sonrió ampliamente. - el plazo es hasta en cuatro de mayo. Tenéis un mes exacto, suficiente. Comenzaré a decir vuestra pareja de trabajo. - canturreó.
Se oyeron varios resoplos por parte de los presentes. La mujer afianzó su agarre a la libreta que tenía en mano al llegar y puso una mueca algo aterradora.
-Me he pasado la noche organizando las parejas, sed agradecidos panda de zoquetes. - bastó para que sólo se oyera la respiración nerviosa de cada uno de los alumnos.
Comenzó a decir nombres rápida como un rayo hasta llegar al turno de Ashley.
-Ashley Parks... Con Edward Philips.- a la chica le dió un vuelco al corazón.
¿Edward? Su amor secreto desde los quince años. Esto era el karma. Lo que no sabía si era un karma por algo bueno...o malo.
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La Chica Que Le Hablaba A La Luna
RomanceTodas las noches sin razón alguna, Ashley abría su ventana y entablaba una larga conversación con la luna sin necesidad de respuestas. Ella hablaba animadamente y la luna escuchaba atenta. Pero una noche tan ordinaria como las demás, Ashley recibió...
