Prólogo

228 14 4
                                        

Abrí pesadamente los ojos y me encontré acostado en una camilla del hospital.

──Genial ──bufé ── otra crisis.  Es la cuarta en lo que va del mes.No se si mi cuerpo aguantara más.

Y no me equivocaba, mi cuerpo estaba haciendo grandes esfuerzos por mantenerse funcionando. Si algo que había aprendido en Anatomía.....

Y era un milagro que lo haya aprendido....

Era que el corazón siempre lucharía para estar en función.

Mi pecho se elevaba a duras penas cada vez que respiraba. Era obvio, no duraría mucho con vida. Pero...¿qué más da? Este fue el camino que escogí y ya es muy tarde para arrepentirse.

De pronto oí una voz...

──Spencer──me decía.

Su voz me sacó de mis pensamientos. Estaba tan concentrado hablando conmigo mismo que no me percaté de la presencia del doctor.

 ──Disculpe Sr. Adams── contesté luego de reaccionar──¿Qué decía? ──.

──Tengo malas noticias para ti, Spencer-──dijo cabizbajo

──Bien...¿cuáles son?── le dije, mirándolo a los ojos con mi mirada neutra.

──Spencer... no se como decirte esto──dijo el doctor con tristeza.

Pude notar que  su tono de voz dejaba un rastro de pena

Digalo de una vez, déjese de rodeos y de compasión y digame qué es lo que me pasa.

Después de varios segundos de silencio me animé a interpelarle.

──¿Y bien?── dije── ¿Cuál es la mala noticia?──

──Spencer── suspiró── sabes que desde algunos meses sufres del síntoma de ....

──Anorexia, lo sé── le interrumpí──. Valla al punto──.

──Spencer──dijo quitándose los lentes── tu Anorexia se ha complicado... ahora, no sólo se trata del síntoma de la anorexia. Verás, hay una ligera diferencia entre la anorexia y la Anorexia Nerviosa, puesto que la primera es un síntoma y la segunda es una enfermedad. Debido a que tus síntomas anorexicos han estado colonizandose y dando una muestra de incrementación, han llegado a convertirse en, lamentablemente, en la enfermedad llamada Anorexia Nerviosa. Siento decirte esto pero no creo que te quede mucho tiempo de vida──.

Al parecer mi cuerpo sí comprendió lo que el galeno me estaba diciendo, ya que sentí un escalofrío tan intenso que pude percibir el crujir de mis huesos.

Demonios...

Estaba consciente de la gravedad del asunto, pero ahora escucharlo de parte del doctor me destrozaba el alma.

Hasta que punto había llegado con la idea de no comer. Nunca llegué a pensar que no comerme aquel sándwich de doble queso había comenzado a crear la transmutación de ese alegre y tímido yo a este solitario, duro, y retraído Spencer al borde del peñasco de la existencia.


──Esto le destrozara el alma a mi mamá ── dije para mí.




Diario de un Anoréxico.Stories to obsess over. Discover now