Prólogo

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Pensé que en mi nuevo instituto lograría mejorar mi vida, ser la chica perfecta de las películas, la que puede hacer cualquier cosa sin derramar ninguna gota de sudor.

Para todos era así, todos me veían como alguien inalcanzable, alguien que tendrían que hacer fila para poder pedirme que lo ayude con la tarea o mirarme una milésima de segundo. Estaba satisfecha con migo misma, ya que podía darle lo mejor a mi familia y algo que ellos merecían, mi hermano mayor y mis papás, ellos estarían orgullosos de mi.

Pero para eso tenía que cumplir cinco reglas que me exigí desde los doce años:

1-No parecer débil frente a los demás.

2-Tener una sonrisa todos los días.

3-No demostrar lo que sientes a los demás.

4-Lo que pasa en casa, queda en casa.

5-No dejarse llevar por ningún chico.

Estas reglas las he mantenido y cumplido durante cinco años completos, y todo me ha resultado bien, mejor decir perfecto, mi palabra favorita.

El cambio de instituto fue repentinamente necesario por que supieron que en mi anterior escuela cocinaban con ratas en la cocina. Si, antes iba en una escuela, entonces mi papá decidió llevarme a un instituto para que eso no volviera a pasar.

Yo, como hija perfecta que he prometido ser, no hice protesta alguna.

Todo estaba bien, todo iba como lo había planeado, hasta que llega el. El chico rebelde y sexy del instituto, el que todas las chicas quieren y desean pero también es el que nunca podrían conseguir ni en un millón de años.

Claro, que no me habría metido con el si hubiera sabido que era el quien estaba molestando a un pobre chico de lentes gruesos, y yo, como la justa chica que soy, lo ayude para que se alejara, pero eso solo causó que se metiera con migo. Nunca habría pensado que un chico podría traer tantos problemas, pero después de conocer a Daniel Alcerreca, me podía imaginar cualquier cosa.

Daniel en serio me ponía los pelos de punta, siempre buscando la manera de molestarme o llamarme la atención, como si quisiera conseguir algo de mi, lo que el no sabía, o hacia como si no lo supiera, es que yo no quería ni le entregaría nada de lo que el quería.

Ojala hubiera seguido con mi postura hasta el final de mi vida, pero yo no sabía que un simple chico me haría cambiar de opinión con tan solo una frase.

-Tu eres mi todo-


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