Sólo había arena bajo sus pies. Caminaba con unas botas de cuero, las cuales hacía mucho tiempo habían quedado inundadas por la grava. Daba pasos pesados, ignorando dónde pisaba. Sin la cálida luz del sol, solo quedaban aquellos pequeños resplandores que emitían las estrellas. Paró en seco. Se encontraba en la cumbre de un montículo, como los otros muchos que había en todo el desierto de Gobi. Este no tenía nada en especial, pero para él sería el lugar perfecto. Dejó caer su escopeta automática calibre 12, que había cargado consigo desde hacía demasiado tiempo. Esta era la primera vez que se separaba de ella. Cayó de rodillas y alzó la barbilla, admirando una constelación en particular. Era una constelación que representaba a distinguidos monstruos, como el dragón muerto por Cadmo, del se enterraron los dientes y, según cuentan, hombres armados crecieron a partir del suelo. A estos fueron lanzadas piedras y, excitados por lo que podría significar una guerra, empezaron a luchar entre sí. Sólo cinco sobrevivieron y ayudaron a reconstruir la ciudad que había sido destruida. Ellos eran solidarios, pero se habían visto envueltos en la batalla, influenciados por el resto. Esa era la constelación de Draco. Y tenía un aire a lo que había sido su vida. Cerró los ojos, y una lágrima corrió por su mejilla. Recordó las masacres de las que había formado parte y por primera vez se horrorizó. Había sido una máquina que ni siquiera se había planteado lo que hacía. Actuaba automáticamente, influido por su escopeta. Las órdenes que tenía eran lo único que le guiaba. Lloró por cada persona que había abatido, de las cuales no recordaba el rostro. Nunca se habría dado cuenta de nada por sí mismo. Necesitó que alguien se lo explicase desde otro punto de vista, para ayudarle a salir de su nube. Su nube de destrucción, en la que lo único correcto era -matar-. Notó el gran cambio que había sufrido, y dio gracias. Ya nunca más sería como aquella constelación. Ya nunca más sería un centinela.
Un águila volaba muy alto en el cielo, surcaba las nubes y se divertía, ignorando al mundo. Se centraba en el aleteo de sus alas, y la sensación del viento impactando en su pico. Hacía piruetas, se dejaba caer para luego alzar el vuelo justo antes de chocar contra el suelo. Mientras una corriente de aire cooperaba con él para emprender el vuelo, de vuelta al cielo nocturno, vislumbró una figura a contraluz caída de rodillas. ''Pobre ser, que no puede recordar las buenas acciones que alguna vez hizo y dejar de lado las malas''-pensó el águila. Ignoró las preocupaciones del hombre, aleteó sus alas y siguió el compás del viento.
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El Centinela
Short StoryEsta historia corta no relata ningún hecho en especial, nuestro protagonista solo reflexiona彡✰
