Año 1917, Robert acababa de llegar a un nuevo pueblo, cuando apenas estaba subiendo y bajando las cosas de la mudanza una mujer de unos 40 años se le acercó.
-Bienvenido al vecindario, señor...- Dijo esperando una presentación.
-Robert, dígame Robert, muchas gracias por la bienvenida- respondió- ¿y usted es..?
-Soy la señora Claire Watson- contestó con una sonrisa- mucho gusto.
-El gusto es mío, señora Watson.
La señora Watson notó que Robert tendría una tarde muy ocupada así que se despidió con una sonrisa y un cordial apretón de manos.
Alrededor de las 5 de la tarde, mientras Robert inspeccionaba la casa buscando dónde colocar sus muebles se dió cuenta que en la sala había un muro muy extraño, además de que se veía mucho más viejo que la casa, estaba lleno de polvo, él se acercó al muro con un pañuelo para limpiar el polvo, comenzó a frotarlo sobre él y mientras el polvo se borraba del muro reveló que había una mancha de sangre seca con forma de una mano, cómo si alguien se hubiese recargado sobre él, Robert siguió limpiando y se dió cuenta que abajo del "muro" había un orificio como la parte inferior de una puerta, así como si alguien la hubiera sellado con concreto y se olvidó de la parte de abajo.
Robert decidió olvidar por un momento el muro y acomodar los muebles, así que salió de la casa para ir por el primero y llevarlo dentro de la casa, estuvo toda la tarde acomodando los muebles. Mientras salía por uno de los últimos vió que en la casa de enfrente, estaba la señora Watson vigilándolo desde la ventana, él solo se le quedó viendo unos instantes y volvió a lo que estaba. La noche cayó y una vez que acomodó la mayoría de los muebles entró a su recámara, cuando jaló la sábana para taparse escuchó como algo de metal muy pequeño cayó al suelo; se giró encontró una llave muy antigua, al parecer de los años 1850 que tenía atada un papel que decía: Propiedad de Claire Watson.
-No puede ser- pensó- ¿Cómo puede ser esto posible?
Abrió las cortinas y vió que Watson seguía en la ventana, vigilándolo.
El no le dió importancia, solo se dijo a si mismo que le iría a reclamar al día siguiente y fue a dormir. Eran alrededor de las 3 de la madrugada cuando escuchó unos sonidos muy extraños desde abajo, bajó las escaleras y vió que la llave que encontró en su cuarto se encontraba en una mesa que acomodó en la misma sala en la que se encontraba el muro. Por reflejo, volteó a ver al muro y notó que había una débil luz que tenía forma de cerradura. En un ataque de curiosidad tomó la llave y la introdujo en la cerradura y, efectivamente, era la que abría la puerta que se supone estaba sellada con "concreto". Cuando abrió la puerta y entró se dio cuenta de que había un largo corredor delante de él, caminó y caminó durante lo que él sintió como horas hasta que dió con una perilla, la jaló y había un cuarto muy oscuro y una vela que apenas daba luz. Cuando entró por la vela, la puerta se cerró de golpe haciendo que Robert diera un pequeño traspié, sujetó con fuerza la vela y comenzó a tratar de alumbrar alrededor, cuando de repente escuchó un gemido débil de dolor, la piel se le puso pálida al ver a la señora Watson encadenada en la esquina del cuarto. Ella le pidió que la destara y justo antes de que le dijera cómo... Robert despertó.
Eran las 2 de la tarde, había dormido casi 14 horas, estaba agitado por el extraño sueño que tuvo. Volteó hacia donde había puesto la llave y para su sorpresa, aún estaba ahí.
-Tonterías-pensó- debe ser sólo un sótano inútil que terminó por ser sellado.
Robert salió de su casa y se dirigió hacia la de enfrente, tocó la puerta y abrió una anciana de unos 80 años, lo recibió y pregunto la razón de su visita. El le contó lo que sucedió la noche anterior... la anciana empalideció.
-Claire Watson era mi madre, ella desapareció hace 40 años, todas sus posesiones fueron heredadas por mí y mi difunto hermano salvo dos cosas: Tu casa; que era de su propiedad y una llave. Su última voluntad fué que esa casa y la llave quedaran intactas. Recuerdo que la última vez que la ví estaba en tu casa huntándole cemento a una pared.
Él también le contó acerca del sueño que tuvo y ella le contestó casi como si ya supiera completamente de lo que él hablaba:
-Esos sueños son maneras en los que los demonios se comunican con nosotros para utilizarnos para algo-dijo- si te está pidiendo que la desencadenes debes hacerlo mediante...
La anciana lo miró fijamente, sus pupilas se dilataron y finalmente; cayó al suelo, muerta. Unos minutos después mientras la ambulancia se llevaba el cuerpo de la anciana el paramédico se le acercó.
-La anciana sufrió un infarto fulminante al corazón, falleció instantáneamente.
-Está bien doctor, que Dios esté con ella.
El paramédico se retiró y subió a la ambulancia, la cual desapareció en la oscuridad de la noche.
Robert regresó a su casa y se quedó pensando unas cuantas horas, cuando se dió cuenta ya eran casi las 11:00 de la noche, así que subió al dormitorio a tratar de dormir
Alrededor de las 2:00 de la mañana Robert seguía sin poder dormir, comenzó a escuchar susurros que decían
-Baja, abre la puerta. Baja, abre la puerta.
Robert no resistió más y tomó la llave y se dirigió hacia aquella sala para abrir la puerta de ese muro supuestamente sellado. La puerta crujió y finalmente dejó pasar a Robert; era justo como lo soñó: había un largo corredor, él ya sabía que hacer; caminar hasta encontrar una puerta, abrirla, tomar la vela, buscar a Watson y desatarla. Así que inició la caminata, pero mientras más avanzaba, la oscuridad se hacia cada vez más densa y las paredes se notaba que había sangre fresca. Siguió caminando y encontró la puerta; la abrió y entró al cuarto, la puerta volvió a cerrarse de golpe y Robert tomó la vela. Comenzó a buscar a la señora Watson para desatarla y olvidarse de ese maldito muro. Para su sorpresa, encontró unas cadenas, pero no había nadie atado a ellas. Se puso pálido al sentir una respiración detrás de el, se giró y aquella cosa lo lanzó al piso, aquello no quería matarlo, pues sabía que si quisiera ya lo hubiera hecho. Aquello lo tomó del brazo y le ató una de las cadenas e hizo lo mismo con el otro.
Robert comenzó a gritar, pero algo dentro de él sabía que solo eran aquella cosa y él.
Una luz comenzó a iluminar el cuarto y logró revelar la cara de aquello: Era la señora Watson.
-Lo siguiente es lo que va a pasar- dijo Watson- Lo que está encadenado aquí es tu alma, tu cuerpo sigue durmiendo en tu cama, te quedarás aquí y yo tomaré tu cuerpo, sellaré el muro y me iré lejos para matarlo, así descansaré en paz y tú esperaras aquí a que alguien lo suficientemente idiota venga aquí.
Robert lloraba y gritaba, igualmente nadie lo iba a escuchar. Lo último que vió fue a Watson salir del cuarto y cerrar aquella puerta, una puerta que Robert sabía que iban a pasar años, quizás siglos para que se abriera.
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Ésto nos enseña que no debemos abrir puertas que no se deben abrir, ¿o no?
