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Aquel día le estaba yendo peor que ningún otro. Se sentía descolocada, fuera de lugar, como si algo no fuese correctamente dentro de ella. Puede que solo estuviese más sensible de lo normal en aquel nublado día de finales de febrero y que todo le afectara el doble que un día normal. Pero ella adoraba aquellos días oscuros, escuchar las gotas de agua estrellarse como diminutas y heladas bombas transparentes llenas de vida que se deslizaban por los cristales de la venta haciendo curiosos recorridos en su camino hasta el suelo, empapándolo todo a su paso.

Quizá sólo fuera un cambio de estado de ánimo que ya se había acostumbrado a tener. Era algo extraño. Podía estar triste un momento y al siguiente llorar de la alegría. Podía estar furiosa con alguien y unos minutos después ser la persona más amable y cariñosa que nadie había visto antes. Supongo que todo ella era... extraña.

Pero aquel día parecía ser diferente. Parecía tener un motivo oculto que la llevara a estar de esa manera, suspirando, mirando por la venta con los ojos vidriosos, rezando para que nadie reparase en ella y le hiciese la típica pregunta de siempre: ¿Estas bien?. No quería que nadie se entrometiera en aquellos momentos porque ni ella misma sabía por qué estaba así.

Su pupitre era el ideal para que nadie la molestara, justo al lado de la puerta de entrada al aula. Allí evitaba la mayoría de las veces que le la escogieran para resolver ejercicios, preguntas de clase o cualquier otra cosa. Podía prestar atención y enterarse de todo lo que explicaba el profesor, ver perfectamente la pizarra o pasar desapercibida en alguna hora mortalmente aburrida dibujando, escribiendo o simplemente leyendo el libro que tocara esa semana.

Ese podría ser motivo por el que no tuviese muchos amigos de su grado. Aunque pasaba la mayor parte del tiempo con dos de sus amigas que se sentaban una al lado y la otra detrás. Con ellas le bastaba. Adoraba pasar tiempo con ellas y hablar escribiendo en la mesa con largas e interesantes conversaciones y no necesitaba nada más para completar su día. 

Ambas se habían dado cuenta del estado en el que se encontraba su amiga pero, conociéndola, decidieron que sería mejor dejarla y esperar a que se le pasara apoyándola todo lo posible e intentado sacarle una sonrisa. Pero a ella no le apetecía sonreír. 

Despacio y en silencio, se levantó de su silla y salió de clase con un paso lento y pesado. Su primer pensamiento fue esconderse durante unos minutos en el cuarto de baño para que nadie la viera, pero estaba ocupado así que sólo bebió agua en una pequeña fuente portátil que había en el fondo del pasillo junto a los servicios. 

Se percató de que la puerta que daba a la azotea estaba entreabierta y, mirando a su alrededor, se deslizó a través de ella hasta que una ráfaga de aire helado tropezó en su cara. Había parado de llover no hacía mucho rato y todavía se podía percibir un embriagador aroma a tierra mojada. 

- ¿Qué haces aquí? - una voz de hombre que ya conocía la sobresaltó - Deberías estar en clase.

- Yo... - se giró avergonzada dispuesta a volver por donde había llegado con las mejillas completamente sonrojadas. No esperaba encontrarse allí con nadie, y menos con él.

- Pereces preocupada, Laura - aquel hombre siempre se daba cuenta de sus estados de ánimo, siempre se preocupaba por ella y, por mucho que no quisiera reconocerlo, siempre la hacía feliz.

- No es nada...

Apagó la colilla en un pequeño cenicero que tenía sobre la barandilla y se aproximó lentamente hacia donde se encontraba la muchacha. Laura contuvo el aliento observando detenidamente cada uno de los movimientos de su profesor que le sonreía y la miraba con cierta nota de preocupación en sus ojos. 

- A siguiente hora tenemos clase y quiero verte bien, ¿vale? - le guiñó un ojo como siempre hacía y ella asintió levemente acompañándolo hasta el interior.

Ella volvió a su clase y él continuó haciendo su ronda por los pasillos haciendo tiempo para que terminara su hora libre. Pero aquel encuentro no le surgió ningún efecto, otro día cualquiera lo habría hecho, pero aquel no. Volvió a su sitio e intentó prestar atención a lo que la profesora de inglés estaba diciendo, pero su cabeza estaba en otro sitio.


Un rato después, sintió como si alguien la estuviera observando y miró a su alrededor para ver si sólo eran imaginaciones suyas. Unos ojos verdes se encontraron con los suyos que no se desviaron a pesar de haberlos sorprendido.Aquel chico le dedicó una amplia sonrisa a lo que ella respondió con un intento de sonrisa que más bien parecía una mueca. ¿Tan mal aparentaba estar que hasta uno de sus compañeros de clase se había dado cuenta?

El timbre que anunciaba el cambio de clase sonó revolucionando a toda la clase que se salió en su mayoría al pasillo charlando de sus cosas y jugando. Laura se quedó allí inmóvil haciendo como que escuchaba a una de sus amigas aparentando estar un poco mejor. Noelia se fue al servicio dejando la silla junto a la mía vacía, aunque no tardó mucho en llenarse. Un cuerpo que no era el de su amiga se sentó en la silla mirándola de frente. Alzó la mirada y se encontró de nuevo con aquellos ojos verdes que hasta hace un momento la observaban y aquella sonrisa tierna que mostraba todos los dientes perfectamente alineados. Una sonrisa se le dibujó en la cara inconscientemente al pensar en el anuncio de un dentífrico que salía muy a menudo por la televisión.

Le resultó raro que aquel chico se acercara a ella puesto que en todo lo que llevaba de curso no había entablado conversación con nadie de la clase hasta aquel momento. Era un chico normal que se sentaba al final de la clase solo y que nunca quería llamar la atención, había algo en él que le había llamado la atención desde el primer día de instituto. 

Le puso el dedo en la mejilla, justo al lado de la comisura del labio, y ,con la suavidad propia de un artista, dibujó una sonrisa en su rostro. Tras eso se levantó y volvió a su asiento con la mirada sorprendida de todos los que habían presenciado aquello.

I'm fine.Stories to obsess over. Discover now