Me encantan esos pocos días del año que dispongo para salir y perderme por la ciudad, pensando en mis cosas con mis auriculares escuchando rock clásico, haciéndome desconectar del mundo. Disfruto merodear por las calles del barrio gótico de Barcelona imaginando la cantidad de episodios que pueden haber vivido éstas, la cantidad de amores y desamores que pueden haber visto, tristezas y alegrías, momentos de todo tipo. Barcelona es una ciudad que me envuelve. Tiene una magia que hace que nunca quiera partir hacia mi casa y siga descubriendo cosas nuevas. Me encanta el aura que transmite, las sensaciones que se respiran son demasiadas. Se nota el efecto bohemio y cosmopolita que tienen las calles solo pasando una vez.
Ahora mismo me encuentro yendo hacia la calle Tallers, un espacio repleto de locales de música, pasando desde tiendas de instrumentos hasta tiendas de discos, y ahí es hacia donde yo me dirigía, hacia las tiendas de discos.
La gente piensa que comprar discos y vinilos es una tontería, porque te paras a pensar y te preguntas para qué quieres gastarte el dinero pudiendo descargártelos gratuitamente desde tu casa? Obviamente si vamos con esa mentalidad, les doy la razón. Lo que ellos no entienden es la gente que compra discos o vinilos para sentir la música. Cuando digo sentir la música me refiero a que ésta llegue a envolverte, a hechizarte por completo. El sonido no lo siento igual si sale desde un tocadiscos o un reproductor con un amplificador. Claro que se escucha bien desde unos altavoces portátiles o desde unos auriculares, yo tengo miles. Pero encuentro el sonido más puro desde un tocadiscos o el reproductor con el amplificador, que el sonido es mejor. Entendéis? No sé, no se me da bien expresar mis sentimientos.
Al entrar en la tienda saludo a Nico, el chico del mostrador que ya se ha vuelto un amigo de todas las veces que lo veo.
-¡Hey Nirv! Esta mañana nos han llegado nuevos productos, están colocados en la última estantería – me informó él.
Y ahora, voy a aclarar esto. Nirv es el diminutivo de Nirvana. Nico era el único que me llamaba así. Sí, un nombre bastante rarito, diréis. Mi madre era una hippie emprendida a la que le gustaban los nombres raros y no se le ocurrió otra cosa que ponerle a su única hija el nombre de Nirvana. Extrañamente, no me desagradaba. En cierta manera, me gusta ser diferente.
-¡Oh, vale! – le dije entusiasmada. Me encantaba cuando llegaban discos nuevos, podía pasarme horas mirándolos porque no sabía cual elegir ya que solo me llegaba el dinero para comprarme uno. – Ahora mismo voy a verlos!
Con una tranquilidad exteriorizada y una euforia interna, caminé hacia la última estantería en busca de nuevos discos y vinilos. 37 minutos después, me dirigí al mostrador para cobrar mi nuevo disco lleno de recopilaciones de canciones de Red Hot Cilli Peppers.
-Cóbrame este Nico – le pedí.
-Marchando. Serán 16'75€
-Aquí tienes – le entregué.
-Perfecto. Por cierto, la semana que viene celebraremos una reunión de amigos aquí, en la tienda, y como también conoces a Mario, habíamos pensado en invitarte y que conocieses a nuestros amigos ya que nosotros te consideramos una amiga – me propuso. Mario era el chico encargado de organizar los discos y colocarlos alfabéticamente, por estilos y por año de publicación. Yo a ellos también los podía considerar mis amigos, eran de las pocas personas que realmente me conocían gracias a años y años de compra de discos.
-Bueno... ¿No estaría mal socializar un poco no? – dije con una sonrisa torcida no muy convencida. – tú dime la hora a la que será y ahí estaré.
-Fantástico, te enviaré un mensaje en cuanto lo sepa. ¡Hasta la semana que viene Nirv!
-Adiós Nico – me despedí.
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La Canción Número 9
Teen FictionTodos tenemos esa canción que nos hace saltar, bailar, cantar con tus amigas, llorar, que nos hace pensar, reflexionar... Pues yo, tuve todas esas emociones juntas escuchando solo una canción. La canción que escuché miles y miles de veces, junto a é...
