Ahí estaba yo, inflando globos, a sabiendas de que, cuando entre toda mi familia por esa puerta, serán pinchados, explotados, pisados, estrujados y torturados. No le veía ningún sentido, pero con el paso del tiempo he aprendido que cuando tu madre está estresada más vale hacer todo lo que te pida. Aunque no tenga ni pies ni cabeza, como esto o como que me pida que mate a un langostino. Dios santo, la que lie con el pobre animal. ¿A quién se le ocurre pedirle a Samantha Jones que mate a una pobre criaturita?

- Sam, mientras yo limpio la casa ves metiendo el langostino en el agua -me ordena y desaparece por la puerta-.

Yo lo cojo, toda confiada pensando que estaba muerto cuando comienza a moverse. Del susto que me da se cae al suelo, y el pobre deja de moverse. Le doy unos toquecitos con el pie.

- ¿Fredy, estas bien? - ¿Fredy? ¿Por qué Fredy?

- Samantha ¿estás hablando sola? -se asoma mi madre, y yo me paro enfrente del animal para que no lo vea.

- Juego al parchís sola -comienzo a contar con mis dedos-, me río sola, pero ¿hablar sola? No, creo que nunca he estado tan loca -contesto obvia.

- Hija, tu capaz de eso y más -y vuelve a desaparecer. En verdad me quiere, o eso pienso yo, vamos.

- ¿Fredy? -me agacho y le toco con uno de mis dedos, y veo como mueve una de sus antenas. Oh dios mío, sigue vivo-. Tranquilo amigo, haré todo lo posible para que no te hagan daño -le prometo-. ¡Mamá! ¿No crees que un langostino para toda la familia será muy poco? Yo de ti lo dejaría pasar.

- Samantha, es solo para James.

- ¿James? ¿Piensa comérselo todo él solito? Oh, te espera una muerte trágica -le confieso, y si no fuera porque estoy loca diría que me pone ojitos-. ¡Mamá! ¿Nos podemos quedar a Fredy como mascota, por favor?

- ¿Quién es Fredy, cariño? -me pregunta.

- ¿La langosta? -digo obvia, mi madre se asoma por la puerta.

- Más vale que mates ya de ya a ese animal, Samantha por favor, que se note que ya eres una mujercita.

- ¿Mujercita? Si todavía no he salido del instituto, mamá. Además, la palabra "mujercita" suena a mujer pequeña. Te contradices -mi madre me ignora-. ¿Me estas llamando enana? Que sepas que soy una de las más altas de m... -mi madre sale por la puerta.

Me pongo a pensar.

- Fredy, tendré que matarte, lo siento. Pero tranquilo, no haré que te quemes, te asesinaré antes -cojo un cuchillo y lo pongo por encima de la cabeza, un leve pinchazo y ya-. Muy bien, lo siento, de verdad, pero... -le clavo el cuchillo en medio de la cabeza y sonrío satisfecha-. Listo.

Y justo en el momento en el que voy a meterlo en la olla se mueve, lo cual hace que lo vuelva a tirar al suelo acompañado de un grito.

Y mis padres pues me han dado el cambiazo, es decir, han comprado otro langostino, como si no me fuera a dar cuenta de que ese no es Fredy. No lo conocía de mucho, pero sé que el Fredy que yo vi se le había caído la cabeza, y él que esta sobre la mesa tiene una Justo cuando estaba hinchando mi segundo globo entra mi padre por la puerta.

- ¡Traigo el extintor! -y yo voy corriendo hacia él-. No, Samantha, para, no lo toques. Por mucho que lo toques no va a venir el bombero ¿eres consciente no? -se hace el gracioso-. Además, todas estas medidas de seguridad se ponen gracias a ti -y yo le dedico una sonrisa triunfal.

Este año será peor que los demás. Convencí que se juntaran la familia de mi padre y de mi madre en nuestra casa para celebrar la navidad. Lo que será un caos, porque si se llevan mal cada uno con sus propios parientes imagínate con lo de los demás... No encajaran. Fue una mala idea, lo sé, pero ¿qué esperabais de mí? El caso es que se va a liar, sobre todo porque mi padre es americano y mi madre andaluza. Ya me veo a mis primos de Sevilla riéndose de el acento de mi prima Brithany, o de como levanta el meñique la tía Marge al beber té.

- ¡Samantha! -un día me gastarán el nombre, lo sé-. Sube a tu habitación y vístete -me ordena, yo me miro de arriba abajo.

- ¿Acaso me desnudé? -pregunto alzando una ceja obvia.

- Te podrías poner un poco más guapa ¿no crees?

- Yo siempre voy preciosa, además todavía quedan dos horas y media para que vengan todos. Y siendo ellos, tardarán tres.

No me mires, te lo prohíbo.Stories to obsess over. Discover now