Narrador: Samuel
Mi vida empieza cada mañana del mismo modo: con el sonido de la puerta principal cerrándose tras mi madre. Aún medio dormido, distingo el eco de sus pasos alejándose y, a veces, su voz diciendo un "te amo" que se pierde en el aire. Siempre se despide con una sonrisa, aunque sus ojos ya no brillan como antes. Sé que está cansada. Sé que carga sola con todo. Pero también sé que está haciendo lo que cree mejor para mí.
La casa queda en silencio absoluto cuando se va. Demasiado silencio. Me levanto y hago lo de siempre: me encierro en mi habitación, enciendo la portátil, y me conecto a mis clases virtuales. No voy a una escuela normal, claro. Mi madre dice que es demasiado peligroso. "No todos entienden lo que eres", repite. Y tal vez tenga razón. Ser un doncel me hace... diferente. Frágil. Vulnerable, según ella. Pero yo no me siento así. Solo... solo me siento solo.
A veces me pregunto cómo sería asistir a una escuela real. Tener amigos. Salir al parque. Reír de verdad, no solo por inercia o cortesía. Vivir. Pero todo eso suena tan lejano como un sueño.
Narradora
Los días de Samuel se repiten como un ciclo eterno. Clases, libros digitales, juegos en línea. Comida preparada desde la noche anterior. Todo predecible. Todo controlado.
Esa noche, como siempre, a las ocho en punto se escucha la puerta abrirse.
Mamá:
—Amor, ya estoy en casa... —hace una pausa, esperando respuesta—. ¿Amor?
Samuel (desde su habitación, sin entusiasmo):
—Ya, aquí estoy...
Mamá (alzando un poco la voz, con dulzura):
—¿Cómo estuvo tu día, cariño?
Samuel (murmura con fastidio):
—Genial... como todos los días. ¿No ves que estoy súper feliz?
Mamá (con paciencia, intentando no sonar herida):
—Lo siento, mi amor. Sé que te aburres aquí encerrado. Pero entiendes por qué lo hago, ¿verdad?
Samuel (resopla):
—Sí, lo sé...
Mamá (intentando animarlo):
—Bueno... para compensarlo, te prepararé tu comida favorita. Y quería hablar contigo sobre... quién va a cuidarte a partir de mañana.
Samuel (interrumpe, furioso):
—¿Qué? ¡Mamá! ¡Habíamos quedado que no habría más niñeras! ¡Puedo cuidarme solo!
Mamá (calma pero firme):
—Lo sé. Y créeme, no fue una decisión fácil. Pero no puedo seguir dejando la casa sin alguien que esté contigo. Esta vez es diferente. Esta vez... será alguien en quien confío.
Samuel (cruzando los brazos con enfado):
—¿Y si no lo quiero aquí?
Mamá (más seria):
—Samuel. Por favor. No discutamos más.
Samuel no responde. Solo da media vuelta, sube a su habitación y azota la puerta con rabia. Se deja caer en la cama y se cubre con la cobija, ignorando incluso el olor de su comida favorita que se cuela desde la cocina.
Mamá (desde abajo, mientras recoge la mesa, en voz baja):
—Algún día... me lo agradecerás.
Narradora
Esa noche, Samuel no cenó. La mezcla de enojo, frustración y tristeza le cerró el estómago. Se quedó dormido con la cara enterrada en la almohada, sintiéndose atrapado.
Pero al día siguiente, algo diferente lo despierta.
Una risa.
No la suya.
No la de su madre.
Una risa masculina. Cálida. Extraña. Ajena.
Samuel se incorpora de golpe, alerta. Silencio. Luego otra carcajada suave. Y la voz de su madre riendo también. Se levanta, se pone la bata y baja las escaleras con pasos lentos y medidos.
La voz desconocida vuelve a escucharse.
¿???:
—¡Jajaja! En serio... es tan tierno.
Mamá (riendo con él):
—¿Verdad que sí? Aunque él nunca lo admitiría.
Samuel entra al comedor con el ceño fruncido, sin disimular su disgusto.
Samuel:
—¿Quién es él, mamá?
Mamá (sobresaltada):
—¡Samuel! Me asustaste. Buenos días, amor. ¿Cómo amaneciste? Anoche no bajaste a cenar...
Samuel (cruza los brazos, más molesto aún):
—Te pregunté quién es él.
¿???:
—Hola —dice con una sonrisa confiada y una voz clara—. Mi nombre es Harry. Un gusto conocerte. Soy quien estará a cargo de cuidarte a partir de hoy.
Samuel (mirándolo de arriba abajo, con frialdad):
—Pues para mí, no es un gusto conocerte.
Mamá (suspira cansada):
—Samuel, por favor, compórtate. Como él te dijo, será tu niñero.
Samuel (con sarcasmo):
—Ni-ñe-ro... —repite con burla—. Genial. Qué maravilla. Justo lo que me faltaba.
Da media vuelta y sube las escaleras con pasos pesados, lanzando una última mirada de desprecio antes de desaparecer en su habitación.
En su cuarto, se lanza sobre la cama con fuerza. Patalea, frustrado. Está cansado de que no lo escuchen. De que su madre decida todo. De que lo traten como a un niño. Y ahora... él. ¿Quién se cree ese tipo?
Abajo, en el comedor, su madre se gira hacia Harry con una sonrisa cansada.
Mamá:
—Lo siento, querido. Mi hijo a veces... simplemente no sabe cómo manejar sus emociones.
Harry (encogiéndose de hombros, relajado):
—No se preocupe. Puedo con eso. Me gustan los retos.
Mamá (con esperanza sincera):
—Eso espero... Por el bien de ambos.
narra samuel
En mi cuarto, abrazado a la almohada, murmuro entre dientes.
—"Harry", ¿eh? Ya veremos cuánto aguantas antes de salir corriendo como todos los demás.
Pero en el fondo...
Muy en el fondo...
Tal vez, solo tal vez...
Una pequeña parte de mí quería que se quedara.
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bueno esta es como la cuarta vez que la edito, pero las faltas ortograficas hacian que me diera ansiedad y se que habia personas que no les gustaba por esa razon, pero espero que ahora este mas pasble, un abrazo para todos.
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Mi Niñero (Yaoi) (Pausada)
Fanfictionyaoi si no les gusta no entrar. Mucha falta de ortografia, por favor no critiquen estoy intentando mejorar la ortografia, cuando la comenze esta muy joven y mi ortografia era pésima.
