Prólogo

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París, 30 de julio de 2009

-¡Buenos días, Gabrielle! ¡Hija mía!- dijo hipando con una gran sonrisa.

- Por favor, padre, ya es suficiente-hice caso omiso a su saludo mientras le quitaba la segunda botella de vino en lo que iba el día. Abrí las cortinas para que entrara la luz del sol-. Es un día hermoso para no disfrutarlo. Son las once menos veinte, demos una vuelta y volvemos a almorzar.

Intenté, como todos los días, persuadirlo a que dejara a bebida un momento. Boté el vino que quedaba en el inodoro, la botella al cesto de la basura y regresé donde mi padre, que me miraba con el ceño fruncido. Pasaron unos segundos y sonrió.

- ¿Sabes qué, Gaelle?- preguntó mientras se levantaba del sofá- Tienes razón. Tomaré una ducha, me afeitaré y saldremos. Mientras tanto tu ve a comprar un desayuno en ese local que tanto te gusta.

¿Funcionó? ¡Funcionó! Al fin, mis súplicas fueron escuchadas y mi padre entró en razón.

Sonriente, le besé la mejilla y tomé mi bolso, me despedí con un 'vuelvo pronto' y fui con paso rápido a comprar, ya que estaba a trece manzanas de mi casa y quería volver luego a casa con mi padre. A mitad del camino comencé a correr, las ansias y alegría me ganaban.

Esta era la primera reacción positiva que obtenía de él en mucho tiempo, y eso es mucho decir teniendo en cuenta que tengo catorce años.

Cuando era pequeña no lo veía mucho ya que casi siempre estaba en bares o encerrado en su cuarto, así que me cuidaba una amable señora del barrio, Cessia. Pasaba más tiempo en su casa que en la mía, cocinábamos y comíamos juntas, veíamos novelas en la tarde o salía a jugar con sus nietas. Cuidaba de mi desde que tenía siete y fue a pedir un poco de azúcar cuando me estaba preparando almuerzo, me preguntó por papá y lo que dije fue "Está fuera, vuelve más tarde, todos los días es igual". Ella creyó que mi padre trabajaba todo el día, la felicidad que me brindaba era tanta que no me esforcé en corregirla. Fui muy feliz con ella, me atrevo a decir que fueron los mejores cinco años de mi vida, tenía un gran aprecio hacia ella. Todo terminó cuando un día, para ser más exactos, el día de mi cumpleaños, que estábamos cenando en si casa con un pastel que ella compró para mí y mi padre irrumpió en la casa, pues me había descubierto al mirar por la ventana, y comenzó a eclamar barbaridades.

Básicamente dijo que no la necesitábamos, que él era suficiente para mí, que era una anciana inútil y la blasfemó sin detenerse hasta que, avergonzada, corrí fuera de la casa hecha un mar de lágrimas. Odio los insultos y las groserías, las palabras dañan casi tanto como una daga afilada. Lo he experimentado en primera persona. Ese día todos se enteraron de mi secreto: mi padre es un borracho, un ebrio sin remedio.

Él, sin comprender nada, debido al alcohol en su sistema seguramente, me consoló diciendo que la señora mala ya no nos molestaría, y él se aseguraría de eso. Dicho y hecho. Cada vez que Cessia me veía cruzaba la calle, cambiaba de ruta o simplemente me ignoraba.

El rumor creció, diciendo también que era drogadicto y traficante, lo cual es una estupidez. Este recorrió el barrio y la escuela, quitándome los pocos amigos que tenía. Ya van tres años, tengo sólo un amigo y estoy bien, pasé de grado con excelentes calificaciones, practico variados deportes y soy feliz, dentro de lo posible.

Llegué al pequeño y rústico local Le'Brun y al entrar sonó una campanilla. La típica que hay en las tiendas para alertar la entrada de alguien.

- Buenos días, Bambi- saludó Vicent, el nieto del señor Le'Brun, mi único y mejor amigo- ¿Lo mismo de siempre?

Vicent es un chico de diecisiete años, rubio, alto, delgado con una nariz pecosa y ojos grises azulados. Nos conocimos hace dos años, estaba en el parque frente al café, intentando aprender a andar en unos patines que mi abuelo Maximilien me envió para navidad. Apenas lograba avanzar, pero no me rendiría, nunca me rindo y siempre logro todo lo que me propongo, excluyendo a mi padre de la lista. Él amablemente se acercó y me ayudó.

Gabrielle #CAwards2016Where stories live. Discover now