Cuando Apolo llegó a casa, lo hizo con dos moretones más de con los que había salido aquella mañana: uno en las costillas y otro en la mandíbula. Le dolía la garganta de tanto contener gritos y lágrimas, y sentía pinchazos en músculos de su cuerpo que ni siquiera sabía que existían. Se dirigió a su habitación, con cada paso sintiéndose como una puñalada, y se sentó en la cama, frotándose los ojos y deseando poder cerrarlos para siempre.
Odiaba encontrar tanta comodidad en la idea de morir; odiaba descubrirse a sí mismo fantaseando con cómo debía sentirse aguantar una pistola sobre su sien, con los dedos temblando antes de apretar el gatillo, y dejando de temblar para siempre después. Odiaba preguntarse cómo debía ser tomarse las suficientes pastillas como para que no hubiera vuelta atrás, dónde iría su mente en los últimos minutos de lucidez, si lo invadiría una sensación cálida o si moriría frío, tal y como había vivido diecinueve años.
Deslizó los dedos con cuidado por su rostro, encogiéndose al ejercer sin querer demasiada presión sobre el moretón oscuro que se estaba formando en su mandíbula. Damien no solía golpearlo en sitios visibles, pero aquel día estaba de mal humor, y Apolo suponía que al fin y al cabo se lo merecía, por no ser lo suficientemente bueno para él.
El dolor tampoco lo molestaba tanto; era un buen recordatorio de que seguía vivo y de que se merecía todo lo malo que le pasara. Además, en el bar en el que trabajaba nadie preguntaba nunca nada: nadie le preguntaba a Jocelyn, la camarera, sobre los cortes rojos en sus muñecas; nadie cuestionaba a Ben, el cocinero, cuando desaparecía de vez en cuando y volvía con nuevas marcas de pinchazos en sus brazos; y nadie se preocupaba por Apolo cuando aparecía con moretones que tardaban semanas en desaparecer por completo.
Y Apolo suponía que aquello estaba bien: tampoco se merecía la preocupación de nadie.
Apretó los puños y se levantó, cogiendo su chaqueta negra que había tirado al suelo al entrar en la habitación y rebuscando en los bolsillos hasta encontrar su paquete de tabaco. No encontró el mechero, y suspiró, caminando hasta la cocina con pasos cansados y sacando un paquete de cerillas de uno de los cajones.
Salió al balcón y se apoyó en la barandilla, cerrando los ojos durante unos segundos y dejando que una enorme tristeza lo invadiera, oprimiéndole el pecho. Se obligó a sí mismo a no dejarse consumir por ella, porque era demasiado temprano para eso, y colocó un cigarro entre sus labios, cogiendo una cerilla e intentando encenderla con uno de los lados de la caja. Después de varios intentos fallidos y más de diez cerillas rotas, Apolo notó un nudo de rabia empezando a formarse en su garganta, y trató de contenerlo; pero al cabo de pocos segundos se rindió, dejando que se extendiera y llegara a su brazo, que lanzó la caja de cerillas, y el chico la observó mientras desaparecía en la oscuridad, y por unos momentos deseó saltar y seguir a aquella estúpida caja.
— ¿Día duro? —preguntó una voz, y Apolo vio interrumpido su hilo de pensamientos suicidas de golpe, girándose hacia la dirección de donde provenía.
Había un chico de unos veinte y pocos años de pie en el balcón de al lado, con una sonrisa amable jugando en sus labios. Apolo notó algo cálido invadir su pecho, porque no recordaba la última vez que alguien le había dirigido ese tipo de sonrisa; pero entonces recordó que Damien también solía sonreírle así al principio, y tragó saliva para intentar ahogar las ganas de llorar.
Apolo no respondió, pero la expresión del otro chico no cambió. Apolo lo observó por el rabillo del ojo, porque no recordaba que en el piso de al lado viviera un chico, pero luego decidió que realmente no le importaba y devolvió su vista al cielo, pensando en lo mucho que necesitaba la nicotina en aquel momento y lo cansado que estaba para bajar y comprar un nuevo mechero.
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control
Short StoryApolo cree que los golpes y los insultos forman parte del amor, hasta que llega Erick y le hace darse cuenta de lo que realmente es el amor: que la primavera florezca en tu pecho cuando la otra persona sonríe con los ojos. - Trigger warnings: pensa...
