Desde mi cama podía ver el reloj girando como si lo pusiesen a toda velocidad, las manecillas no tenían piedad de mí, una noche más velando mis pensamientos o lo que queda de ellos, un día más hablándole a las hojas de mi cuaderno, tratando de creer en algo y fallando en el intento. "De nuevo una época terrible... Ni siquiera puedo entender porque me sigue sorprendiendo. Diciembre de un tiempo para acá no me ha sonreído." Más comentarios clichés parecidos a esos podía ver flotar en la habitación, chocando contra mi frente, traspasando hasta mi cerebro y dejando pequeñas heridas, minúsculas heridas que lastimaban más que un hueso roto, al menos preferiría eso que vivir todas estas cosas. El sabor a lágrimas comenzaba a asquearme al igual que mi reflejo, sabía que no hacia cosas tan correctas, sabía que podía mentir y no me importaría, tal vez de esa forma encontrase algo por lo que seguir.
Mi familia ya no era un refugio, realmente nunca lo fue. ¿Amigas, amigos? Se habían evaporado con el tiempo, al parecer no existen las promesas eternas para muchos seres, la amistad es solo vista como un juego de supervivencia al igual que el amor.
El día número 10 del mes y ya sabía que había pasado a extraordinario en todas las materias, la mayoría de las personas no pueden entender que a veces no se nace o no se puede hacer para encajar en la sociedad, no pueden ver que por comentarios, o inclusive por miradas puedes descifrar el rechazo de la gente, no trato de ser la víctima, pero sé que tampoco soy la culpable, o al menos no en su totalidad. Lo único que me ponía algo contenta era que al día siguiente conocería mi primer museo, donde se exhibirían pinturas y esculturas de nuevos artesanos destacados. Lyon no era una ciudad que carecía de estos lugares, pero la gente que me rodeaba si carecía de interés por el tema, así que decidí darme una "escapada" yo sola y ver cosas interesantes. Me gustaba pensar que algún día podría pertenecer a un sitio como esos, mostrando mis garabatos a la gente, mostrando que puedo servir para algo y callar a los que alguna vez se rieron de mí por alucinar tanto.
De pronto mi visión comenzó a nublarse, había llegado la hora de dormir, mis parpados cayeron rendidos ante la pesadez, comencé a soñar.
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Crónica de un amor.
RomanceMelissa Vien, el cliche de chica solitaria, vistiendo siempre de negro, siempre siendo un misterio para la sociedad. Pasa una mala racha, sin saber que muchos cambios envueltos en una sola persona se avecinan, en una sola mirada, en una sola sonris...
