Ese deseo que se adueña constantemente de su mente, ¿Por que siente eso? "Esto es malo" no deja de pensar "no puedo permitir un deseo tan egoísta de robar la vida de quien suplica por su existencia".
_«No lo pienses, solo hazlo, sabes que lo deseas»_.
Algo dentro de él le habló con fuerza hundiéndolo en una inusual exasperación.
"No!", "No puedo", "No debo", "Es malo." Seguía negándose... Su interior lo necesitaba, sus acciones cada vez se volvían mas confusas.
_«Lo deseas, solo hazlo, ¿Qué vas a perder?»_
Seguía insistiendo la lúgubre y descarada voz dentro de la mente del chico.
—¡CÁLLATE!¡DÉJAME EN PAZ!– Gritó agarrando su cabeza entrelazando sus dedos en su cabellera rubia, mirando hacia el profundo y oscuro cielo nocturno con los ojos abiertos a tope y jadeante.
No lo soportaba más, esa voz estaba desgarrando su consciencia poco a poco, se encontraba sobre de lo que no quisiera que fuera su víctima, una niña, una pobre e inocente alma que no tenia la culpa de nacer en este mundo cruel, la cual no dejaba de llorar sonoramente. Cerca de ellos se hallaban los cuerpos de lo que antes eran sus padres, el cuerpo del hombre se encontraba desmembrado, la piel estaba ausente, al igual que su cabeza. La sangre se hallaba por todos lados como si el color natural que le cubriera fuese el carmesí, mientras que el de la mujer se encontraba irreconocible y solo parecía un bulto de sangre y huesos destrozados, las prendas del chico ya estaban manchadas de esa sustancia rojiza que tanto le poseía con su olor tan fragante y su sabor metálico, no quería, no debía pero ese deseo seguía apoderándose de su cuerpo, de su subconsciente; su conciencia quedaba en segundo plano apagándose mientras que la voz se hacía más presente cautivándolo con lo que miraba y escuchaba, los llantos, jadeos, gritos de dolor solo despertaban mas la sed de sangre del chico. Su cordura y conciencia total volvieron a perderse en el deseo y sed del delicioso sabor de la rojiza sangre.
Agarró a la desesperada niña de unos 7 años envuelta en el terror llena de lágrimas en su pálido rostro; al escuchar sus palabras pidiéndole piedad y otras cosas sin sentido se llenó de más gozo no pudo contener un jadeo al sentir sus gritos de suplica cuando empezó a deshacerse de sus dedos y su piel, pedazo por pedazo quebrándolos y haciendo dejar al descubierto pedazos de huesos que también no podía contenerse de arrancar con sus propios dientes haciendo de su mano unos huesos con tiras irregulares de carne con sangre. La sustancia en colores más obscuros se derramaba por el suelo y sus desgarradores gritos hacían eco en las paredes de aquel pequeño callejón, esto le estaba emocionando más y más cada vez, ya no se notaba rastro de cordura en su cuerpo, las acciones que ejecutaba eran cosa que solo se podrían describir como bestiales, inhumanas, pero sin embargo le encantaba, lo llenaba de gozo, de vida, aunque cierta parte de el supiera que estaba mal y que quisiera hacer que la niña deje de sufrir, la mayor parte quería seguir escuchando esos abrumadores gritos, tomó su hombro, nuevamente con sus dientes, una sádica mirada se apoderó de su rostro, mientras jaló esa zona hasta desprenderla fuertemente, la sangre caía del trozo desprendido del hombro casi roto y la mirada de la niña agobiada mientras se retorcía de dolor gritando con desesperación y vomitando por la repulsión de los asquerosos actos de ese chico; eso lo éxito mas. Tomo su puñal y empezó a hacer pequeños pero no profundos cortes en las extremidades restantes la niña suplicaba que la matase, estaba sufriendo inhumanamente, la descarada y sádica sonrisa del chico se amplió más al escuchar aquellas súplicas, clavó su puñal con delicadeza dejando a éste danzar sobre la piel, con lo que desesperó más a la niña, el dolor no se comparaba con nada imaginable ese extraño objeto entrando y saliendo de su piel abriendo cada vez mas heridas, más sangre caía de aquellas era insoportable.
Finalmente perdió la consciencia de todo, con su corazón en paro y su cuerpo cubierto de sangre y como último macabro acto con sus dos dedos entró en el ojo derecho de la niña extirpado su globo ocular dejando una negra y vacía cuenca llena de sangre, se levantó y limpio sus manos en la chaqueta azul que traía de la cual ahora se podía notar como goteaba del mencionado espeso liquido rojo, metió el ojo de la niña en su boca y lo comió sin cuidado alguno con una inusual pero retorcida sonrisa.
Las calles de la ciudad a esas horas parecían no ser iguales, prostitutas, niños y jóvenes drogándose, policías borrachos, todo era tan asqueroso, en especial para aquel chico, odiaba ese comportamiento en humanos, tan estúpidos, todos debían morir.
Llegó después de un rato de caminata, donde, mas de una persona lo miro aterrada por el mal aspecto de sus prendas, metió las manos en el bolsillo y saco las llaves, las introdujo en la puerta de lo que parecía ser una casa humilde pero no tan pequeña, no destacaba de entre el resto de casas de aquel barrio, entro y se recostó en el sillón, las lagrimas empezaron a brotar, su consciencia estaba tomándolo de rehén, la culpa, la culpa de caer en aquel tan atroz vicio del asesinato, lloro, sus sollozos resonaron en toda la habitación, se sentía terrible, no podía dejarlo solo y no podía pedir ayuda, estaba atrapado en aquel maldito mundo.
_«¿por que lloras? si los muertos no hablan»_.
Esa voz, si, todo era su culpa, ella lo hacía perder la cordura, ella lo llevaba al placer de arrebatar una vida, ella lo hacia seguir haciendo eso, si, no era su culpa, era de esa voz que tanto lo atormentaba, por su culpa se había vuelto el monstruo que era ahora, una sínica sonrisa adornaba su cara algo pálida, lo hacía lucir como lo que realmente era un psicópata, pero no, no era su culpa sino de la voz. Se levantó del sofá y se dirigió a su habitación, tiro la ropa ensangrentada, alzó una toalla y se dirigió a baño.
Abrió la regadera y se posicionó bajo el agua fría, eso le ayudaría, ahora lo único que necesitaba era eso, enfriar su cabeza y limpiar su cuerpo, todo rastro de sangre, eliminarlo.
Lágrimas luchaban por salir nuevamente pero esta vez las contuvo, tenia que ser fuerte dejar de ser dominado por voz, ser el, necesitaba ser el al cien por ciento.
—voy a vencerle, tomare el control de mi propio cuerpo, el no puede obligarme a matar.
Intento auto convencerse el lo sabia, pero necesitaba oírlo en voz alta.
_«yo nunca te eh obligado, todo lo que has echo es porque así lo quisiste»_.
Dijo la voz, tan fuerte que el chico aturdido tomo sus oídos con sus manos y empezó a gritar, su cabeza, dolía mucho pero no era el, no, el no quería, no quería, esa voz era la que quería, el solo quería a Hanna, el la amaba, la voz, la voz hizo que el la matara, odiaba aquella voz.
Cayó de rodillas en la ducha, sus antebrazos quedaron apoyados en los azulejos sus puños apretados por la frustración, su cabeza gacha y lloraba, lloraba como siempre por hanna, hanna, su amada, con sus propias manos, el había... le dolía, le dolía demasiado recordar todo aquello, todo lo que hizo en aquel entonces. Se levanto después de calmarse, cerró el grifo, tomó la toalla, la envolvió en su cintura y salió del cuarto de baño, en su habitación se secó, se puso un bóxer negro, agarró la ropa ensangrentada con asco y frustración, la llevo al cuarto de lavado y la metió al lavarropas. Luego limpio cualquier gota de sangre que pudiese haber quedado, el reloj ya marcaba las 3:40 am y no había dormido nada, la maldita costumbre, pensó y se dirigió a su habitación para finalmente poder reposar hasta el siguiente amanecer que seria dentro de pocas horas.
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Sin Sentidos
RandomCuando siento aquella sustancia resbalar por mis manos pierdo mis sentidos. Quizás lo hago para no oír esa voz que me hace agonizar, que me recuerda sin cesar aquel día que a toda costa intento olvidar. «entonces solo entregate al deseo y pierdete e...
