Capítulo I

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Ben.

Mi nombre es Ben, Ben Walters. Estoy en último curso en el Instituto y todavía le pido permiso a mi padre para salir. No tengo conexión manos, ojos y pies con lo que los deportes se me dan mal, muy mal y otra de las cosas que se me dan mal es hablar con las chicas, fatal. También hay muchas cosas que no entiendo, muchísimas; no entiendo las matemáticas ni la biología y mucho menos la filosofía pero si hay otra cosa que no entiendo es como chicas como Rachel Gallager se ajunte con chicos como Hayden...bueno es su novio así que lo entiendo mucho menos. Es preciosa, inteligente, simpática...mejor lo de simpática lo dejaremos.
Llevo enamorado de ella des de primaria, quizá sea por su pelo pelirrojo que la hace especial o en la forma que mira todo aquello que le rodea...sinceramente no lo sé pero siempre me cuestino lo mismo ¿sabrá que existo?

Rachel.

-Cariño, ¿te has acordado de coget el justificante para el Instituto?
-Sí mamá - volví mi mirada a la ventana dispuesta a admirar el paisaje.
Hoy era el día, el día en el que me dirían el resultado de las pruebas, el día que sabré poraye mis huesos débiles, porque me lleno de agua, porque hago tantísimo ejercicio y sobre todo porque estoy empezando a alejarme de la gente, a sentirme sin energía y a deprimirme.
-¿Nerviosa? -miré a mi madre sonriente, intentando disimular lo evidente.
-No, por supuesto que no.
Parece que habíamos llegado al hospital, hileras de coches lo afirmaban.

Ben.

-Pss, pss, Milles, Milles -intenté no elevar la voz, al estar la clase en silencio parecía que resonase más. Al final Milles con disimulo se giró hacía mí -¿has visto a Rachel?
-No, creo que no ha venido.
-Señor Walters y señor Fitzgerald estáis castigados después de clases.
Sonreí, sabía que esto me iba a pasar a mi ¿porqué sino? ¿quién es Ben Walter sin mala suerte?

Rachel.

Esperar en una sala de esperas nunca ha sido algo que me haya gustado demasiado; frío, gente con problemas, médicos corriendo de un lado a otro, sillas incómodas y ese cosquilleo en la barriga que es tan intenso que te impide quedarte quieta.
-Cariño -mi madre posó su mano en mi pierna -¿estás bien?
-Mamá - le aparté la mano -estoy bien.
Nunca he tenido una relación madre a hija que quise tener. Ella quizá sea la persona con el corazón más grande pero destruyó nuestra família para irse con un hombre muy joven, tanto que dudo que esté bien llamarle hombre.

Ben.

La cafetería del Instituto siempre ha sido el lugar que más he odiado porque aunque muchas personas piensen que en cada mesa hay unas personas detrminadas sentadas es mentira, es verdad y sé diferenciarlas sobre todo la de Rachel Gallager que está a cinco mesas y tres metros de la mía y de la de Milles. Siempre puedo verla sentada al lado del idiota de Hayden. Ella nunca parece darse cuenta de como él mira a Malina y eso es otra cosa que no entiendo porque si yo tuviera a Rachel sentada a mi lado la miraría como aquel pobre ciego que tiene tan solo dos segundos antes de volver a la oscuridad; como si fuese el universo, mi universo.

Rachel.

Mi madre y yo pasamos a la consulta casi de puntullas, inseguras y con algo de temor. Podía notarlo en la manera que mi madre agarraba la cruz de su collar.
Al tomar asiente crucé mis piernas y mojé mis ya resecos labios. Mi vestido lo suficiente largo para llegar bajo las rodillas estaba arrugado así que con cuidado lo planché con las manos.
-Buenos días señoras Gallagers.
-¿Señoras? Perdone doctora -miré su etiqueta de identificación - Evans pero soy tan solo una adolescente.
Después de eso solo pude ver la mirara fulminante de mi madre y la risa de la colorada doctora.
-Está bien, le llamaré señorita ¿así está bien señorita Gallager?
-Perfecto.
-Bien -miró la pantalla del ordenador -Rachel, ¿puedes quitarte la ropa?
Alcé una ceja incrédula.

Ben.

-Ben, llevas cinco minutos mirando la bolsa de tu almuerzo.
-Ya, es algo que podría ser pero no fue.
Su mueca de asco demostró que sabía perfectamente a lo que me refería; pobre bocadillo aplastado.
Me levanté dispuesto a ir a tirarlo. Por el camino me choqué con una chica de segundo que cayó y no pude evitar reír, no soy mala persona, tan solo veo el lado bueno de las cosas. Le ayudé a levantarse y volví con Milles.

Rachel.

-Tienes anorexia nerviosa, Rachel.

Ben.

Una punzada en el estómago me quitó el hambre.

Rachel.

-¿Perdona? -un nudo en la garganta estaba empezando a formarse -no, ahora es cuando me dice que esto es una broma y que tengo un resfriado.
-Ojalá se tratara de una broma pero no es así - me agarró de un brazo con toda la delicadeza posible pero me desasí de su agarre bruscamente.
-No, ¡No! -agarré mi ropa doblada en la silla y salí de la consulta.
Sabía perfectamente que tan solo llevaba ropa interior y que era el centro de muchas miradas pero ahora eso no me importaba. Me dirigí al lavabo fulminando a más de una mirada indiscreta y al entrar cerré la puerta con pestillo.

Ben.

De camino a clase de biología no me sentía bien, no des de aquella punzada.
-Oye Ben, ¿estás bien?
-No, no me encuentro bien.
-¿No será por Rachel?
-Pf, claro que no -me detuve y el hizo lo mismo, le miré y sonreía -vale, quizá.
-Ben, me duele decirte esto pero como mejor amigo es mi deber -me agarró por los hombros -si tu un día no vinieras a clases, a Rachel no le importaría ni lo más mínimo.
-Gracias -alcé las cejas y articulé las manos como si que acabara de decir algo que sabía bastante bien...ah espera, lo sabía bastante bien.
-Pero mira a quien tenemos aquí, si son tontito uno y tontito dos -Hayden sonreía.
-Yo también me alegro se verte Hayden, es un placer.
-Cállate imbécil - hizo una mueca de asco, como si fuese un bicho asqueroso algo que posiblemente él pensaba -solo quería decirte que esta boche estaré con Rachel y tú? Bueno tú con él - señaló a Milles.
Tanto Milles como yo esperamos a que se fuese para empezar a hablar.
-Ese tío me cae mal.
Con una mueca de incredulidad miré a Milles.
-Acaba de decir que pasará la noche con Rachel, con Rachel, Milles, con Rachel.

Rachel.

Una vez vestida me dejé caer en el frío suelo. Mis rodillas contra mi pecho; tan solo mi cuerpo y yo.
Tocaron la puerta.
-¿Quién es? -intenté parecer que no lloraba pero eso era algo imposible de actuar.
-Rachel, soy la doctora Evans, sal de ahí -su voz era dulce pero no lo suficiente como para que le hiciera caso.
-Váyase, estoy bien.
-¿Y si estás bien porqué te has escondido aquí?
-Tenía ganas de ir al baño -me limpié las lágrimas.
-Pero estás llorando, ¿no es así?
Decidí abrir la puerta, con los tacones en mano, la pintura de los ojos esparcida por toda la cara y la ropa mal puesta por la rapidez.
-Tengo miedo.
-Volvamos a la consulta y allí hablaremos bien de todo ¿de acuerdo? Saldrás de esta ¿si?
Al volver a la consulta mi madre me abrazó más fuerte que nunca y por una vez le dejé. Creo que este era el primer abrazo que sentía tan cálido. Nos sentamos y nos agarramos la mano preparadas para escuchar mi próximo viaje.
-Para empezar, aclarar que va a ser un camino largo, de altos y bajos, de sonrisas y llantos pero más de sonrisas -sonrió -Rachel va a tener que empezar a venir a unas terapias, que son de un precio algo elevado pero miraré que puedo hacer -apreté con más fuerza la mano de mj madre -también deberás tomar unas pastillas muy muy pequeñas, no te preocupes. Aquí tenéis unos panfletos que os dan toda la información que debéis saber sobre la enfermedad.
Abrí uno de ellos y empecé a leer:
"Anoréxia nerviosa":trastorno de origen neurótico que se caracteriza por un rechazo sistemático de los alimentos y que se observa generalmente en jovenes; suele ir acompañado de vómitos provocados, adelgazamiento extremo y, en caso de las mujeres, desaparición de la menstruación."
Dejé de leer.

Rachel y Ben.Stories to obsess over. Discover now