Génesis

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Un rayo de luz entraba por un orificio muy extraño que se hallaba en aquella cortina, aquel rayo daba justo en mi rostro, era muy cálido, fue el culpable de mi despertar, este día parece ser un día normal y nada diferente, en unos momentos estoy seguro que mi madre dará el inminente aviso para ir a desayunar.

-Hey, Fran, es hora de despertar, tienes escuela, baja a desayunar. No se porque no pones tu alarma -Dijo mi madre en su aviso diario con una voz medianamente aguda y molesta.

Soy bueno en la escuela y nunca me ha gustado faltar, pero hoy no tenia ganas de ir, no se porque, tal vez solo era pereza. Me di una ducha con gran lentitud, no veía y no quería ver la hora de salir. Baje a la cocina y ahí estaba mamá; cerca a la estufa cocinando hot cackes, mi apetito se levantó un poco tarde, me acerque a la mesa y el olor que emanaba de lo que mi madre cocinaba era exquisito pese a mi no apetito.

-¿Donde esta tu padre? Le he llamado para desayunar y no ha bajado -Dijo mi madre con un tono un tanto molesto.

Me encogí de hombros sin levantar la mirada. Mamá se alejo de la estufa y fue decidida a por mi padre. Él estaba desempleado, mi madre trabajaba en una tienda de comercios diversos en el centro, y yo trataba de ayudarle en la casa junto a mi hermana.
Mi hermano Luis de 10 años llego a la mesa al igual que mi hermana Mónica perdidos entre la somnolencia y molestia que te causa el amanecer.

-Hola, Fran, ¿cómo dormiste? -Pregunto Mónica con un vago interés.

-Bien, gracias, ¿y tú, que tal dormiste? -Pregunte también

-Un poco mal, estuve pensando en toda esta locura que vive la familia, ¡Fran, el dinero no nos alcanza!. -Dijo Mónica burlándose de buena manera y abriendo los ojos denotando su color avellana y sus largas pestañas.

Sus muecas eran tan graciosas que no pude evitar soltar una pequeña risa, y una pequeña sonrisa que se fue desdibujado de mi rostro. Luis solo apreciaba nuestra conversación sin sentido, hasta que mamá y papá se acercaban a la mesa mientras discutían.

-¡Sí, Eduardo, lo se, no tienes empleo, pero eso no significa que el "pobre señor" tenga que pasar todo el día acostado y deprimido, mientras uno se mata en el trabajo!. -Decía mamá casi a gritos mientras movía mucho las manos, parecía una escena cómica y dramática.

-Lo se, lo siento Cinthia. -Dijo mi padre, cabizbajo y al parecer sin ánimo.

Mi padre se veía tan sumiso, hundido en su tristeza por no ser la base de la familia, por no ser el hombre con aires machistas que manda en casa.

Era hora de ir al bachilleraro, acomode mis cosas, todo organizado y listo, pero antes de irme tenia que dejar a mi pequeño hermano Luis en el colegio el cual me quedaba de paso así que nunca hubo ningún problema, se hacía tarde y no veía a Luis bajar, decidí ir al segundo piso donde se encontraban las habitaciones, toque a su puerta y nada... decidí entrar y lo halle sollozando tan bajito para que nadie lo oyera.

-¿Qué pasa, pequeño?. - Pregunte un tanto preocupado mientras me acercaba a él casi arrodillandome.

-Es que no qui-ero, no quiero ir al escuela. Decía mientras tartamudeaba y su llanto se volvía profundo y lleno de mocos.

-¿Pero por qué no quieres ir al escuela?, ¿acaso alguien te molesta?. -Empecé a preocuparme más y el tono de mi voz lo delató.

El solo asintió, y me miró con un gesto triste y un poco ido.

-Un chico de 6to grado me insulta, me empuja y me ha tirado mis cuadernos, me quita mi almuerzo. -Dijo entre llanto.

Lo abrace y le dije que todo estaría bien, que hoy a su salida hablaría con los maestros para que no lo molestara más. A veces olvidamos lo crueles que pueden ser los niños a esa edad, o incluso los mayores.

Flechas De AceroWhere stories live. Discover now