Capítulo 1

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Cody se dio cuenta al instante del error que había cometido al soltar a Rufus de la correa. El poderoso labrador cruzó Hyde Park como alma que lleva el diablo; a su paso las madres rescataban a sus hijos del suelo y las parejas de ancianos se apartaban con una habilidad que creían perdida desde hacía años. Hasta un grupo de jóvenes con los jeans rasgados a propósito y con piercings por todo el cuerpo, que antes se dirigían hacia ellos, de repente dejaron de parecer modernos, y tuvieron que apartarse entre gritos. A pesar de eso, Cody agradeció su buen humor.
--¿Por qué no le hice caso a mí tía? --se reprochó a sí mismo en voz alta mientras corría fatigado detrás del perro, malgastando su valioso aliento en llamarlo cada veinte metros.
Sin embargo, Rufus se había mostrado dócil y servicial durante el paseo por la Calle Bayswater desde la casa de su tia, se había sentado cuando tenia que hacerlo, sin necesidad de decirselo, y guardado el paso como un verdadero perro adiestrado.
--No lo sueltes de la correa, Cody-- justo antes de salir por la puerta, su tia, que tenia la pierna enyesada debido a una caída nefasta dos semanas atras, le había advertido que no lo soltara--. Creo que yo podría confiar en él ahora, pero no se como reaccionaria con otra persona. Es muy cariñoso, desde luego, y adora a los niños y a los otros perros, pero los primeros dueños lo tuvieron encerrado muchísimo tiempo y lo descuidaron aun mas, como ya te conté. ¡Pobre criatura!
<<Pobre criatura>> no era la frase que él hubiera usado para describir al perro en esos instantes. Cody estaba preocupado. Sentía los pulmones a punto de explotar y le ardían el pecho y la garganta. Se le ocurrían unos cuantos calificativos, pero el de <<Pobre criatura>> no estaba entre ellos.
Rufus hizo varias paradas relámpago para olfatear esas partes de la anatomía perruna que los perros encuentran tan interesantes. Cody se encontró mas cerca de él que nunca desde que empezara la dichosa carrera. Reunió todas sus fuerza y gritó:
--¡Rufus, no te muevas!
Justo cuando el animal se preparaba para irrumpir en una reunión social con un poodle, giró la cabeza dorada y sus ojos marrones parecieron mostrar una expresión de asombro, como si no entendiera por qué Cody no se había entregado de lleno a ese maravilloso plan que él había organizado. Cody aprovechó esa oportunidad para gritar:
--¡Ven aqui! ¡No te muevas, Rufus!
Todavía los separaban unos cincuenta metros largos, pero él era incapaz de seguir corriendo, el dolor del costado se lo impedia. No supo si fue por la violencia de su voz o por el hecho de que había empezado a andar, pero el enorme perro de repente se dio cuenta de que había hecho algo malo. Después de dudar un instante, emprendió su carrera de nuevo, pero esta vez directamente hacia él, dispuesto a impresionarlo con la rapidez de su obedencia. Seguramente no vio la figura alta y bien vestida con la que estaba a punto de cruzarse. Hubo un instante interminable en el que el hombre y el perro se encontraron, pero los cincuenta kilos de músculo canino puro lanzaron a su víctima por los aires.
Un maletín de piel muy bonito salió volando por un lado, el saco del traje que llevaba sobre el hombro por otro, y lo único que Cody pudo hacer fue mirar perplejo y aterrorizado. El hombre aterrizó de espaldas haciendo temblar la tierra y hasta Rufus se dio cuenta de su tremendo error. Daba vueltas alrededor de la figura en el cesped y, cuando Cody llegó a su altura, tenia las orejas pegadas a la cara y a las mandíbulas débiles y temblaba como si estuviera a punto de llorar.
--Lo siento, lo siento muchísimo --Cody se arrodilló en sus jeans ajustados, camisa rosa y el cabello despeinado, de color del chocolate oscuro--. ¿Se encuentra bien?
El hombre permaneció totalmente quieto un minuto y después tomó aire gruñendo de dolor. Seguramente no era el momento de fijarse en que tenia un cuerpo escultural, que era alto, delgado y su cuerpo musculoso expulsaba una virilidad agresiva que lo hacia sexy. Ademas, tenia cabello negro fuera de lo común.
--¿Se ha roto algo?
Unos ojos muy azules se encontraron con los suyos. A pesar de estar en el suelo y de haber perdido el aliento por el golpe, o tal vez por eso mismo, su mirada era letal. Le lanzó una mirada dura que hacia innecesarias las palabras. Cuando Cody intentó ayudarle a incorporarse, el contrario hizo un gesto cortante con la mano que le pareció salvaje. Lamentablemente, Rufus eligió ese momento para pedirle perdón lamiendo la mejilla. El hombre se quedo petrificado un instante, pero no dijo nada hasta que se puso de pie.
Era alto. Cody tuvo que mirar hacia arriba después de incorporarse junto a él. Era muy alto. Y estaba muy enfadado, muy enfadado.
--¿Es suyo?
--Lo siento-- todavía se sentía afectado por su mirada de hielo y por la expresión pétrea que la boca endurecida daba a su rostro. Y ademas no pensaba con claridad.
--Esto-- señalo furioso a Rufus -- ¿Es su...? ¡Maldita sea!-- dijo interrumpiendo su pregunta inicial --¿Que es lo que mastica?
Oh, no. Por favor, no. Eso no podía estar pasando. Sacó el teléfono de las mandíbulas húmedas de Rufus, pero el daño era irreparable.
--¿Era muy caro?-- preguntó en voz baja, aunque ya conocía la respuesta.
El hombre hizo caso omiso de la mano extendida con el teléfono mascado y suspiró profundamente; recogió su maletín y su chaqueta con un gesto de dolor.
--Lo siento-- dijo el joven --No debí soltarlo de la correa.
El mayor hizo un gesto irónico con el entrecejo.
--¡No me diga!
No era muy amable, pero no se le podía culpar por ello. Cody suspiró.
--Pagare todos los destrozos-- dijo con una ligera mueca.
Él hizo otro gesto con el ceño.
--¿Tengo que darle las gracias encima?-- preguntó con voz suave.

Dos Mundos (Hiatus Indefinido)Stories to obsess over. Discover now