Mi corazón siempre estuvo con ella.

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Orihime lo sabía. 
Ulquiorra lo sabía. 
Ambos lo sabían; desde aquel momento en el que sus miradas se habían encontrado, algo muy dentro de él se había movido, algo que para Ulquiorra era completamente desconocido pero era consciente de que estaba ahí, presente como una chispa que brillaba eternamente en ese lugar, en ese hueco que atravesaba su pecho al lado de esa notable y definida marca que lo nombraba como el Espada número 4. 

Y Orihime...ella quién siempre había estado enamorada perdida y tontamente de aquel chico de cabello naranja que tenía de nombre Ichigo y que desde que había llegado al Hueco Mundo en quien no había pensado en absoluto, en su mente sólo cabía la imagen de unos brillantes ojos verdes con una mirada un poco solitaria.

Pero no, no era cierto.

Ella sí había pensado en Ichigo, en como se haría el héroe de nuevo, ella volvería a su mundo y a lo que se consideraba normal en la ciudad de Karakura -una sensación de pánico atravesó su cuerpo- si ella se iba eso sólo significaba una cosa; no más Ulquiorra, y sabía dentro de sí, que no estaba lista para que él se convirtiera en un recuerdo más. Pensó que si Ichigo llegaba al Hueco Mundo tenía un poco de esperanza de que perdiera al enfrentarse al pelinegro, pero esa idea no duró más de un instante en su mente e inmediatamente se odió a sí misma por ello. Era cierto, le quería, quería demasiado a Ichigo incluso si nunca llegaba a sobrepasar esa barrera de amistad que consumía cada célula de su cuerpo pero no había podido evitarlo, se sentía completamente perdida; le tenía un profundo aprecio a Ulquiorra, a pesar de considerarlo un completo amargado era el único de ese frío y aterrador mundo que la había tratado bien por mucho que le pesara,  le gustaba porque sentía que podría destrozar esa máscara de indiferencia y porque no podía evitar perderse en sus ojos cada vez que lo miraba.

Ulquiorra tenía un aire de misterio, de soledad y de amargura pero era por lo mismo que nadie se metía con él; su único amigo aparentemente era Yammy, un tipo grande, sin nada de cerebro y con mucha sed de violencia había sido su compañero desde que Aizen había hecho su jugada maestra en el Rukongai siendo acusado de traición por los que alguna vez fueron sus compañeros y aún así eso no lo había detenido, ahora todos en el Hueco Mundo estaban un paso adelante de los shinigamis y en especial de Ichigo; como había dicho Aizen: "Jaque mate", porque eso era, un simple juego y las personas que resultaran afectadas eran sólo daños colaterales hasta que había llegado Orihime; esa chica de cabello naranja, la cual tenía un poder para curar a la gente, ella quién no había dejado de dar pelea frente a todo el mundo y quién pedía a gritos que alguno de sus amigos la salvara, esa chica que había tenido el valor de pegarle al pelinegro al haber estado cegada por el coraje después de una confrontación.

Esa chica, Orihime, quién lo hizo entender lo que significaba tener un corazón.

Y ambos sabían que sus almas pertenecían al borde del abismo.  

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⏰ Última actualización: Feb 03, 2016 ⏰

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En el borde del abismo. / Ulquihime.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora