- Me alegro de que hayas vuelto.
Cam sonreía a su amiga mientras ondulaba entre su dedo índice uno de sus mechones de cabello. Mili había estado fuera por semanas en un país extranjero y Cam extrañaba a alguien con quién hablar de chicos, sobretodo de los chicos de su nuevo instituto.
- Yo no tanto, todo era tan hermoso cuando estaba con mi padre. Me levantaba a las 11, no había instituto y tenía la preciosa y agraciada vista de mi vecino, ahora tengo que conformarme con tu cara fea.
Cam cerró el libro que estaba leyendo y fingiendo aflicción, le tiró una almohada a la cara.
- Te vendrá bien vivir unos meses conmigo.
Dejó el libro sobre la mesilla y de un salto se levantó de la cama, se acercó a la puerta y antes de salir echó un vistazo a su amiga. Sonrió para sus adentros, realmente aquel verano le había sentado bien a Mili.
- Y... me alegro de que hayas vuelto - Con esto, cerró la puerta antes de que Mili pudiese contestarle.
Esta puso ambos ojos en blanco y sonrió mientras buscaba con la mirada la bolsa de maquillaje de Cam. -¿Dónde pone esta chica sus cosas? Qué desorden. - Susurró cuando sus dedos tocaron una barrita energética a medio comer entre la ropa interior.
AAAAAAAAAAAAAAGH.
Mili era una estudiante de 16 años y de padres divorciados. Hace unos meses estaba viviendo con su padre, para pasar el verano en la grandiosa ciudad de Nueva York. Ahora había vuelto a su pueblo en Devon, con su madre.
Cam era su mejor amiga, digamos que era una "rata de biblioteca" pero por suerte para Mili, vivía sola a pesar de sus 17 años recién cumplidos. Eso significaba, fiestas, chicos, y alcohol.
Ambas estudiaban el ámbito de la ciencia en el Instituto Cromwell. Mili ocupaba el puesto de chica popular mientras que Cam era la chica que la seguía a todos lados y trataba de hacerse un hueco.
- ¿Puedes explicarme porqué había una barrita energética en medio de tu ropa interior? - Mili arreglaba su maquillaje mientras Cam observaba el paisaje por la ventana del autobús.
- ¿Y qué hacías tu mirando mi ropa interior?
- Joder, tienes todo muy desordenado, no se donde están tus cosas. - Dejó de aplicarse el pintalabios color carmín sobre sus labios y echó su cuerpo hacia delante, buscando la mirada de Cam- ¿Han cambiado las cosas en el instituto? Quiero decir... - Cuando Cam la miró, volvió a echarse hacia atrás y suspiró- No quiero encontrarme con cierta gente.
Cam puso su mano derecha sobre su hombro y apretó este. - No lo sé, Mili, pero has cambiado, este año podrás con todo, te lo aseguro.
El autobús paró delante del instituto. Ambas cogieron aire y bajaron.
Había pasado un año desde que todo cambió. El año pasado fue una auténtica pesadilla para Mili en el instituto y no quería que las cosas volviesen a ser así.
Arregló su cabello castaño en una cola y le dedicó una sonrisa a Cam, indicando que estaba lista. Cam alzó su mano y se despidió del conductor.
- Al menos los pasillos siguen como siempre... - Pensó Cam cuando entraron al instituto.
Mili abrió la taquilla con quizás con demasiado vigor y miró su rostro en el espejo que tenía pegado en esta. Subió un poco su falda color blanco y se dedicó una sonrisa de aprobación a si misma. Cam se limitó a arreglar su cabello rizado.
- ¿Qué clase tenemos ahora? - Preguntó Mili.
- Hmmm... - Cam abrió su agenda decorada con una runa de la saga "Cazadores de Sombras" y siguió con su dedo el horario del Lunes. - Biología.
- Ugh.
- Lo superaremos, me han dicho que el profesor está muuuuuuuuuuy bueno.
- Entonces perfecto, estoy cansada de tener que liarme con chicos en pleno proceso de pubertad solo por pena.
Cam rió ante el comentario de su amiga. Recordó que el año pasado, Mili tuvo que acostarse con un chico bastante delgaducho y cuyo rostro parecía un volcán solo porque le había mandado una carta de "amor". Fue Cam quién se encargó de deshacerse de ella.
Cuando ambas entraron a clase, un grupo de chicas no tardaron en acercarse a ellas. Entre ellas, Mia y Juli. Las preguntas tipo: "¿Había algún chico guapo por Nueva York"? "¿Has visto a la chica nueva"? no tardaron en aparecer. Cam se sentó en su sitio al lado de la ventana y rezó porque el profesor de Biología no viniese y así pudiese leer el capítulo de su libro que había dejado a medias. Mientras, Mili se sentó encima de una mesa de la primera fila para contestar a las preguntas de las chicas aunque... quizás estaba más concentrada en no quitar el ojo al chico de la segunda fila.
