La naturaleza nunca ha sido insignificante para mí. Así que por mi parte, ahora sé que el mundo está lleno de vida, sé que cada parte de mí está viva, y hay sangre corriendo por mis venas.
Sé que en el mundo hay muchísimas cosas, incluso cosas que muchos no pueden ver o sentir. A veces hay cosas que parecen fantásticas, incluso cosas que creemos imposibles.
Mi historia comienza hace 5,000 años en Francia, cuando yo tenía 17.
Entrar a la preparatoria no era cosa fácil, porque había que escoger un nuevo instituto.
Y recuerdo perfectamente el primer día de clases.
Luego de 20 minutos en auto, vi el letrero gigante señalando aquel colegio: "Instituto Pierre Renoir".
Yo llevaba el hermoso –o al menos a mí me lo parecía- uniforme azul del colegio.
Luego de despedirme de mi padre, caminé hacia el pasillo.
Lo primero que vi, fue un cuarteto de chicas intentando saludar a todos los chicos nuevos. Estaban peinadas con sus clásicos moños rosados, portaban anillos gigantes, los ojos pintados y sus labios brillaban por tanto gloss que se habían puesto.
Supe enseguida que ellas eran totalmente distintas a mí.
Puse la mochila en una banca y me senté mientras observaba a mi alrededor. La escuela era increíblemente gigante.
Y justo en la esquina de la misma banca, estaba él. Aquél chico delicioso a simple vista. Su cabello era negro, al igual que sus ojos brillantes, su boca carnosa, su nariz perfecta y la piel pálida sin una sola imperfección hacían una perfecta combinación.
Clavé mi mirada en él, y de pronto, una voz sonó junto a mí.
-Hola. ¿Eres nueva verdad? –me preguntó una chica
-¡Ah! Hola... sí.
-Me llamo Sarah. Podemos ser amigas si quieres.
-Sí, gracias. –Le sonreí- Yo soy Lea Camille. ¿A qué grado entras?
-Acabo de salir de tercer grado, ¿y tú?
-Bueno, yo también.
Busqué con la mirada al chico, pero él ya no estaba.
-¿Buscas a alguien? –Sarah me volvió a preguntar.
-No, a nadie... ¿sabes dónde está el salón?
-No... creo que el año pasado era aquí abajo pero cambia cada año. Yo he estudiado aquí desde primaria. -Y sonrió orgullosa.
-Bueno... gracias.
Al poco rato, nos habían reunido en un salón. Y una profesora llamada Sylvie estaba con nosotros.
-A ver, chicos. –Decía- En este colegio tenemos 3 clubes escolares: basketball, coro y jardinería. Así que por favor, de lado derecho fórmense aquellos que quieran estar en el de basketball.
No me levanté. El basketball era en extremo interesante, pero nunca supe jugarlo.
-Ahora, los de basketball pueden ir y formarse afuera. De lado izquierdo, fórmense los que quieren coro, y de lado derecho, los de jardinería.
-Vamos a coro, ¿vale? –Sarah me decía tocándome el hombro.
-No soy muy buena cantando.
-¿Y entonces?
