Capítulo I

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[01.00]

    Al fin llego el día... Bueno, casi. Al menos ya estoy dentro del enorme tuvo color blanco robot y con franjas rojas. Al principio si tenía miedo de entrar en el avión, pero luego me di cuenta que, ahora, solo le tengo miedo a mi audición en The X Factor. No sé qué sucederá, ni las palabras exactas que diré, o si en ese preciso memento de expulsar las notas de mi garganta, quieran chocar entre ellas para desafinar, pero al menos mamá, papá y otros familiares vienen conmigo para apoyarme y eso me relaja un poco más de la cuenta, al menos ahora. Quizás tendría que haber viajado unos días antes de la audición, así tenía tiempo para acostumbrarme un poco al movimiento de la ciudad, igual, no hubiera servido de mucho hacer eso.

    Giro mi cabeza hacia la derecha y veo todo blanco, hasta que puedo ver el cielo despejado, solo el sol en el cielo, y como suelo... esponjosos algodones blancos. Por un segundo imagino cómo sería poder caminar o saltar sobre ese suelo blanco. Sacudo mi cabeza en forma de negación y sonrío por mis estúpidos pensamientos. Giro mi cabeza hacia la izquierda y está sentada una morena, de cabello castaño oscuro y unos grandes ojos cafés, quizás tenga unos quince años. En casi todo el vuelo no compartimos una sola palabra, pero cuando nuestras miradas se cruzan siento algo muy peculiar, como seguridad y confianza, cosa que no siento ni con mis mejores amigas, al menos de ésta forma. Solo le sonrío y ella me devuelve el gesto del mismo modo. Me pongo mis grandes auriculares blancos para escuchar repetidas veces la canción con la que audicionaré, y me dispongo a visualizar cómo será ese momento. Me duermo con una linda sonrisa en mi rostro.

    Al cabo de muchos minutos, siento en mi brazo algo electrizante que hace que me estremezca y despierte de mi dulce sueño. Fue la chica junto a mí, ¡Joder!

    –Disculpa, pero tu madre te llama atrás– me dice.

    Joder. Saco los auriculares de mis oídos y me doy vuelta hacia los asientos de atrás, donde están mis padres.

    –Lauren, amor, el avión aterrizará en poco tiempo– me dice mi madre– ¿Estás bien?

    Le asiento con la cabeza y doblo hacia arriba las comisuras de mis labios, formando algo así como una sonrisa, seguido de un gran bostezo. Ella me sonríe y sigue leyendo su revista favorita para mujeres de la mediana edad, aunque ella es bastante joven y papá sigue durmiendo con la cabeza hacia atrás y la boca abierta, como yo. Me doy la vuelta, y ahí está ella.

    –Gracias por avisar– le agradezco.

    –No hay de qué– me responde y sonríe, luego sigue comiendo unas galletas que todos los pasajeros recibían minutos después de subir al tubo robótico.

    Me gustaría comer, amo comer galletas, pero creo que volverían como entraron, no solo por el avión, sino también por mi audición, mañana. Una azafata interrumpe mis pensamientos.

    Azafata: Pasajeros, les informamos que el avión estará aterrizando en breve. Les recomendamos que sigan tal cual las reglas que les hemos especificado al despegar. Esperamos que hayan tenido un buen vuelo y gracias por elegirnos.

    Luego vuelve a repetirlo en varios idiomas. Yo cumplo las reglas que nos explicaron al despegar y cierro los ojos. Tengo mucho miedo de aterrizar. Siento unos temblores y mi corazón se para por un instante, pero el avión logra aterrizar sin problema alguno. Al fin vuelvo a respirar. La chica a mi lado se va con su madre y su hermanita, me siento mal por unos segundos, pero ¿Por qué? Qué raro. Entrelazo mi brazo con el de mi madre y bajamos del gran robot blanco con franjas rojas para ir en busca de nuestras valijas y de mi nueva vida, bueno... si tengo suerte.

Al llegar al hotel voy a la habitación que comparto con mi hermana menor Taylor. Me recuesto sobre la cama de plaza y media, con sabanas y frazadas blancas perla. La habitación tiene un estilo antiguo-moderno, quizás "Vintage". Cruzo las piernas acostada y prendo la TV. Lo primero que aparece son las noticias, ya son las ocho de la noche, cada vez falta menos para mañana. Nervios. Dolor de estomago. Nauseas. Borro esos pensamientos inmediatamente de mi mente. De repente se me viene a la cabeza una imagen de la chica misteriosa, que estaba sentada junto a mí, en el avión. ¿Qué pasaría si mañana mi vida cambiara y me convirtiera en una celebridad? ¿Quizás ella sería mi fan? ¿La volvería a ver entre todo el público, mientras yo canto en el escenario?

Taylor entra en la habitación y deja su valija sobre su cama estilo antiguo-moderno.

–Creo que deberías descansar para mañana, Lau– dice refregándose los ojos, muy somnolienta.

–Lo sé. Yo pienso lo mismo– le digo y bostezo una milésima después.

Ella saca de la valija su estuche celeste que el verano pasado le regalé por su cumpleaños y de éste toma su cepillo de dientes y se va al baño.

Yo saco de mi valija roja una camisa negra dos talles mas grande, de mi talle real y un pantalón blanco suelto largo hasta los pies con rallas horizontales de color mostaza. Y También tomo mi cepillo de dientes. Camino hacia el baño donde está Tay, y antes de que pueda tocar la puerta, ella sale como un muerto vivo, realmente, arrastrando los pies hasta llegar a la cama. Ella duerme en ropa interior, asique no usa ropa de dormir. Se acuesta en la cómoda cama y se tapa con las sabanas blanco perla hasta los hombros, pero saca una pierna a fuera de las sabanas.

Yo entro en el pequeño baño y sin verme en el espejo, con las persianas de mis ojos casi cerradas, coloco pasta de dientes sobre el cepillo y me cepillo bien los dientes, acerco mi boca al grifo donde sale el agua y hago gárgaras para quitar los restos de espuma creados por la pasta de menta. Escupo todo y seco mi boca con la toalla blanca que hay colgada a un costado del lavabo.

Salgo del baño, también casi como un "Zombie", y arrastro los pies hasta llegar a mi cama, me acuesto sobre ella y siento paz, luego aplaudo dos veces y las luces se apagan, todo queda en la oscuridad, incluyendo mis ojos color algas marinas del océano pacifico, que quedan en lo más profundo del océano, donde no se filtra ni un hilo de luz.

–Lauren, ¿Tú crees que Simon te dará el Sí?– me pregunta Taylor, rompiendo el silencio y la paz que sentía hasta ese entonces.

–No lo sé Tay. Eso espero. ¿Tú qué crees? ¿Crees que me dará el Sí?

–Yo creo que...– lo piensa unos segundos– Creo que no– dice de forma burlona.

Tiro una de tantas almohadas que tengo sobre mi cama hacia la nada oscura, pero el "¡Ay!" de Taylor me hace pensar que le he dado en el blanco. Luego reímos.

–Si Lauren, yo pienso que Simon, Demi y los demás te darán el Sí. No solo eres una buena cantante, sino que también eres una buena persona y a demás eres, muy linda. No lo dudes jamás– me dice dulcemente y sinceramente.

Hago un gesto de ternura que ella no ve, pero puede sentirlo, lo sé.

–Tu también eres muy bella y buena persona Taylor. Gracias por acompañarme hermana. Te quiero– le agradezco.

–Buenas noches Lau– se despide.

–Buenas noches nena.

Aunque todo está a oscuras, tengo la mente en blanco, pero eso se va, y mi mente comienza a pegarme terribles patadas... Mañana. Audición. Millones de personas. Nervios. Dolor de estomago. Nauseas. No. No. No. No. ¡Basta! ¡Joder! Lauren, piensa en otra cosa. Otras cosas. Tú puedes. Lo primero que aparece en mi cabeza es esa chica, la morena con grandes ojos y delgada que se sentó a mi lado en el avión. Luego recuerdo que cuando se fue me sentí triste, quizás porque en el momento que nos vimos sentí una conexión un tanto curiosa. Quizás hemos roto la Ley del destino, y estábamos destinadas a ser mejores amigas por siempre y ni ella, ni yo pudimos concretar lo que el futuro tenía preparado para nosotras. De nuevo hay una pantalla blanca iluminando mi cerebro, pero creo que es tiempo de dormirme. Voy a empezar a contar ovejas hasta llegar a la fase del sueño REM, aunque creo que cuando esté en esa fase ya me habré olvidado de la audición, la chica de la Ley del destino incumplido y las malditas ovejas, aunque prefiero que sean caballos.

Un caballo. Dos caballos. Tres caballos. Cuatro caballos.Cinco caballos. Se...  

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⏰ Last updated: Jan 27, 2016 ⏰

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