Luna

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Todas las noches eran lo mismo, la misma banca de madera del parque, a la cual los años habían cobrado factura con sus tablones despintados y deteriorados; sin embargo por alguna razón me resultaba reconfortante, tal vez por su excelente ubicación frente al pequeño lago que asemejaba un espejo tembloroso que jurabas se rompería en cualquier momento; sentarse a observar las estrellas con mi viejo telescopio y temer a que las manecillas del reloj apunten al cielo y tener que volver a casa, algunas veces me quedaba un poco más, pero casi siempre respetaba la misma rutina. 

Sin embargo existía algo, una cosa que me impedía el descendiese a la monotonía , la razón está muy clara para mí: La Luna. Ah... ese hermoso astro inmenso, que sin necesidad de alguna herramienta especial puedes apreciar y deleitarte con su belleza, y que, contando con una  podrías jurar que está a solo unos metros de distancia, llegando casi a tocarla, bella luna que con su deslumbrante manto blanco cubre la tierra de luz. 

La Luna es una gran compañera en las noches, resplandeciente y hermosa. ¿Quién pensaría que me llegaría a enamorar de algo que está a miles de kilómetros de distancia y más aún de algo inanimado?. Visitarla es mi pasatiempo favorito, aunque lamentablemente solo se encuentre disponible por unas cuantas horas y para aquellas criaturas nocturnas que saben apreciar de su belleza, enhorabuena...

Si, puede que mi rutina fuese aburrida, pero a mí me fascinaba, todas las noches eran lo mismo...

Recuerdo aquel día, los astros habían coincidido y habría Luna llena, era un espectáculo que por obvias razones no me perdería, y conocía justo el lugar perfecto para la ocasión. Tenía todo preparado: mi viejo telescopio, una cámara profesional, me había arreglado con mis mejores prendas para la cita perfecta; Vaya, hasta traje unos cuantos aperitivos. Así es, todo estaba preparado y saliendo conforme al plan, pero había algo fuera de lo previsto, pues la banca en la que me sentaba todos los días ya tenía un ocupante, cosa que me desconcertó, pues casi nadie viene por aquí a estas horas.

-Es hermosa, ¿no lo crees?- dijo ella sin bajar la mirada más que para verme de reojo
-¿Perdón?- contesté con una cara de intriga, tratando de revelar el misterio detrás de esta chica 
-La Luna, es hermosa ¿no lo crees?
-Oh, vaya que lo es.-asentí aún con desconfianza
-Pues siéntate, te pierdes de la mejor vista-contestó invitándome a sentar a su lado

Yo acepté sentarme aún sin saber de quién se tratase este encuentro tan misterioso.

-Mi nombre es Luna, me enteré que hoy habría Luna llena así que pensé en venir a verla, y parece que conseguí el mejor asiento.
-Mi Nombre es Ben, mucho gusto.
-Mucho gusto en conocerte Ben- Contestó y dirigió su mirada al cielo de nuevo.
-Así que ¿te gusta la Luna eh?
-No solo me gusta la Luna, la amo, me acompaña todas las noches antes de dormir

Y ella siguió hablando, platicándome acerca de su amor por las estrellas, los planetas y en general por la astronomía, pues su padre fue un apasionado Astrónomo, dedicado a su carrera. Todas las noches le contaba sobre los astros y compartió su pasión con Luna; o al menos todo lo que pudo compartir con ella hasta la vida se lo permitió.

-vaya que es un excelente sitio para observar el espectáculo 
-si, es un grandioso lugar, hace tiempo que lo descubrí y desde entonces no lo he podido soltar
-bueno, lamento haber invadido tu espacio, pero supongo que tuve suerte de haber llegado antes...
-Si...supongo que yo también tuve suerte...-dije mientras traicionaba mi mirada dirigida del cielo hacía ella

Al escuchar cómo se refería a los astros y ver en su mirada la pasión que compartíamos por ellos me percate de una cosa: Pues mis noches ya no serían de la Luna y yo, ahora seriamos mi Luna y yo.

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