el tiempo muy elocuente y sincero en confusos versos me advierte, alma de hierro corazón de tierra tú quien as amado y as perdido lo querido y lo sufrido exiliado en el olvido, tú que as despertado el mayor don jamás dado hoy te otorgo este regalo pero ten cuidado tú alma perdida si osara a caer en el deseo y en las pasiones a ceder al mundo sin razones, yo quien te e dado todo lo que hoy ya tienes como el polvo soplare y te despójate del mayor don jamás concedido a un hombre, una muerte implacable de tu mente, mente fuerte pensante e impenetrable de hierro que no oxida el viento eterno y trascendente, he aquí tu don y tu castigo pues sabes ya el alto riesgo de la vida, pues si tu pensamiento eterno sigues el camino recto gozaras de sabiduría eterna, solo ofreciéndome a mí la voz del tiempo el sacrificio de la soledad eterna sin amor ni prejuicio, sin dolor ni castigo, sin tu desagradable empirismo, solo tú la mente y yo el poderoso tiempo que todo lo ve y no lo olvida, que todo lo sabe y no se jira, pues tu camino es largo pero yo te e otorgado el arma implacable el pensamiento, ahora tu lucha será contra el sentimiento, pues e de decir que tus labios perecerán en el desierto, tus ojos jamás flecharan doncella, tus manos jamás desnudaran la piel nocturna de la luna y tu amor será la ceniza que marque tu camino, así bien dicho y comprendido vive y se querido, piensa y se admirado, recuerda y se olvidado y yo te prometo que tu pensamiento jamás se hundirá en ningún invierno, ni tu aliento dejara de recorrer mi infinito tiempo, solo por la sagrada promesa de esta cierta realidad perversa tan bella al despojarte de tu mayor proeza.
