-¿Qué tal lleváis el examen de mañana? Porque yo sinceramente voy para un 2'5.
-Venga ya, Ana, siempre dices lo mismo y después sacas un 10.
-¡Pero qué dices! Todos esos números parecen chinos... ¿Cómo lo llevas tú Lau?
-Sabéis que las mates no son lo mío. Son un asco, pf.
-No se te dan tan mal...
-No claro, si saco dieces todos los...
No pude terminar la frase porque choqué con alguien y se me cayó mi zumo al suelo. Estaba a punto de decirle cuatro cosas pero antes de eso, agarró el zumo y me lo dio. Era un chico moreno, de ojos verdes.
-Fallo mío- me dijo mientras sonreía.
-No te preocupes.
Estaba a punto de girarme cuando escuché que me decía:
-Buena suerte con Mates.
Me giré para darle las gracias, pero no estaba, se había ido. Que chico tan raro. Pero eso sí, tenía unos ojos bonitos.
El resto del día fue bueno,dentro de lo que cabía. Después de tres aburridas clases, por fin sonó el timbre y me reuní con mis amigas.
-Chicas, ¿qué hacéis mañana?
-Tengo que estudiar para la recuperación de Literatura. Esa tía me tiene manía fijo.- contó Ana.
-Yo me voy con mis padres a un hotel rural. Y no hay wifi, así que olvidaros de mí durante todo este puente.- repuso Bea.
-Yo creo que puedo- anunció Pau.
-¿Te vienes a dar una vuelta? Como esté encerrada en mi casa todo el día creo que exploto- dije yo.
-Sí, después te digo.
Entonces me despedí de todas ellas, y me fui andando a mi casa. La verdad, no tenía muchas ganas de quedarme en mi casa sin hacer nada. Además, ese puente mi prima se iba a Londres, así que no tendría compañía, exceptuando a mi hermano, que es un amor, sólo que tiene 2 años, así que no creo que me llegue a entretener. Pero de todas formas, tenía que estudiar Física. ¡Dios como odiaba Física! Era como las mates, pero añadiendo teoría de más de tres páginas. Por lo menos saldría un poco con Paula. Paula es una chica muy mona, sólo que algo tímida, pero cuando la conoces es muy pero que muy extrovertida. Sólo necesita su tiempo. Es alta, morena, de unos profundos ojos color café y lleva una gafas de montura negra que le hacen parecer intelectual. Después está Bea, que es todo lo contrario, es muy abierta, expresa sus ideas sin pelos en la lengua. Es rubia, tiene unos ojos azules preciosos y una sonrisa bonita, ya que llevó ortodoncia durante tres años. Y luego está Ana, que es una chica realmente apasionada por la música, toca el violín. Es bajita, pelo liso y negro y siempre está sonriendo. Creo que nunca la he visto triste. Y luego estoy yo, Laura, una chica divertida y amable que, tal vez, se obsesione un poquitín con las notas. Sí, vale, lo admito, me exijo más yo misma que mis padres. Soy alta, pelo largo, morena y de ojos verdes.
Cuando llegué a mi casa, vi que mi madre me había preparado un humeante plato de albóndigas con tomate. Mi madre sabía cuánto me gustaban.
-Mmmm mamá, mis albóndigas.
-Sí cariño, las he hecho porque sé que te encantan. Oye, papá me dijo que el lunes irías con él a comprar un traje para la boda de la prima Marta.
-Ah, sí, ya ni me acordaba. Como vaya solo, es capaz de ir a la boda con un bañador y unas chanclas.
Mi madre se rió. Me parezco mucho a ella. Las dos somos muy orgullosas y las cosas nos afectan mucho. También las dos tenemos el don de reírnos de nosotras mismas. Y, también, tenemos la misma nariz respingona. He sacado sus ojos verde prado, y la sonrisa bonita de mi padre. Me acabé mi plato de albóndigas y mi zumo de arándanos y me dispuse a irme a mi habitación.
-Mamá, me tengo que ir a estudiar Mates. Llámame en para la merienda.
-Claro, descuida hija.
En mi cuarto revisé mi móvil y tenía un mensaje de Paula.
-Ey Lau. Mi madre me deja ir mañana contigo a dar una vuelta. Sigue en pie el plan?
-Sí, claro. Mñn a las seis. T parece?
-Perfcto
Genial, ya no me quedaría en casa encerrada el finde. Pero nada haría que me librara de estudiar Física esa tarde, así que me puse a ello. La verdad es que aunque las mates no se me dieran demasiado bien, Física se me daba de pena. Así que me tiré como dos horas con Física, pero me dio la sensación de que no había entendido ni media palabra. Así que volví a repasar lo estudiado. El examen era dentro de una semana y no podía fallar. Tantos números me volvían loca. Menudo desastre. Con tanto estudio me había entrado hambre. No le haría ascos a un sandwich de queso con jamón y un vaso de leche con cola-cao.
-Cariño,¡¡la merienda está lista!!-mme gritó mi madre desde la cocina.
Tenía la total seguridad de que mi madre me podía leer la mente.
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Vuelve
Teen Fiction-¿Te arrepientes de algo? -No me arrepiento de ninguna decisión que haya tomado en mi vida, porque todas ellas, errores o aciertos, me han llevado hasta ti.
