Así fue, de repente un día tú, tan solo...cambiaste, solo que de principio todo lo ocultabas tan bien, fueron llegando tan tenues esos cambios que no los note, después creí que todo era paranoia mía, que me estaba volviendo loco, pero al final, la verdad estaba frente a mis ojos, solo que yo creía que algo estaba mal con ellos.
Primero fue tu cambio de peinado y ropa, que para una mejor presentación en la oficina, luego comenzaste a llegar tarde, tu excusa era el exceso de trabajo. Llegó el cambio de colonia, ya no olías a ti, y cada vez ese aroma vendría a mi combinado con el de otra persona, la razón; que el aire en tu trabajo cargaba además con el perfume de tus compañeras y compañeros, pero extrañamente siempre era el mismo aroma, la misma combinación entre flores y frutas. El tiempo pasó, y comenzaron a llegar mensajes y llamadas, por las cuales, tu celular junto a tu laptop se volvieron aparatos de acceso restringido para mi persona.
Poco a poco todo se redujo a un "buenos días" por la mañana y un "adiós" antes de irte, ya que no notaba la hora de tu llegada, porque estaba dormido y al despertar tú ya te encontrabas a mi lado.
Olvidabas las fechas importantes, y me cancelabas o dejabas plantado en todas las cenas y citas a las que te invitaba u organizaba solo para nosotros dos, y siempre, cuando ya me encontraba sentado frente a unas velas y con la carta en la mano tomando una copa de vino y aguardando por tu llegada, y aunque fueran postres, los más deliciosos y dulces, casi siempre iban acompañados de un ligero toque salado, puesto que prefería cenar solo, aunque fuese llorando y bañando mi comida en lágrimas a irme dejando ver que jamás llegaría mi supuesto acompañante.
La primer noche en la que mi corazón no lo contuvo más fue la de tu cumpleaños, prometiste que llegarías temprano y yo preparé todo para recibirte; velas, vino, una cena en la que me había tardado horas para cocinarla, todo era hermoso, pero el tiempo pasó y el vino en mi copa se acabó, 30 minutos y la mitad de la comida en mi plato se esfumó, 1 hora; mi plato vacío y mi copa volvía a estar llena, hora y media; 15 llamadas a tu celular, las velas se habían consumido, la mitad de la botella se había vaciado y mis ojos ardían víctimas de las primeras lágrimas de esa noche.
Me levanté, tomé mi plato y lo deposité en el fregadero, saqué el pastel que compré, decorado con tu nombre y un "te amo", le tomé una foto y después desfiguré cada una de las líneas que trazaban todo eso que sentía y todo por quien lo sentía, ya no era tu nombre, eran solo garabatos incomprensibles, figuras irreconocibles y enredadas, peor que yo. Al terminar lo engullí, sin necesidad de utilizar plato, cuchara o tenedor.
No lo soporte y caí desplomado sobre el suelo, manchando todo de crema batida, tome el celular y te mande la foto que había tomado del pastel, con un mensaje que decía; "Feliz cumpleaños mi amor", para luego salir tambaleante de la cocina y dirigirme al mini bar, no se cuanto fue, pero bebí hasta quedar en estado de shock, me encantaría decir que llegue incluso al hospital, pero no, ese shock fue emocional. Terminé con tu bata cubriéndome el cuerpo desnudo, yacía sentado con las piernas abrazadas como un niño asustado frente a la gran ventana de la sala.
Cuando llegaste yo aun continuaba tratando de beber lo último que quedaba en mi copa. Vislumbraste todo el desorden que había en la sala, en el comedor, y fuiste hasta la cocina, al contrario de lo que yo hubiera creído, -tú llegando a mi lado, para tomarme entre tus brazos y pedir perdón explicándome el motivo de tu retardo-, saliste de la cocina con tus manos en la cabeza y gritaste, gritaste tanto, llegaste a mi lado, pero no para consolarme, sino que me tomaste fuertemente por el brazo y me obligaste a levantarme de un jalón, la bata no estaba cerrada, así que se abrió dejando mi cuerpo al aire frío de la madrugada, ni de día era aún, solté un quejido, pues tus dedos se aferraban como anzuelos en mi piel, gritaste más y por fin me soltaste, pero mi capacidad de mantenerme en pie era nula gracias a todo el alcohol ingerido, así que regresé al suelo de una manera brusca, pateaste todas las botellas que estaban regadas en la alfombra de la sala, mencione tu nombre y quise tomarte de la mano pero fue imposible, había algo enorme obstruyendome el acceso a la piel de tu muñeca, enfoqué mi vista lo mejor que pude y divisé un reloj, un elegante y costoso reloj nuevo, y al preguntar quién te lo había regalado, tu respuesta fue una cara de enojo aun peor, te fuiste al cuarto dejándome ahí tirado, impactado, en ese instante ni mi madre me habría reconocido, no era yo, ya no parecía yo, me había convertido en una estúpida sombra que seguía esperando por ti.
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¿Alguna vez fue amor?
RandomPareja: Super Junior: Kangteuk Toda la historia esta contada por Leeteuk
