Lo que veo no es muy claro. Los recuerdos envuelven mi mente en un mar tormentoso donde me es imposible escapar. Lo que veo, lo que siento... Todo es confuso pero claro a la vista de los demás.
Ni tan siquiera sé a ciencia cierta cómo explicar lo que me sucede pero aún más terrible lo que sucedió. No hay una manera científica-religiosa que me permita expresar las atrocidades de sueños que desvelan mi cuerpo mientras que mi mente es azotada por los recuerdos confusos de esa criatura siniestra.
Mi propia identidad parece escabullirse de ese animal condenado a llevar a quien lo encuentra al propio infierno donde la única manera moral de irrumpir mis pensamientos y sueños sería el suicidio.
Estos recuerdos tienen sus inicios en aquella noche sombría, eclipsada como si toda oscuridad y maldad de aquel ser se concentrara en ese momento. Apenas sí estaba iluminado por la débil fuerza que emitían los faroles esa noche.
Recuerdo las abrumadoras calles de ese lugar ennegrecido por la maldad infinita de esa criatura siniestra. Acechadora de sujetos que ni con la más mínima idea sabían lo que les iba a reparar ese lugar.
Caminando por esas calles cuando un ser tan maligno y atroz que hace ver un destino en ese pueblo, devastador donde la única escapatoria de ese espeluznante lugar es cumplir sus mandatos elocuentes y perturbadores. Sin ni siquiera poder valorar las cosas que esa vil criatura me pedía que hiciera me fui introduciendo cada vez más en su propia oscuridad y maldad.
Recuerdo la primera vez de ese repugnante día donde alguien llamó mi atención de una manera muy particular, como si estuviera sujeta a ella de algún modo desconocido. No pude decir ni pensar la terrible idea que pasó por mi subconsciente que abrumaría a el más virgen de todos los asesinos.
La atemorizada mirada de aquella mujer no fue lo suficiente para que una gota de humanidad tocara mi pecho e hiciera concernir mi corazón que estaba clavando una navaja en el centro de aquella mujer.
La premonición no se hizo esperar e invadió mi mente multiplicando aquella sensación con una espantosa intensidad pero a la vez con un placer absoluto que me hacía entender que ese no era yo. Era esa criatura atada a mí ya trastornada mente.
Incluso ahora me es imposible recordar aquel horror en toda su magnitud.
Recuerdo mis deseos entonando un canto salvaje para la persona que me hacía requerir un brutal asesinato y aun así, aun así mi conciencia me tomaba después de cada acuchillada a ese hombre implorándome que parara.
Ese pueblo de temblorosa existencia tenía a la criatura más atroz, vil y malvada entre sus calles.
Mi mente y mi alma se llenaban de un espanto aterrador después de ejecutar la labor de ese animal pero a la vez era casi imposible ni sentir placer... Un placer casi combinado por la adrenalina y el miedo de aquellas tareas terroríficas.
Esa criatura arrebataba mi humanidad poco a poco, dejando mi alma hecha añicos con una conciencia castigadora que recordaba a mi vida el horror de mis actos. No podía hacer nada, mi alma había ido demasiado lejos dándole espacio a la presencia de Ginebra y ahora estaba pagando el error de haber ido a ese pueblo maldito.
El miedo hacía que mi cordura regresara escasos momentos, era el tiempo exacto en el que mi mente transformada me pedía que saliera de ese espantoso y extraño lugar antes que la locura total se volviera hacía mi ser de nuevo para así reclamar la vida de más personas en nombre de la maldita Valkiria.
Recuerdo que mi conciencia se manifestaba con recuerdos de personas siendo asesinadas y mutiladas por el deseo de Valkiria.
Apartándome del mundo real y envolviéndome cada vez más en la locura de mis cometidos esperaba... Esperaba a la última tarea que debía hacer a Valkiria. La tarea más abrumadora en la que era imposible escapar pero la fascinación por satisfacerla no me permitía yacer en una realidad moral.
La larga espera tomó uno, dos o incluso hasta más días, no lo sé, no pienso con claridad pero recuerdo el momento en que esa criatura de forma humana y de maleza de niveles inimaginables llamó a mi puerta.
El miedo se apoderó por completo de mi cuerpo. Jamás olvidaré aquella espantosa visita y sensación que me producía esa vil criatura que primero tomó mi mente pero que después requirió mi humanidad y mi cuerpo para hacer fin a sus mandatos.
Pero ese día, ese día estaba en frente de mi para que yo completara la última tarea. Debía de calmar su hambre de muerte haciendo lo más demente para una persona moral. Pero aquello no era moral y mucho menos una persona. Acabar con mi vida debía. Pero en el instante próximo a mi muerto donde ya la hoja filosa estaba a punto de tantear mi pecho la criatura tomó mi mano y desapareció a o solo se desintegró... Eso tampoco lo sé.
Pero sabía por qué hizo tal cosa.
Tenía un propósito para conmigo.
YOU ARE READING
Valkiria
Short StoryEl miedo de hacer lo peor para salvarte es mucho más grande que tu valor para enfrentarlo.
