La sombría estancia de la Luna en el cielo poblado de esperanza, luces centelleantes que iluminan la travesía de un viajero condenado al fracaso.
Las puertas se abrieron con la suavidad de una risa angelical, dando la bienvenida a un forastero ambulante.
- Buenas noches.- saludó con voz monótona la cajera del establecimiento, cuyos ojos almendrados restaban enrojecidos y en otro páramo, en la lejanía.
Gruñí como toda contestación. Pase frenéticamente por los pasillos abarrotados del Supermercado de turno, distinguiendo etiquetas, suministros y cantidades inexactas de veneno embotellado con gentileza.
Pero, aun la danza indeterminada de palabras y letras, la incertidumbre se hizo más que presente al no hallar el botín.
- ¿Donde esta la cerveza?- pregunte, haciendo que la chica se incorporara apresuradamente.
- Al final del pasillo a la izquierda.- respondió, con la mirada fija en el horizonte. Algo estaba fuera de lugar y ella lo sabía, lo notaba al haber sufrido más de una vez las osarías verbales de los clientes borrachos. Pero, para su desgracia, yo estaba más vivo que nunca.
- ¡He dicho que donde esta la cerveza!- levante la arma como si se tratara de una simple gominola, algo que me correspondía.
- Yo de ti me relajaría...- dijo la mujer, sin inmutarse de la amenaza.
- ¡Cállate!
- ¿Estas hambriento, cierto? Solo, en paradero desconocido. Un viajero sin metas y destino.... Hagamos un trato. Dejare que te lleves aquello que desees, con la condición de que abandones este local.
- ¿Te crees más lista que yo, eh?- apunte directo a la cien, pero las manos sufrían tembleques indescifrables. Recaía en mi consciencia, algo más fuerte que la ira.
- Si me matas, solo te llevaras de aquí más problemas.- la mujer, cansada de debatir y aun con el semblante inescrutable, se sentó de nuevo en la silla, esperando mi decisión.
Tenía razón...La gente aun no yacía en un caos interminable, así que en estos instantes, su muerte solo conllevaría peligros a mi andadura.
Tenía que erradicar ya con la paz de la región...
Cogí con expectación montones de comida, alimentos excepcionales y de los cuales nunca había albergado a consumir.
Era como un sueño, el sueño de un forajido en su paraíso macabro.
Alargué la mano, tendiendo en el mostrador del antro treinta dolares intactos.
La mujer me miró, perpleja por mi repentina decisión. En otros tiempos, quizás la hubiera besado, pero en esos instantes de huida a la nada lo último que necesitaba que recayera sobre mí era el amor.
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Unpleasant
Adventure"Llevamos días caminando sin descanso. A veces, desconozco aquello que nos rodea y eso me hace creer que estamos más cerca del fin..." Finnegan se presenta como un hombre modesto bajo una carcasa de culpabilidad, reflejando en sus ojos un temor sin...
