Mi vida

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"Estaba en mi palacio y todos mis sirvientes iban y venían preparando todo para cuando yo despertara, en la mesa había todo un festín servido, con todo lo que a mi me fascinaba, pasteles de todo tipo, leche de toda clase de vaca, cereales desde los insípidos de avena con miel, hasta los de muchos colores, que vuelven loco a cualquier niño"

-Despierta Riley, llegaras tarde al trabajo.

Me costo mucho despertar de ese exquisito sueño, mas aun cuando mi realidad era justamente lo contrario, por que en mi vida real yo era la sirvienta, y en la mesa de mi casa no había toda esa comida de mi sueño, solo un estomago vacio y hambriento que seguirá así por algún tiempo.

Sin embargo no me quejo, soy muy feliz, tanto como puede serlo una adolescente pobre, con padres pobres que la aman.

Mi caso es como los típicos casos de un país con una creciente crisis económica, mis padres estaban desempleados y mientras buscaban empleos sobrevivíamos con el poco dinero que nos quedaba, pero sobre todo de mi trabajo

Estaba en vacaciones del instituto, así que apenas salí busque un trabajo, para ayudar un poco en casa, me sentía satisfecha sabiendo que de alguna manera podía ayudar en la "crisis temporal" como lo llamaba mi padre, él aun tenia esperanzas de recuperar nuestra antigua vida, y es que no siempre había sido así, antes teníamos una vida de comodidades, como pequeños burgueses, pero un buen día los jefes de papá decidieron hacer recorte de personal, no valoraron nunca cuantos aportes había hecho a la empresa, y lo despidieron, fue un golpe duro,  difícil de superar, y si que fue difícil por que un año después aun no había encontrado otro trabajo, con tanto desempleo azotando el país, hasta un profesional con ocho títulos era negado.

Pero después de un tiempo te acostumbras a una vida de limitaciones y hasta encuentras algo dignificante en tenerla.

Son las seis de la mañana y ya hace calor, me doy una ducha rápida, entiéndase por rápida un simple chorrito en la cabeza durante unos minutos, debíamos ahorrar en agua, los gastos de la casa salían caros y mis padres se negaban a abandonarla, era su mayor patrimonio y la que mas esfuerzo pusieron para comprarla.

Era mas grande de lo que necesitábamos, muy lujosa para nuestra situación actual, y a pesar de las resistencias de mis padres se que algún día terminaremos vendiéndola para solventar las deudas que teníamos.

Salí del baño y me vestí con mis jeans desgastados, mi blusa con ya cinco años de los Beatles y mis muy pero muy viejas converse blancas.

Baje a la cocina y me recibió el mismo panorama de todos los días, mamá y papá con el periódico en la sección de empleos. Mire a la mesa del comedor, y como siempre estaba vacía, nunca había desayuno ni cena y el almuerzo consistía en arroz con queso o huevo, vale, se lo que piensan, es una mierda, lo era, y solo mis padres no lo veían, por que estaban enfrascados en querer tener una vida como antes, pero tarde o temprano descubrirán que la situación es insoportable, y yo me consolaba con el pensamiento de que nada es para siempre.

Cogí una manzana, era lo que nunca faltaba en casa, ya que el árbol de la vecina siempre estaba lleno de frutas, y a ella no le importaba que lo trepara para recogerlas, hasta en el infierno encuentras ángeles.

Me despedí de mis padres con un beso y un abrazo, mi madre me vio con aquellos ojos tristes con los que siempre me despedía.

Mi trabajo empezaba a las ocho pero prefería caminar, ademas de que me ahorraba el pasaje del bus, podía ir admirando la belleza de todo lo que me rodeaba, había aprendido a apreciar la belleza en los detalles mas pequeños; era solamente media hora de caminata, que me permitía prepararme psicologicamente para el horrible trabajo que me esperaba, por que damas y caballeros, trabajo en un gimnasio, se que no suena desastroso, pero créanme que lo es, limpiar el sudor de los demás no es agradable, y ordenar todo es aun mas frustrante, desde que caímos en banca rota había perdido considerablemente mucho peso, antes era un poco rellenita, pero ahora soy muy delgada y no en el sentido bueno, por que estoy mas próxima a parecer una calavera que una modelo, pero el punto es que parte de mi trabajo consiste en acomodar las pesas en su lugar, y con mis brazos que parecen dos palillos apenas y puedo alzar la de medio kilo, así que ya saben por el sufrimiento que tengo que pasar cuando alguien deja sus pesas tiradas por doquier, por suerte me he hecho amiga de los chicos musculosos de ahí, y me ayudan cuando la situación es imposible, prácticamente ellos me hacen todo el trabajo, y hasta supervisan que todos dejen lo que utilizan en su lugar, sinceramente no se como el dueño me aguanta, pero cada vez que me pilla pidiendo ayuda simplemente me sonríe y se va, son chicos muy buenos, y en el fondo se que me tienen lastima, todos saben por la situación que estoy atravesando, pero es mejor ignorar esa lastima que solo te hace débil.

Hola David- digo alegremente entrando por la puerta principal, David es el dueño del gimnasio, bueno mas bien es el hijo del dueño, pero él esta a cargo, tiene apenas 19 años, es guapo y musculoso, hubo un tiempo en el que me atraía pero ya se me paso.

Hola Riley, llegas temprano, estaba por comer el desayuno que mamá preparo, ¿quieres compartirlo?.

Bueno- digo entusiasmada, pero trato de controlarme, los desayunos que él llevaba eran exquisitos, y mi estomago moría de hambre, doy la vuelta al mostrador y me siento junto a el, me pasa la cuchara, y todo su jugo, y empiezo a devorar el plato, que estaba repleto de huevos revueltos, salchicha, jamón y arroz, tratando de controlar un poco la bestia que llevo dentro pero sin lograrlo,  por suerte, me detengo un segundo para beber un poco  de jugo y me doy cuenta que él no ha estado comiendo, y ya casi no queda nada en el plato, ¡que vergüenza!

-Perdóname, David, tenia mucha hambre y no me he dado cuenta, perdóname, perdóname- mis mejillas empezaban a arder, y me sentía terrible.

-oye, oye, oye, relájate, no pasa nada, por algo te invite a comer de mi desayuno, no te preocupes, que ni tenia hambre- sabia que estaba mintiendo para hacerme sentir mejor, y tenia esa mirada, esa mirada de lastima, no la soportaba pero tenia que aguantarla.

-Esta bien, sera mejor que comience a limpiar que dentro de poco llegaran las personas.

-Hoy no habrá mucha gente, todos están en el motocross internacional, por eso esta tan vació, solo ha llegado un chico.

-Bueno menos trabajo para mi- dije sonriente.

-Bueno yo no estaría tan seguro de eso- respondió David riendo.

No entendí eso ultimo, pero recogí la escoba y subí al segundo piso donde se encontraban todas las maquinas, y lo vi, y entendí de inmediato lo que David me había dicho, era aquel egocéntrico muchacho que iba de vez en cuando, pero siempre hacia todo lo posible para que mi trabajo sea el doble, por suerte mis muchachos musculosos me ayudaban, pero hoy no tenia a quien recurrir, solo a David, él seria mi boleto de salvación.

Lo ignoro completamente, realmente no me agrada, comienzo a limpiar los baños, y paso a los espejos, ene ese momento escucho una voz que me llama, me doy la vuelta y es David, subiendo las gradas.

-Hey Riley, regreso en media hora, tengo unos asuntos que tratar, estas a cargo- se me heló la sangre ante esta noticia, eso significaba que me quedaría sola con ese patán.

-No David, ¡no!- le digo corriendo hacia él.

-Lo siento cariño-  me responde sabiendo el motivo de mi reacción.

-Voy a robarte todo el dinero de la caja registradora y me voy a dar a la fuga- era mi ultimo esfuerzo, y solo logre una carcajada de su parte, estaba ya en la ultima grada

-suerte con eso- fue lo ultimo que dijo y se fue.

Regrese al lugar que estaba, y ese estúpido me recibió con una media sonrisa, mientras dejaba la pesa que había estado ocupando al otro extremo de la sala, era una pesa de 50 kg, ¡como rayos iba a dejarla en su lugar! sabia que David no regresaría en media hora sino en tres horas y para cerrar, iba a ser una mañana muy pero muy larga.





Buenos VecinosWhere stories live. Discover now