Capítulo 1: Así comenzó todo.

37 3 2
                                        


En una pequeña casa en algún punto de un país que a día de hoy sigo sin saber cómo se llama, tampoco me interesa saberlo y cuando tuve la oportunidad de conocer su nombre no quise hacerlo, de qué me serviría estar atado a una sombras, de las cuales su solo recuerdo agarrota mi espalda y carga mis piernas con un pesos demencial.

De aquel extraño y melancólico lugar solo recordaré con cierto desde dos cosas. Aquel viento que me acariciaba por las mañanas y lograba infundir en mí una mota de aliento más para continuar un día más y por otro lado, aquel hermoso sol que iluminaba todo el salón a través de aquel enorme ventanal que dejaba al descubierto todo el salón, era tan agradable sentir esa brisa en combinación con aquellos rayos de sol en la espalda.

Recuerdo como incontables las veces, que sonreí por el simple hecho de ver pasar algo que mi mente confundiera con un animal. El número de veces que llorando me dormía, que soñando vivía más bien para no morir en la angustia de no saber dónde, cómo o a manos de quien iba a perecer. Ahora que me encuentro delante de esta cámara donde siempre quise estar para poder contar al mundo entero lo que realmente ocurrió y no lo que quisieron oír, me siento cansado, cohibido, temeroso por saber que pasara después de que este video vea la luz.

Los recuerdos que logró tener de aquel día son tan borrosos, no logro tener ni una imagen clara de lo que realmente sucedió.

Fue rápido, tan rápido que en cuestión de minutos perdí mi vida. O más bien perdí lo que cimentaba esa vida.

Me veo a mi caminando hacia la oficina era un día como otro cualquiera, nada era distinto. Me despedí de ellas con un beso en la mejilla de cada una. Recuerdo aquella vocecita que se despedía de mí con un papa en los labios y un beso en mi mejilla que me acompañaba cada mañana. Comencé a bajar las escaleras, salí por la puerta camine no más de dos calles y cogí el taxi en la misma esquina de todas las mañanas anteriores durante los 5 últimos años. Todo era normal, tan normal incluso que resultaba monótono. Llegue a la calle donde se encontraba mi oficina, se encontraba el mismo portero de siempre con la misma cara, la misma secretaría en la puerta, todo era idéntico a los últimos 5 años. Formule el mismo saludo a ambos que hacía todas las mañanas. Subía al ascensor y la imagen de una señora atora mi mente, aproximadamente de unos 40 años, pelo castaño, ojos azules y unos dientes tan blancos que resplandecían al abrir su boca. También recuerdo aunque no sé si esto es fruto de mi mente o más bien fruto de mis recuerdos. Que la señora entre el ruido del ascensor al subir decía: -Estarán bien. Tranquilo.

Todo es tan borroso, jamás he descifrado si esas palabras salieron de su boca o que esas palabras me las dijeron en el transcurso de mi transporte. No sé cómo, ni porqué, pero aparecí en un lugar lleno de árboles, tan hermoso, con un sol tan resplandeciente, la brisa te arropaba solo de oírla y cuando traspasaba tu cuerpo, simplemente era maravilloso, te sientes en paz, sosegado, con una calma que hasta ese día, solo sentía con la sonrisa de ellas.

Lástima que aquel idílico paisaje solo me tranquilizara unos segundos, hasta que por la lógica que nos ata a todos en la mente, comencé a gritar, tan alto tan fuerte, con tanto ímpetu, con tantísimas ganas que realmente creía que alguien me oiría. Pero nadie lo hizo, durante horas grite desconsolado por si alguien escuchaba mi llanto. Los primeros días fueron los peores, me sentía solo, ignorado, solo quería escuchar una voz que no fuera la mía, para saber que aún seguía vivo.

El sonido de la naturaleza, me acompañaba durante la noche, se volvió uno con mis oídos aquel sonido que formaban las hojas al moverse, los animales en el fondo de aquel oscuro bosque y yo en aquel idílico paisaje arropado únicamente con unas mantas que iban apareciendo a lo largo de los días. Unas raciones de comida que al igual que las mantas aparecían de la nada. Después de esperar durante días una respuesta, decidí mantenerme despierto, para ver quién era el artífice de aquel macabra muerte que creía yo tenía planeada. Me mantuve despierto durante 3 días. No apareció nadie. Al cabo de esos 3 días, mi cuerpo por puro agotamiento, cayó rendido en el suelo. Y al despertarme, aparecí en aquella casa.


Aquella casa.Where stories live. Discover now