El primer sueño. Cap. 1

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El reloj marcaba las diez de la mañana, los árboles estaban más verdes que nunca, una señal clara de que la primavera llegaba a su punto medio, el sol era radiante como cualquier día mágico de esos que son excelentes para dar un paseo diurno junto con la compañía del ser querido. Era un bello día a mediados de Marzo, no había mundos alternos a visitar y el clima era perfecto para salir a investigar la localidad. Tras entrar un leve rayo de sol por la ventana de su departamento decidió levantarse, frotó sus ojos mirando parcialmente su reflejo en el vidrio de la ventana para dedicarse una sonrisa frívola y tiesa, algo forzada. Cuando se halló completamente despierta camino con sus pies desnudos hasta llegar al armario, tomó un vestido corto color azul, lo lanzó en dirección a la cama y entró al baño. Después de tomar una breve ducha salió del baño y sin más deslizó aquel vestido azul a través de su cuerpo. Pronto se colocó unos zapatos cualquiera y luego tomó un cepillo que apenas peinó su larga cabellera. Finalmente, sintiéndose preparada, salió de casa, vestía como cualquier otra persona más en el lugar, perfectamente camuflada para pasar desapercibida como era su costumbre, saliendo por una de las calles de alguna esquina de cualquier casa empezó su camino, no solía memorizar del todo ese tipo de banalidades, pues no tomaba más que un respiro la estancia que acostumbraba tener en un sólo punto interdimensional. Adentrándose en las calles y avenidas, pasando por el parque central de aquel lugar, los niños del lugar, las parejas felices tomadas de la mano en una mañana romántica. La suave brisa medianamente tropical sacudia su larga y poco peinada cabellera color avellana.

~Vaya, que día tan curioso...

Mientras avanzaba por el asfaltado suelo la típica voz de los humanos y animales llegó a sus oídos en un susurro interno que golpeó al mismo tiempo partes aleatorias de aquel universo. Fue un pensamiento fugaz que sacó una sutil risilla, el hecho de poder estar de forma latosa y divertida dentro de un cuerpo como un simple juguete que divierte a un niño, dichoso de crear sus propias aventuras.
Mientras saludaba con la mano a un par de personas que pasaban por su lado, que al igual que ella estaban disfrutando del medio día, elevó su mirada hacia aquello que los humanos llaman cielo, los pájaros en el cielo pasaban retozando entre si. Aunque la bóveda celeste mostraba un turquesa impresionante que merecia resaltar, los pájaros eran los que ahora tenían su atención, particularmente uno que la hechizo, un pequeño petirrojo surcaba en círculos en el cielo, una especie un poco extraña pues sus alas eran más largas de lo normal y dejaba un tipo de estela al pasar, aquel animal curioso hizo que detuviera su paso, pero al hacerlo todo cambio.

[...]

El pequeño animal daba vueltas en el inmenso cielo, el cual, de inmediato se sumergió en un gris aperlado, después un negro casi total, el viento se hizo seco, frío y pesado, su al rededor aún más. Las grandes edificaciones a sus espaldas, frente y laterales se encontraban en llamas, destruidos por una especie de cataclismo que en pocos segundos había arrasado toda la ciudad. Los árboles carbonizados formaban un camino como si un cráter en torno a ella se hubiese creado. Mientras el alarido de cientos de voces empezaron a taladrar sus oídos con tal fuerza que casi sentía los tímpanos explotar, luego, nada. Todo de un momento a otro se encontraba en un silencio sepulcral; asfalto levantado, casas, puentes, edificios y carreteras destruidas totalmente. A sus pequeños y finos pies charcos secos de sangre junto con las partes descuartizadas de cada habitante que había visto momentos atrás. Niños sólo con el puro torso remojándose en una fuente roja, dejando ver parte de la caja torácica y la espina dorsal. En el parque, en lo que quedaba de una banqueta otros cadáveres más y cenizas calcinadas de jóvenes que trataron de escapar, una imagen tan escalofriante que descompuso por unos segundos sus facciones haciéndole soltar un grito fuerte. Y fue ahí cuando vio sus manos llenas de aquel líquido vital, dentro de ella un frenesí empezaba a hacer latir tan rápido su corazón que podía casi sentirlo y verlo sobre su pecho, mientras una sensación la llenaba, se podía decir que era un alma ansiosa que solo deseaba que aquellos sucesos crecieran y llenarán cada oquedad de su pecho con la sangre derramada por cada mínimo punto de vida que albergara hasta la parte más recóndita del planeta. Pronto, el cantar del petirrojo se alzaba al viento, dando media vuelta para verlo, este volaba en círculos mientras su bello plumaje se transformaba en fuego, el cual después de unos segundos pasaba de escarlata a negro, mismo que una vez más dejaba una enorme estela que hacia crecer al animal hasta alcanzar más o menos un tamaño moderado que le hacía descender, batiendo las alas como si este quisiera abrazarse a ella, portando unos ojos rojos, tan profundos que casi pudo sentir como su alma empezaba a arder por el calor mismo que generaba su simple semblante, escuchando la voz del mismo una manera profunda y casi melódica de llamarle.

-Mi hermosa Ada...

Despertó de golpe, se había quedado dormida mientras esperaba en la parada de taxis, estaba agitada y confundida, su corazón latía muy rápido y tenía algo de sudor en la frente. Algunas personas le miraban extrañadas, otras reían por su acción, ella sin embargo aún podía sentir en la lengua el sabor a óxido de la sangre en el ambiente, algo que revolvía su estómago lo que le causaba cierta repulsión al mismo tiempo que miraba sus manos, las cuales estaban limpias pero temblorosas, al unísono la voz de su interior llegó a su mente hasta expulsar un susurro casi ahogado, mientras trataba de calmar el tremendo latido de su pecho y más importante la perturbación reciente de su mente.

~Sólo tuve un mal sueño, seguro me quedé dormida en una mala posición que propició aquel sueño, no es nada de lo que deba preocuparme.

Susurró para sus adentros, segundos después suspiro de manera leve, dejando pasar el tiempo mientras ponía en orden sus ideas, lo mejor sería apresurar el viaje y distraer un poco su mente. Se levantó un tanto nerviosa, descubriendo que aún temblaba, dentro de ella una pregunta retumbaba "¿habrá sido de verdad solo un sueño?".


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