Nunca se han preguntado qué pasaría si todo lo que creemos real es solo una ilusión, creada por personas que se ocultan en las sombras. ¿Cómo puede ser posible tal realidad? es simple porque es más fácil engañar a una persona que convencerla que f...
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¿Se han preguntado si existe algo más en este inmenso mar de mundos y estrellas que llamamos universo?, tal vez algo superior a nosotros, misterios que se encuentran más allá de nuestra comprensión, pues yo me hice estas preguntas, hace mucho tiempo cuando apenas tenía 7 años, inspirado por las historias que mi abuelo me contaba. Pero jamás pensé que esas historias se volverían reales. Recuerdo que todo empezó una noche que aún está grabada en mi memoria como si hubiese sido ayer.
Primera entrada:
Hoy hace frío, hasta puedo ver el aliento cálido que brota de mi boca. Es una noche larga, pero entre las sombras escucho como mi abuelo sube las escaleras, hace ruido con sus zapatos que chocan contra las tablas viejas que rechinan con cada paso. En el lindel de mi puerta veo como su cabeza blanca llena de canas aparece entre la oscuridad, iluminado por la lámpara de noche que está en la cómoda junto a mi cama, la luz que cruza el cuarto me muestra que sus zapatos están llenos de lodo despertando mi curiosidad, ¿De dónde viene si vivimos en la ciudad?, no hay muchos lugares en esta metrópoli de Londres para llenarse así de lodo.
Al acercarse más se ve un hombre alto y fornido iluminado tenuemente, pero las arrugas en su rostro se difuminan entre la oscuridad y la luz revelando los años de vida que ha tenido, aun así se pueden distinguir que las más marcadas son las de su sonrisa, las cuales sin duda nunca se le han borrado de su cara. Y con una mirada profunda como el océano resaltada por sus ojos verdes esmeralda, me observan como intento arroparme en ese frió penetrante, entre luz de mi lámpara, distingo como sus parpados cansados se revelan, seguramente de todas las noches en vela que ha pasado. Trae un viejo libro, de esos antiguos, debajo el brazo, con el forro hecho de cuero, y tiene un grabado en letras doradas, las esquinas protegidas con puntas metálicas. Se acerca con un paso cansado, veo que trae dos tasas con chocolate caliente en sus manos temblorosas, maniobrando para no votarlas, teniendo ese pesado libro debajo de su brazo.
Me dice con una voz rasposa y firme - Arthur arrópate para que no cojas un resfriado, y toma un poco de chocolate para que te calientes, ten cuidado no lo riegues en la cama después tu madre nos regañara, jejeje...; Hoy ha empezado a llover en la tarde, me he olvidado el paraguas, mojándome un poco al venir a casa, espero no tener un resfriado-. Se sienta en un viejo sofá, que se encuentra alado de la lámpara de noche, iluminando su rostro.
Se arroja sobre él con tal fuerza que me pregunto si un día lo romperá. Me mira y busca sus anteojos en el bolsillo de su camisa, los saca para limpiar esos grandes cristales redondos con una franela que escondía en su bolsillo, se puede ver que el marco está un poco oxidado, luego echa un suspiro colocando las patas de los lentes en sus enormes orejas, se ríe como si recordara algo de su pasado. Abre al libro, en la portada se reflejan esas letras doradas, pero no entiendo el idioma de la inscripción.