El Viaje

56 8 1
                                        


  Estoy rompiendo un montón de viejas promesas al recordar. Pero hay veces que a los ancianos se nos clavan las cosas muy dentro y hay que sacarlas.
  Hablar de lo que duele siempre ayuda, hablarlo con personas con las que nunca lo habías hecho puede ayudar aún  más.

  Tenía dieciocho años, la vida por delante aunque no lo creyera, por todo lo que había vivido, y el mundo entero por comerme.
  Puede que en aquel entonces nada fuera como ahora, de hecho nada lo era. La chica nerviosa de pelo recogido color moreno que se sentaba en la ventana del avión con destino a Tahiti junto con su familia y la de sus tres mejores amigas, la misma chica fiestera , divertida , y loca que había  acabado el bachiller con muy buena nota y todavía no sabía lo que iba a hacer ,no fuese la que volvió a Madrid, que lo que sucedió en aquellas islas la cambiasen a ella, y a todos ...

  Me encontraba admirando las hermosas vistas, cada poro de mi piel desprendía mi nerviosismo, habíamos insistido mucho para ir y acabaron convenciendo nuestras notas de Selectividad, y ¿qué mejor celebración de mi cumple de los dieciocho que ir a Tahiti con tus mejores amigas, y tu familia claro?, estaba deseosa por bajar, se veía todo tan bonito desde arriba.

  A mi derecha estaba Laura , ella era la más alocada de las cuatro, adoraba la pintura y su nota de la Sele de artes era excelente así  que podía ser cualquier cosa que quisiera. Su pelo castaño siempre alborotado y medio rizado, sus ojos casi negros, su sonrisa siempre tan amplia  y sus curvas, que apesar de que a ella nunca la gustaron, la hacían una persona increíble, y eso solo por fuera, porque siempre fue una de las mejores personas que he conocido.

  A su lado se situaba Lucía, una "friki" de las sagas, qué si le gustaba la fiesta, sí pero no más que un libro, siempre con su cabellera castaña a la altura de su cintura, ojos color chocolate y mirada perdida, no sabía vivir sin estar enganchada a un buen libro, era increíblemente hermosa, y no se daba cuenta.

  Eso sí a ninguna nos gustaba más la ropa, la fiesta y los chicos que a Irene que se encontraba en el pasillo de al lado, su nota había sido la más baja de las cuatro, pero no era mala, algunos compañeros opinaban que el profesor corrigió de manera más considerada su examen. Sólo por su cabello rubio liso, ojos azules y cuerpo bien marcado, junto con su pequeña pasión por pasarlo bien con los hombres, ya tenía mala fama fuera a donde fuera. Pero era más  lista de lo que la gente solía creerla, era una buena amiga.

  - Calmate Silvia, me pones nerviosa , ¿qué puede salir mal ? - titubea Laura cerrando los ojos para intentar relajarse.
  - Nada nada ...solo que el avión sufra una avería y naufragemos hasta morir poco a poco de hambre o ser devorados por tiburones - La contesta Lucía alzando la voz según se iba alterando más y más.
  - No hace falta exagerar - comenté entre risas.
  - Sino exagerará no sería ella - dice Irene también riendo.
  - Os quereis callar, así no se puede dormir - se queja Lara, es la hermana pequeña de Lucía.
  -¡ Eso que sois unas cotorras!- añade Sara, la mediana de mis hermanas.
  - Además de unas pesadas, ya que habláis, ¡hablar de algo interesante ! - dice Olivia, cómo no siempre con algo que decir, era mi hermana pequeña.
  - Te quieres callar tú, enana - le dice nerviosa Lucía a su hermana.
  - Vale ya pequeñas vosotras a lo vuestro y las mayores a lo nuestro.

  Yo solo me limité a segir observando las vistas hasta quedarme dormida.
  Larta tenía el pelo un poco más claro que su hermana, pero ambas tenían exactamente los mismos ojos, era la mayor de las pequeñas.
  Después de ella iba Sara, mi hermana mediana, era increíblemente guapa, con su pelo negro ondulado, sus labios tan finos y regordetes al mismo tiempo, y ese cuerpazo que tenía esa niña de once años.
  Olivia poseía una belleza exótica, con su pelo afro, el moreno de su delicada piel, y el cuerpazo que tenía ésta también con tan sólo siete años.

  Me desperté al notar algo humedo alrededor de mis labios, abrí los ojos y enfrente estaban Lucía e Irene, Laura estaba sentada a mi lado con un boli en su mano, tenían una mirada complice entre ellas ,me fui al baño, ni hubo gran sorpresa en mi al observar su arte en mi rostro.
  Me limpiaba el bigote que me habían pintado, cuando el avión se movió bruscamente.
Volví a mi asiento, Lucía y Laura estaban nerviosas, sus piernas temblorosas hablaban por sí solas.

  -¿Turbulencias? - ellas asintieron y entendí su miedo.
  - Veis como ibamos a morir.
  - No vamos a morir... - insiste Laura, con un tono un poco cansado de las insistencias de Lucía.
  - Y esta noche estaremos en el hotel riendonos de esto - el miedo se notaba hasta en las caras de las azafatas.
 
  La verdad es que no sabía muy bien como habíamos convencido a Lucía tan rápido para que no hablará más de eso, con lo que era ella.
  Las turbulencias no cesaban, en cada movimiento brusco me agarraba más fuerte a la mano de Laura.

  - Bueno Laura piensa que esto es como cuando subíamos a la lanzadera y nos quedabamos arriba esos seis segundos...
  - Sí, pero esto es peor que esos seis segundos - nos sonreímos, pero el temor de esos momentos era perfectamente reflejado en nuestros ojos, como todo en ese avión, estabamos acojonadas.

  Cuando oí que ibamos a aterrizar, no me lo podía creer, mi paraiso empezaba, un mes y medio de playa, amigas, fiesta y chicos.

  - ¡Que ganaaaaas! - dice Laura nerviosa, mientras que nos agarra de la mano a Lucía y a mi apretando muy fuerte.
  - En unos minutos estaremos en tierra, todo va a salir bien, todo va a salir bien - se repetía Lucía para convencerse a la vez que apretaba fuerte sus ojos.
  - Abrochense bien los cinturones señores pasajeros que vamos a aterrizar - dijo el piloto desde su cabina.
  - En breves momentos estaran en las hermosas playas de Tahiti - añadió una azafata sonriente.

  Yo miraba por la ventana deseando llegar abajo, el paisaje era realmente hermoso y mi futuro pintaba igual de bien que lo que se dibujaba ante mis ojos. Chicos, playa, fiestas... ¿qué podía salir mal?

Siempre Aquí Conmigo Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora