Y me he roto una vez más. Rota y desamparada, vacía, o llena, pero de rabia. Y vuelvo a formar parte de un juego que me come por dentro, que me ennegrece el alma y me deja en ruinas. Aunque me duela, aunque no quiera, me siento muerta, escondiendo mi vida como si fuese la única salida de este infierno. Estoy lejos del cielo, del empíreo; cerca de un par de lágrimas y un rostro negro. O un alma gris, o lejos de cielos nocturnos bajo mi pelo mientras pienso en las maneras de acabar con la soledad, de cantar unas cuantas baladas lentas sin final. Lejos de eso porque ni siento ni comprendo; pero tan cerca que lo noto con los dedos.
y pudo haber amaneceres bellos, pero quedaban tan lejos que el sonido de las vías fue la nana del infierno.
