5: Entre sueño y realidad

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Luego de pensar lo suficiente en aquella propuesta terminó excusando y disfrazando aquella mala idea con la respuesta más sencilla y necesaria que se le pudo ocurrir, su guitarra y los recuerdos de su padre lo merecían.

Llegó a casa mucho después de la media noche y esperaba encontrarse con Marcos al umbral de la puerta, pero eso no sucedió, cosa que le intrigo pero que no le dio mucha importancia. Introdujo la llave en la cerradura y después del click, giró el cerrojo. Todo estaba en penumbra, iluminado levemente por la luz de la luna, la cual entraba a través de la ventana y la cortina, el viento la movía con suavidad indicándole que la ventana, estaba abierta. Nuevamente ignoro aquello y se dirigió al baño.

Allí se despojo de su ropa, las cuales sentía que pesaban más de lo habitual, estaba cansado y sobre todo estresado, un baño renovador y un sueño agradable era todo lo que necesitaba para pensar mejor en como haría para sacar a la señorita Foster de su casa sin tener más problemas de los necesarios. El agua estaba tibia y eso lo agradecía de enorme manera, de lo contrario estaría sometiéndose a más tensión de la que ya poseía en su cabeza.

"¿Y si nos vamos por la parte de atrás?"

Pensó introduciendo su cabeza en la cascada incesante que salía de la ducha, observando sus pies húmedos.

—¿Y si nos atrapan? —dijo en un susurro para hacer una mueca— ¿De verdad estoy considerando hacer eso?

No podía creer que lo único que venía a su mente fueran formas de ayudar a cumplir el capricho de aquella muchachita, ni siquiera hacia un intento de imaginar alguna otra forma de actuar, debería de poder convérsela de otras soluciones, porque después de todo no pensaba vender su guitarra, eso jamás, preferiría quedarse sin empleo que hacerlo. Y como si de un mal chiste se tratara vino a su mente la imagen de Samantha con su rostro afligido, triste y melancólico. No, no podía verla así de nuevo, no quería de hecho.

Agito su cabeza provocando que el agua en su cabello llenara la losa del baño. Qué le importaba a él que ella pusiera esa cara, que se sintiera triste y sola, sin ninguna forma de escapar de aquella casa que la mantenía cautiva, que no la dejaba respirar aire nuevo, conocer personas nuevas, disfrutar de pequeñas cosas, que podía importarle si lloraba sola en su habitación a falta de amigos reales, a falta de amor familiar real.

¡Rayos! ¿Qué le importaba aquello?

Cerró con pesar la regadera tomando una toalla verde militar que estaba a un lado y la pasó por su cabello sin salir aun de la ducha. Después de observar que ya no caía tanta agua de su cabello la enrolló en su cintura dirigiéndose al lavamanos, miro su semblante en el espejo y se preguntó si estaba bien. No se sentía enfermo, pero tampoco se sentía como si fuera él, algo claramente había cambiado pero no sabía qué y menos el porqué.

Tomó su cepillo dental y comenzó con la tarea de higiene, era normal que aquellas cosas del aseo personal lo agobiaran mucho, en su carrera era necesario tener buena presencia, sobre todo buenos hábitos de higiene para no dañar su imagen.

Una vez en su habitación se colocó su pijama, el cual constaba con un mono de algodón negro y una camisa manga larga verde oscuro, algo suave y cómodo, no deseaba pasar frío esa noche, la cual parecía y prometía serlo. Pero todo lo contrario de ello dentro de sí mismo se creó un infierno.

El sueño no fue placentero, comenzó con un prado verde y hermoso, flores en amarillo y naranja rodeaban el lugar, las hojas de los arboles parecían estar cambiado su color, el cielo estaba claro, sin ninguna nube en él. Estaba maravillado por aquella imponente vista, había conejos blancos con colita de algodón de azúcar, mariposas jugueteando en el aire con alas de papel origami y el canto de muchas aves.

Acordes en la piel - Varios AutoresWhere stories live. Discover now