La camarera nos trae el vino, frío, y Ana enseguida da un pequeño
sorbo sin dejar de mirarme con un brillo en los ojos.
—Me lo he pasado muy bien este fin de semana, de verdad —dice con
un tímido deleite en la voz.
Yo también me lo he pasado muy bien, y me doy cuenta de que hacía
mucho que no disfrutaba de un fin de semana... desde que Susannah y yo
rompimos. Se lo digo.
—¿Qué es un polvo vainilla? —pregunta.
Me río porque no me esperaba esta pregunta, ni que cambiara tan
radicalmente de tema.
—Sexo convencional, Anastasia, sin juguetes ni accesorios. —Me
encojo de hombros—. Ya sabes... bueno, la verdad es que no lo sabes,
pero eso es lo que significa.
—Oh —se sorprende.
La veo algo alicaída. ¿Y ahora qué?
La camarera nos interrumpe y deja dos platos de sopa.
—Sopa de ortigas —anuncia, y vuelve a la cocina dándose aires.
Ana y yo nos miramos, luego contemplamos la sopa. La probamos
enseguida y a ambos nos parece buenísima. Ella suelta una risita al ver mi
exagerada expresión de alivio.
—Qué sonido tan bonito —digo en voz baja.
—¿Por qué nunca has echado polvos vainilla? ¿Siempre has hecho...
bueno... lo que hagas?
Ella y sus constantes preguntas...
—Digamos que sí.
Y me planteo si ser más explícito en mi respuesta. Deseo que se abra a
mí; quiero que confíe en mí. Nunca he hablado de ello con nadie con tanta
franqueza, pero creo que puedo fiarme de ella, así que escojo las palabras
con mucho cuidado.
—Una amiga de mi madre me sedujo cuando yo tenía quince años.
—Oh.
La cuchara de Ana se detiene a medio camino entre el plato y su boca.
—Sus gustos eran muy especiales. Fui su sumiso durante seis años.
—Oh. —Y suelta un suspiro.
—Así que sé lo que implica, Anastasia. —Ya lo creo que lo sé—. La
verdad es que no tuve una introducción al sexo demasiado corriente.
Nadie podía tocarme. Todavía es así.
Espero a ver cómo reacciona, pero sigue tomándose la sopa mientras le
da vueltas a lo que acabo de decirle.
—¿Y nunca saliste con nadie en la facultad? —pregunta cuando se ha
terminado la última cucharada.
—No.
La camarera nos interrumpe para llevarse los platos vacíos. Ana espera
a que se aleje.
—¿Por qué?
—¿De verdad quieres saberlo?
—Sí.
—Porque no quise. Solo la deseaba a ella. Además, me habría matado a
palos.
Parpadea un par de veces mientras asimila esos datos.
—Si era una amiga de tu madre, ¿cuántos años tenía?
—Los suficientes para saber lo que hacía.
—¿Sigues viéndola?
Noto que está impactada.
—Sí.
—¿Todavía... bueno...?
Se pone tan roja como un tomate y hace un mohín con la boca.
—No —digo enseguida. No quiero que se haga una idea equivocada de
mi relación con Elena—. Es una buena amiga —añado para tranquilizarla.
—¿Tu madre lo sabe?
—Claro que no.
Mi madre me mataría... y Elena también.
La camarera regresa con el segundo plato: venado. Ana toma un largo
trago de vino.
—Pero no estarías con ella todo el tiempo...
No presta atención a la comida.
—Bueno, estaba solo con ella, aunque no la veía todo el tiempo. Era...
difícil. Al fin y al cabo, todavía estaba en el instituto, y más tarde en la
facultad. Come, Anastasia.
—No tengo hambre, Christian, de verdad —dice.
Entorno los ojos.
—Come —insisto sin subir la voz.
Intento controlar mi ira
—Espera un momento —pide en un tono igual de calmado que el mío.
¿Qué problema tiene? ¿Elena?
—De acuerdo —accedo.
YOU ARE READING
GREY
Actionme gusta mucho esta historia asi que desidi poner este libro asi que espero y les guste
