...Me encontraba tirada en una colchoneta. Me sentía como si mi cuerpo tuviera el triple de su peso normal y no podía mover mi pierna derecha.
¿Cómo llegué aquí? Y entonces, rápidamente, en un desesperado afán de supervivencia, abrí los ojos e intenté levantarme. A lo que mi cuerpo respondió con un mareo aturdidor. Duré un par de segundos mientras mi cuerpo se acostumbraba a aquel ambiente y, cuando por fin mis ojos se adaptaron a la luz, me di cuenta que estaba hospitalizada. Mi pierna tenía una extraña banda y, al parecer, estaba anestesiada porque no me respondía. No tengo la menor idea de cómo llegué hasta aquí. Lo último que recuerdo fue que estaba sudando profusamente en la parada de autobuses.
Un moreno alto y fornido, que vestía una impecable bata blanca, se asomó a mi puerta interrumpiendo mis pensamientos. Asumí que era el doctor. Al parecer no sería tan malo tomar un receso después de todo.
- Noto que ya se ha despertado, ¿cómo se encuentra?
- Estoy mucho mejor. Ya no... - el doctor se acercó lentamente y me brindó una vista mucho mejor, haciéndome perder el hilo de la conversación. Definitivamente, no hay mal que por bien no venga.
- Disculpe, ¿me decía?
- ¡Oh, perdón! Sí, estoy muy bien - respondí.
- Me podría explicar ¿qué le paso?
- Bueno, esta mañana tuve un pequeño contratiempo con la mascota de mi vecina. Al parecer, el perrito no vio que iba pasando.
- ¿Y luego?
- Pues me encontraba en la estación de autobuses, ya que me iba de vacaciones, y acabo de despertar aquí.
- ¡Oh! ¿hacia dónde se dirigía?
- Pues iba a... - al parecer, la pregunta me perseguía.
- ...A experimentar nuevas cosas, salir de la rutina.
- Ya veo. ¿Qué usted hace normalmente?
- Bueno, me encanta pasear y ver películas. Y ya que me ha hecho tantas preguntas, deme una oportunidad: ¿usted qué hace?
- Normalmente, arresto personas relacionadas con asesinatos. Y, casualmente, en eso estoy.
YOU ARE READING
Machismo: Historia de una asesina
Mystery / ThrillerLas últimas gotas de sangre se escurrían y caían lentamente, mientras el cuerpo, aunque inerte, permanecía aún erecto y sin las más mínimas intenciones de cambiar de posición.
