"How old is your soul?"
Era cinco de octubre cuando lo ví por primera vez.
Hacia mucho calor, lo cual era raro porque estabamos en otoño, pero qué podemos hacer cuándo la tierra está dañada y sólo trata de hacernoslo saber.
Había llegado temprano a la facultad y no tenia nada más que hacer que ver a la gente pasar mientras Sleeping At Last sonaba fuertemente en mis oidos.
Él caminaba sólo, mirando a todas partes, buscando algo.
No podía dejar de mirarlo, y no sabía porqué.
Parecía normal, no destacaba de las demás personas, fácilmente podría perderse en un mar de gente.
Pero tenía algo.
Un algo que hacía que yo pudiera verlo a pesar de estar rodeado de personas.
Era un aura luminosa que hacía que no desapareciera de mi vista.
No sabía que era, pero yo podía verla.
Esa luz que emanaba, esa luminosidad.
Me levanté de mi asiento para poder seguirlo.
Mis piernas avanzaban directamente hacia él, no podía controlarlas, caminaban con vida propia.
En un momento de nuestro recorrido (él buscando y yo acosando) me perdí.
No me refiero a que no sabía dónde estaba, si no que mi mente no procesaba lo que estaba mirando.
Los árboles brillaban con luz flourescente, el pasto se iluminaba cada vez que daba un paso sobre el, las flores se movían de lado a lado como si cantaran al mismo son.
Y ahí estaba él.
También brillaba.
Una luz iluminaba su silueta y me pregunté si estaba en el cielo.
"Ahí estás" Su ronca voz me sorprendió.
Miré hacia atrás, pensando que le hablaba a alguien más, pero el tomó mi mentón y me obligó a mirarlo.
"Te hablo a ti, Louis William Tomlinson." Mi barbilla hubiera tocado el piso si él no la hubiera estado sosteniendo.
"¿Me-e habla-as a mi?" Patético, claro que me hablaba a mi, dijo mi nombre.
"Te estaba buscando." Estaba drogado.
No él, yo.
Tenía que estarlo, si no no sentiría que mis pies dejaban el suelo, o podría el chico frente a mi ser real.
"¿Por qué? No te conozco." Mi voz salía en susurros, pero él estaba escuchandome.
"Tú no me reconoces, pero tu alma sí." Puso su mano, la cual era enorme, sobre mi pecho. "Tu alma sabe quién soy, si no, cómo explicas que sentiste algo al verme."
Bajé la mirada hacía donde estaba posada su mano.
Mi corazón parecía que quería salirse de mi pecho y llegar hasta él.
"¿Mi a-alma?" No podía dejar de tartamudear, mis mejillas estaban ardiendo.
Él se alejó un paso, se sentó en la esquina de una banca y me sonrió de lado.
"¿Crees en las almas gemelas, Louis?"
"¿Debería?" El chico bajó la cabeza y sonrió.
Yo bien pude haber muerto después de ese gesto.
"Hay un mito." Comenzó. "El mito del hilo rojo, ¿lo conoces?"
Suspiré, miré a mi alrededor.
Aún seguía en la facultad, la gente aún seguía su vida normal.
" «Un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romper»." Recité.
"Eres mi hilo rojo." Lo dijo sin inmutarse, mirandome a los ojos.
"Ni siquiera te conozco, no sé tu nombre, nunca te había visto."
"No necesitas conocerme para saberlo, lo sientes."
"¿Quién eres?"
"¿Quién quieres que sea?" Estaba delirando.
Estaba muriendo.
Había llegado al cielo, de eso estaba seguro.
El hombre frente a mi sólo podía ser creación del cielo.
"Quiero que seas mío." ¿De dónde había salido eso?
El chico se acercó a mi, su sonrisa con hoyuelos se quedo grabada en mi retina.
"Soy tuyo."
Sus manos, fuertes y grandes, deabularon por mi cintura y se detuvieron en mis caderas.
Su cabello, largo y rizado, volaba en todas direcciones.
Sus ojos, oh bellos ojos, nunca había visto un color como ese.
Sus labios llegaron a los míos y mi corazón saltó de alegría.
Siempre había creido en las almas gemelas.
Los mitos y leyendas de amores verdaderos me ilusionaban.
Nunca creí que pudiera encontrar a mi alma gemela.
Al menos no en esta vida.
Pero aqui estaba, sosteniendome como si fuera lo más valioso en su vida.
"Harry" Dije exaltado.
Miré hacia mi derecha, el sol de la mañana inundaba la ciudad.
Otra vez había soñado con él, otra vez me había despertado vacio.
Dormiría por siempre sólo para volver a ver su rostro.
O tal vez, me sumergiría en el mundo sólo para buscarlo.
"Harry, encuentrame."
