La caída no dura mucho. El viento revuelve mi corto cabello, azotándome las mejillas y la frente, y de pronto siento nostalgia de cuando se encrespaba rebelde, un mechón apuntando en cada dirección, los rizos revueltos y siempre indomables. Con vida propia.
Siento el golpe contra el agua, dura como el cemento, y oigo el chasquido profundo de los huesos de mi cadera al romperse. Tal vez nos equivocamos. De cualquier modo, es mejor que Laura no esté aquí, porque su frágil cuerpo no lo resistiría y Bo me matará si llega a ocurrirle algo estando bajo mi responsabilidad. Me hundo en el vacío, inmóvil, con la espalda rota, incapaz de nadar, demasiado inhumana para necesitar respirar. Cierro los ojos.
Al abrirlos, me doy cuenta de que no estoy en el agua. No estoy herida. Ni siquiera estoy mojada. Me pongo en pie rápidamente, y miro en torno a mí.
Me rodean individuos de lo más extraño. Y yo no es que sea muy escogida en cuanto a las rarezas de la gente. Estos son raros en cualquier canon, humano o vampírico. Todos tienen el pelo de colores extraños, blanco, azul, verde, rojo... incluso se aprecian algunas mezclas, como una mujer que me mira con aire torvo por un flequillo verde y azul. Sus ojos también presentan colores y combinaciones extrañas, y los colores de su piel van de un pálido marfileño, brillante como el nuestro, a un negro intenso, de ébano. Y sus ropas, unas demasiado anticuadas, otras demasiado futuristas, están fuera de lugar aquí. O quizás este sea el único sitio donde encajen.
Me acerco a Bo, que está sentado en un rincón, sujetándose la cabeza con las manos, con los ojos fuertemente cerrados y los dientes muy apretados.
– ¿Qué te pasa? – susurro, apoyando una mano en su hombro izquierdo. La caída ha sido dura, pero a mí no me duele nada en absoluto.
Él me mira, con los ojos entrecerrados y la mirada turbia. En sus ojos hay auténtica agonía.
– Cuando llegué, aún no nos habían identificado como amigos y se defendieron de lo que creían que era un ataque – me explica, con la voz estrangulada.
– Vaya... – murmuro, consternada –. ¿No decía Alyende que eran familia suya?
– Lo eran... – asiente Bo, con una mueca que no sé cómo interpretar –. Su hermana hace dos décadas que está muerta.
Silbo por lo bajo. Sé que Alyende perdió el contacto con su hermana porque esta lo despreciaba por su condición vampírica, porque Alyende se negó a dejar renunciar a la sangre humana, porque lo consideraba un ser demoníaco y aberrante.
Decían que era una joven admirable. Tanto, que logró sin proponérselo que uno de los místicos Tuatha Dé Dannan se enamorase de ella. Una mujer bellísima y extraordinaria, valiente e inteligente, recta y poderosa. Una joven extraordinaria que no supo aceptar a un hermano extraordinario.
– ¿Dónde está Laura? – pregunta mi creador de pronto, mirando a nuestro alrededor con expresión alarmada.
– No... no quiso venir – murmuro, mirando al suelo, sin atreverme a mirarlo a la cara, sin atreverme a decirle aún lo que ha ocurrido, el fallo imperdonable que he cometido. Bo me mira fijamente, con los ojos muy abiertos.
– ¿Qué? – susurra, y su voz suena como el restallido de un látigo.
– Estaba aterrada, sabes como son los humanos, todo emociones, y ella lo es incluso más, bueno, no quería bajar y... – digo deprisa, buscando desesperadamente un modo de justificarme a sus ojos.
– ¿Y la dejaste allá arriba sola? – me pregunta, con tono resignado.
Titubeo, me muerdo el labio, paseo los ojos por la sala en la que estamos esperando. ¿Cómo se lo digo? ¿Hay algún modo de decir lo que tengo que decir, sin que suene tan terrible como es en realidad? ¿Hay algún modo de que pueda decir esto sin que Bo se enfurezca conmigo?
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Nightmare
VampireDesde que perdió su humanidad, Neya no ha dejado de celebrar ser un vampiro. Cierto es que a veces se siente un poco sola, pero... ¡vamos! Ella y su creador, Bo, son parte de los llamados "Nightmare", una élite vampírica dedicada a proteger a los de...
