Secretos

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Cuando ya habían pasado la mitad de las clases se escucho un timbre ensordecedor y todos los chicos comenzaron a sacar bolsas con comida o dinero y corrieron hacia la puerta, amontonándose de tal manera que ninguno de ellos lograba salir.

-¿por qué corren y se amontonan como si no hubiera un mañana?- preguntó algo confundida Violetta.

-Es hora del receso, nos dan media hora y como la mayoría son hombres les encanta comer en cinco minutos y usar todo el tiempo restante en jugar fútbol, no te sorprendas si volviendo a las clases el salón no tiene un muy buen olor- respondió en un tono de diversión Marianne.

-Hombres, ya entiendo.- respondió.

Después se puso a buscar con la mirada a León, no es porque le gustara, ¿cómo le iba a gustar cuando sólo tenía unas horas de haberlo visto por primera vez? Es solo que le causaba una gran curiosidad, parecía un chico presumido pero no se iba a guiar solo por las apariencias, antes eso le había costado miles de bromistas.

-Vamos, Violetta, los chicos ya han salido, ahora es nuestro turno- dijo Marianne de manera amable.

-Claro.- contestó- Perdón si soy una molestia pero ¿me puedo juntar contigo en el receso?- preguntó algo apenada.

-Pero claro que si, te presentaré a todas mis amigas y ahora también serán las tuyas.- dijo mientras tomaba la mano de Violetta y la comenzaba a jalar hacia afuera.

Violetta se dio cuenta de que resultaba ser una chica muy fuerte, ya que podía moverla y arrastrarla sin mostrar alguna muestra de estar haciendo esfuerzo, las apariencias si que engañaban. ¿Quién decía que esa chica más delgada y pequeña que ella era tan fuerte?

-Hey, Violetta, ¿estás en el mundo de los sueños?- preguntó Marianne con la preocupación y diversión reflejada en su rostro.

-¿Eh?- cuestionó Violetta, sin embargo se quedo en shock al darse cuenta que ya se hallaba en un lugar diferente al salón de clases.

Ahora se encontraba en lo que parecía ser una especie de cafetería pequeña, donde muchas personas se amontonaban, sin seguir un orden y dando empujones con tal de ser los primeros a quienes las personas que atendían les dieran su comida. Por un momento Violetta se los imagino a todos como los niños ricos que estarían lanzándoles dinero a las señoras, como si ellas formarán parte de un show, como si fueran animales a quienes se les lanza alimento para ver como reaccionan.

Tal vez lo que pensaba en ese momento estaba totalmente alejado a la realidad, sin embargo eso no le impidió sentir una especie de odio hacia aquellas personas.

En cierto momento decidió que debía de dejar de juzgar a la gente, ella era la nueva en aquel ambiente y tal vez así es como se llevaban a cabo las cosas en ese lugar, de alguna manera tendría que haber un momento en que ella se acostumbraría a eso y al ver que todos los demás chicos que no estaban en la fila no le daban importancia dedujo que había sido así siempre.

Violetta seguía a Marianne mientras pensaba en todo eso, ella la llevaba entre la gente y le abría camino para que las dos lograran pasar. Parecía que buscaba un lugar en concreto, como si supiera de un rincón oculto para todos los demás, pero no fue así, llego a una mesa de madera con sentaderas a los costados donde se encontraban otras dos chicas, ella corrió a abrazarlas como si llevara una vida sin verlas.

Pero, son jóvenes, un mes es igual a toda una vida para ellas.

A la vista de Violetta las dos chicas parecían muy agradables; una de ellas tenía el cabello negro y algo ondulado, ojos oscuros, pero la piel blanca y llena de pecas, al igual que Marianne era muy pequeña y delgada. La otra chica era mas alta que Violetta, tez morena pero cabello castaño claro, tenía una nariz de patata y parecía ser la chica mas atlética que haya visto jamás en su vida.

Cuando Marianne terminó  de saludarlas prosiguió a presentarlas.

-Violetta, ellas son mis amigas: Brenda- dijo señalando a la chica de su altura- y Estefania- continuó, señalando a la chica de cabellos claros- ellas son mis amigas desde hace dos años, son todo lo contrario a mi, pero juntas formamos una muy alocada combinación, ahora será una de las nuestras.- dijo guiñándole un ojo.

Violetta saludo a las dos chicas y se presentó.

-Hola, yo soy Violetta Castillo y soy nueva en la escuela- dijo algo nerviosa.

-¡Oh, con que tu eres la chica nueva!- exclamó Brenda de repente.

-¿A qué te refieres?- preguntó Violetta ¿cómo podían saber de ella? Era su primer día, no había pasado ni 4 horas desde que entro a las clases.

-Mónica se esta encargando de informar a toda la escuela que eres una persona horrible, que viniste a robarle su lugar decir ella se ha ganado con los años, que le quieres robar a León y bla, bla, bla. La verdad es que no le puse mucha atención, no me interesa saber de que habla ese niñita de papi- comentó Estefania con un notable coraje y enojo en su voz.

-Genial, no llevo ni un día aquí y ya me conseguí una enemiga, he batido un récord, estoy casi segura- comentó quitándole importancia.

-No te preocupes por lo que diga ella, la mitad de la escuela piensa que es una santa, mientras que la otra mitad sabe la horrible persona que es- dijo Marianne mientras limpiaba la manzana que estaba a punto de comer.

-¿Entonces, ustedes no le creen?- preguntó a Brenda y Estefania.

-Para nada.- respondieron las dos al unísono.

-Gracias, chicas.- agradeció Violetta con una gran sonrisa. En verdad le alegraba que alguien no se dejara guiar por lo que decía alguien más.

Recordaba todo lo que se decía de ella en la escuela anterior, lo peor es que en su antigua escuela todos se lo creían. Sin embargo ella tenía un secreto por el que todos la odiaban, amaban o usaban. Un secreto que estaba segura que no tardaría en ser descubierto porque formaba parte de su ser, solo esperaba que esta vez no le afectara tanto como había ocurrido cientos de veces antes.

© Andrea Yamilet Copyright

¿Amigos? /Leonetta/Where stories live. Discover now