Capítulo XVI

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*El momento más esperado entre Elise y Oberyn ha llegado :) para todas los/as fans. Gracias por ser así y me motivan a seguir escribiendo*

Symond fue quien propuso repetirlo, y esta era la tercera vez en la semana que lo hacían.

El grupo estaba compuesto por siete personas, ocho contando a Elise.

Estaba su padre, Doran, Oberyn, Dagos Manwoody (señor de Sepulcro del Rey, un hombre fornido de cabello castaño y ojos color avellana. Bastante alto y fuerte) él cual se dedicaba a contar los chistes más obscenos que Elise hubiese escuchado en toda su vida, su hijo mayor y heredero Mors (un muchacho larguirucho unos cuantos años menor que Elise), Franklyn Fowler, también llamado "el viejo Halcón" (señor de Dominio del Cielo. Un hombre elegante, aunque demasiado serio de cabello negro y canoso, poseía una barba oscura que cubría sus mejillas. Elise dedujo que debería tener al rededor de cincuenta años) y por ultimo Lord Tremond Gargalen, (señor de Costa Salada. Y al parecer uno de los mejores amigos de Oberyn).

No podía negarlo, el grupo era bastante divertido: todos recitaban historias, cantaban canciones, o contaban algún que otro chiste.

Elise agradeció a los Dioses el hecho de no ser la única mujer del grupo aquel día. Pues a a diferencia de los viajes anteriores, Mellario de Norvos (esposa de Doran, y señora de Lanza del Sol) también iba en el grupo, montando un corcel color blanco. Habían entablado varias conversaciones en las ultimas horas y parecía ser alguien muy agradable.

La mujer era muy exótica; de piel oscura, cabello rizado de color negro largo hasta la cintura.

Elise no la consideró exactamente bella, pero si era atractiva. Además de gentil, Mellario era bastante carismática y alegre. Sin embargo, a la joven le llamo la atención el poco contacto que había entre Mellario y Doran. Pues para ser un matrimonio no demostraban mucho afecto el uno por el otro. Pero Elise decidió no entrometerse, ya que no era asunto suyo.

Elise montaba la misma yegua que montó en los últimos días: de color café, bastante fornida, muy bonita. Se llevaron bien enseguida.

Tremond y Dagos cantaban a lo alto "la mujer del dorniense", una canción común de Dorne. Todos en el grupo reían y los acompañaban en algunas estrofas.

El clima era terriblemente húmedo, a pesar de que el cielo se encontraba nublado desde hacia un par de días. Sin embargo, Elise ya se había acostumbrado, y no le resultaba una molestia.

La joven llevaba el cabello suelto, sin ningún arreglo. Vestía una camisa color crema de seda bastante holgada y unos pantalones beige algo ajustados. Se veía muy bonita y bastante natural, y le agradaba.

A Oberyn parecía agradarle mucho también, pues no apartaba la vista de la joven. Y viceversa.

Durante los viajes, en sus cabalgatas, no hacían mas que dedicarse miradas, sonrisas y comentarios por lo bajo. Mantenían pequeñas conversaciones, y Oberyn se las empeñaba para hacerla reír una que otra vez.

Symond estaba muy ocupado conversando con Doran y el resto de los hombres. Mientras que nadie más parecía notarlo.

Elise sabia a la perfección que no era la única mujer en la que La Víbora Roja se mostraba interesado, y claramente no estaba solo en las noches. Pero decidió no prestarle atención, después de todo...no los unía ningún vinculo. Y además, no le importaba. Lo quería a él, eso era todo lo que necesitaba.

Decidieron cabalgar hacia el sur de la cuidad, cerca de las orillas del mar de Dorne, como lo habían hecho antes...tristemente siempre recorrían el mismo camino. Elise se sintió aburrida. Conocía esa ruta como si fuera su propia mano, y al parecer el grupo no tenia planeado cambiarla.

El Sol de DorneOù les histoires vivent. Découvrez maintenant