Javi, ¡Cuánto tiempo!

123 19 0
                                        

Mario le reconoció perfectamente, era su mejor amigo Javier, que tenía 18 años, contraste con los 15 años de Mario. Javier también le reconoció, y se fue hacia el asiento que había a su lado, que por suerte estaba vacío.
–Mario, ¡que sorpresa!, ¿qué es de ti por esta calle?

Mario se quedó tiempo callado, mirando por la ventana:
–Mario, ¿te pasa algo?
Al rato, dijo con voz rota:
–¿Te acuerdas de Marina?
–¡Claro! ¿Cómo olvidarla?
–Ha... ha fallecido...

Al decir esto último, Mario se giró y miró la cara de Javier, y fue como si se mirase a un espejo, tenía la misma cara de asombro, dolor, tristeza...
–Y... ¿y por qué?
–Estaba embarazada, y no ha podido soportar el parto. Su hija tampoco.
–¿Y quién es el padre?

Mario miró ésta vez al suelo:
–La verdad... la verdad es que no nos lo han dicho.

Pasaron tres, cuatro y cinco paradas en las que los dos permanecieron callados pensando en la misma cosa: Marina.

–Bueno Javi, ¿qué ha sido de ti? Hace un año o así que no nos vemos, ¿te ha pasado algo interesante?
–La verdad es que mucho. Empecé a salir con una chica, y ahora estamos en una "relación estable", por así decirlo. Mi padre me ha conseguido unas prácticas en el hospital de la calle 16, el que está junt...
–¿En el hospital de la calle 16? —dijo cortándole abruptamente-.
–Sí, ¿por qué?
–Marina ha fallecido allí.
-¿Y cómo es que ni yo ni mi padre nos hemos enterado enterado?

–Ingresó esta mañana.

-¡Claro!, es que yo hoy no he ido.

-Javi, ¿te puedo pedir un favor enorme?

-Sí, sabes que cuentas con mi ayuda para lo que quieras

-Necesito saber quién era el padre. Tú podrías conseguir esa información?

–Si ella antes de fallecer lo dijo, constará en los expedientes. Mañana cuando vuelva la miro.

–Muchas gracias Javi, sabía que tú podrías hacerlo —dijo del modo más honesto que pudo—.

Pasaron otras 5 paradas. En la sexta, se bajó Mario. Javi y él se despidieron antes y quedaron en llamarse otro día para hablar más detenidamente.

Al llegar a casa, Mario adoptó un comportamiento diferente. Cuando estaba desechando la llave, su madre dio las vueltas que faltaban para que se abriese la puerta del todo. La puerta se abrió. Los dos allí parados, se quedaron mirando fijamente a los ojos. Mario se adelantó y dio un gran abrazo a su madre, ésta se lo devolvió, pero notó que estaba llorando, así que lo abrazó con más fuerza.

La cena pasó tranquila, con un ambiente triste, como casi todos los días, pero esta vez, estaban aún más tristes.

Mario se fue a dormir pronto, estaba cansado y, repetitivamente, triste. Nada más acostarse, cayó en un sueño profundo...

Nunca intentaré olvidarteWhere stories live. Discover now