Capítulo 11

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El ruido del cortacésped y el olor que desprendía se marchó dejando a su vez el olor de la hamburguesa de Nilo que acababa de traer el camarero bigotudo. Mi mirada no se alejaba del vaso de agua que posaron enfrente de mí. "El agua apaga el fuego", "y tú eres el fuego". Esas palabras resonaban en mi cabeza. Si me daba una ducha o bebía un vaso de agua me arriesgaba a morir. El agua, un elemento vital, era mi veneno.

-Aún estas en fase de prueba Diana.- Dijo Néstor, como si pudiera leer mis pensamiento a través de mi mirada.- No siempre vas a estar ardiendo ¿no?

-Si funcionara así yo me habría evaporado en las olas de calor.- Comentó Nilo mientras se limpiaba mostaza de su barbilla.

-¿Evaporar?

-Diana esto no solo te ocurre a ti.- Hugo hizo una leve pausa cuando el camarero posó sobre mí un plato de espaguetis con tomate, me hizo recordar a las comidas de los domingos en casa de la abuela, casi podía oír a mis primos pequeños correteando por el comedor. Pero ahora estaba muy lejos de allí.- Anthea, Nilo y yo también tenemos habilidades. Nilo es capaz de controlar el agua. Ann la tierra, y yo el aire.

- Y tú controlas el fuego.-Añadió Nilo con su espléndida sonrisa.

-Bueno... controlar...

-Lo hará Ann.-Hugo me miró de reojo.-Solo necesita tiempo.

Dejé de prestar atención a la conversación, y me centré en el plato de comida y en el vaso de agua. La barriga empezó a rugir, dando punzadas en mi estómago. Alcé la vista y todos estaban comiendo. Lentamente cogí el tenedor y empecé a enrollar los espaguetis, como me enseñó mi abuela. Me costaba masticar, debido a la sequedad de mi boca, pero el frío tomate ayudó a tragar la comida. El plató duró unos minutos lleno, no recordaba la última vez que probé bocado alguno, no sabía cuánto tiempo llevaba en aquel zulo, pero mi estómago se alegró mucho de haber salido. Me apoyé en el respaldo de la silla, una ola de aire removió mis cabellos. Cerré los ojos para deleitarme del silencio que me acompañaba en ese momento, la suave brisa y el roce de los rayos de sol con mi pálida piel. Tras dejar la mente en blanco unos segundos recordé donde me encontraba y del extraño silencio que me acompañaba. Eché un vistazo a mis acompañantes, todos con una mirada atónita se encontraban de pie en el extremo opuesto de la mesa. Todos menos Hugo, con las palmas abiertas estaba a tres pasos de mí. Miré la mesa, el techo y el suelo, todo estaba bien, nada carbonizado.

-¿Qué has hecho?-Los ojos verdes de Hugo eran intimidantes. Tardé unos segundos de más en contestar.

-¿Comer?

La risa de Nilo sonó demasiado fuerte, pero nada comparado con la torta que le dio Néstor en la nuca. Hugo apartó la mirada de ellos y volvió a dirigirse a mí.

-Después de comer, has cerrado los ojos, ¿en qué has pensado?

-En nada... Dejé la mente en blanco.- Mi voz era débil, Hugo tuvo que esforzarse en conseguir oírme.

-Ha sabido controlarse.-Esta vez se dirigía a Néstor.

-Una vez, ¿y cuántas veces has tenido que dejarla sin oxígeno para que parara?

-Eso ahora no importa, está aprendiendo, ¡y lo ha hecho sola!

Ann pisoteó varias veces el suelo, y la tierra empezó a temblar. Los vasos y platos se caían al suelo, estuve a punto de hacerlo también pero Hugo me cogió antes de que mi silla volcara. El terremoto duro unos segundos, pero fueron caóticos. Ann fijó sus ojos negros en mí.

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⏰ Última actualización: Sep 11, 2015 ⏰

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