¿COMO SE LLEGA A ESTO?

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Yoon Seo-jin, un chico de provincia que había logrado ser becado en una universidad privada por su gran personalidad e inteligencia, incluso llegó a ser presidente del consejo estudiantil.
​Un chico amable, tranquilo y reservado, se podría decir algo tímido inclusive. Al ser de los pocos becados en una universidad tan prestigiosa y elitista, sabía muy bien cuál era su lugar: mantener la cabeza baja, sacar las mejores calificaciones y evitar cualquier tipo de problema.
​Sin embargo, la realidad de la vida adulta no tardó en cobrarle la cuenta. A pesar de sus esfuerzos, las largas jornadas de trabajo nocturno y sus impecables notas, el peso de cinco meses de colegiatura atrasada amenazaba con derrumbar todo por lo que había luchado. Para el resto de los estudiantes adinerados que caminaban por los pasillos con ropa de diseñador, el dinero era solo un número insignificante; para Seo-jin, era la diferencia entre construir un futuro o volver a casa con las manos vacías.
​Y por si la presión económica no fuera suficiente, el destino decidió gastarle la peor broma posible al asignarlo como compañero de habitación en la residencia del campus. No con un estudiante cualquiera, sino con la única persona a la que todos preferían evitar: Kwon Do-hyuk.

-No me pueden poner con ese chico, es un bully, no me tolera y...y...

Yoon Seo-jin estaba frente al mostrador, con las llaves del dormitorio en la mano, evitando lo inevitable, ser rommie de su propio bully.

La profesora Minsae no ayudaba , para nada, no iba a retroceder, ningún estudiante quería ni soportaba a Know Do-hyuk, el único con esa paciencia era Seo-jin.

-Me temo que ya todos tienen asignadas sus habitaciones. SIN CAMBIOS.

Seo-jin no tuvo más opción que aceptar, tomar su mochila y dos maletas, eso era todo lo que tenía ahora. Camino hacia el dormitorio número 117.
Al entrar ya había cosas dentro del dormitorio, las cosas de Kwon: carteles de sus bandas favoritas (solo rock pesado), suplementos deportivos apilados en una esquina y mucha ropa sucia por todo el suelo. Las cortinas negras cubrían las ventanas, evitando la entrada del sol a toda costa y dejando el espacio sumido en una penumbra pesada.
​El dormitorio 117 era diminuto. Apenas cabían dos camas individuales pegadas a paredes opuestas, un par de escritorios estrechos y un armario compartido que amenazaba con venirse abajo. No había cocina, ni espacio para privacidad; solo una puerta al fondo que daba a un baño pequeño. La habitación olía a una extraña mezcla de perfume costoso, sudor de entrenamiento y un fuerte químico bloqueador que Seo-jin no logró identificar de inmediato.
​Seo-jin suspiró hondamente, dejando sus dos maletas a un lado del único espacio de la alfombra que no estaba cubierto de camisas arrugadas. Trató de convencerse de que podría soportarlo. Al final del día, solo necesitaba un lugar donde dormir después de sus clases y sus turnos de trabajo.
​Se agachó para empezar a desempacar sus pocos libros cuando el cerrojo de la puerta sonó con brusquedad.
​La puerta se abrió de un golpe seco, rebotando contra la pared. Ahí de pie, con la corbata del uniforme floja, la camisa blanca medio desabotonada y el cabello rubio ligeramente despeinado, estaba Kwon Do-hyuk. Tenía una lata de bebida energética en la mano y una expresión de pocos amigos que se endureció aún más al fijar la mirada en el nuevo inquilino.
​-¿Qué demonios haces en mi cuarto, becado? -escupió Do-hyuk, cerrando la puerta de una patada mientras daba un paso al frente, acortando la distancia entre los dos con esa postura intimidante que todos en el campus temían.
​Seo-jin se incorporó despacio, ajustándose los lentes con la calma habitual con la que solía protegerse.
​-A partir de hoy soy tu compañero de habitación, Do-hyuk. La administración asignó los dormitorios esta mañana.
​Do-hyuk dejó salir una carcajada amarga, aunque por un segundo imperceptible, sus ojos reflejaron un destello de puro pánico antes de volver a fruncir el ceño con rabia.
​-¿Compañero? Ni en tus sueños. Recoge tus porquerías y lárgate antes de que te saque a patadas. No voy a compartir aire con alguien como tú.

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