Durante horas habíamos seguido senderos estrechos que nos dirigian al reyno de Sylvaris en la parte mas boscosa lejos de los pueblos la aldea estaba en el centro entre los árboles, habian arboles algunos tan antiguos y enormes que sus copas se perdían en la oscuridad. A medida que avanzábamos, el silencio de Sylvaris comenzaba a cambiar. Ya no era únicamente el murmullo del viento entre las hojas. Había voces lejanas, golpes de hacha, el crujido de ramas y, de vez en cuando, el ladrido de algún perro.
Finalmente, las primeras casas aparecieron entre los árboles.
Eran construcciones sencillas de madera y piedra, levantadas alrededor de un espacio amplio de tierra. Había corrales, pilas de leña, pieles extendidas para secarse y pequeñas fogatas donde algunas personas preparaban comida. No era una aldea grande, pero estaba mucho más viva de lo que había imaginado.
Cuando entramos, las conversaciones comenzaron a apagarse.
Uno tras otro, los habitantes levantaron la mirada.
Yo sentí sus ojos sobre mí.
No eran miradas curiosas.
Eran miradas de desconfianza.
Algunas personas reconocieron inmediatamente a Boran. Los rostros cambiaron. Unos sonrieron con alivio; otros se acercaron para saludarlo. Varias mujeres, sin embargo, clavaron los ojos en mí.
Una de ellas cruzó los brazos.
-¿Quién es ella?
Boran desmontó y se volvió hacia mí.
-Se llama Lena.
La mujer me observó de arriba abajo, deteniéndose unos segundos más de la cuenta en mi vientre.
-¿Y qué hace aquí?
-Viene conmigo.
La respuesta de Boran fue tranquila, pero suficiente para que algunas expresiones se endurecieran.
Una muchacha de cabello oscuro soltó una pequeña risa.
-Claro.
Otra mujer, que estaba sentada junto a una cesta de frutas, ni siquiera se molestó en ocultar su disgusto.
-No sabía que ahora también recogías mujeres por el camino.
Boran frunció el ceño.
-No empiecen.
-no hemos empezado nada -respondió ella, levantándose-. Solo queremos saber quién es.
-Ya les dije quién es.
-Eso no explica por qué la trajiste.
Sentí un nudo en el pecho.
No quería causar problemas.
Había pasado demasiado tiempo encerrada para llegar finalmente a un lugar donde todos parecían observarme como si hubiera traído algún peligro conmigo.
Boran se acercó a mi caballo y extendió una mano.
-Baja despacio.
-Puedo hacerlo sola.
-Lena.
Su tono fue suficiente.
Puse los ojos en blanco, pero acepté su ayuda. Al apoyar los pies en el suelo, un dolor sordo me atravesó la espalda y tuve que quedarme quieta unos segundos.
Boran lo notó inmediatamente.
-¿Te duele?
-No.
-Mientes fatal.
-Y tú preguntas demasiado.
Él negó con la cabeza, casi divertido.
-Sigues siendo insoportable.
-Tú sigues regañándome.
-Porque sigues haciendo cosas estúpidas.
Algunas personas nos observaban.
La expresión de una de las mujeres se volvió todavía más desagradable.
-Qué rápido se acomoda -murmuró.
Boran la escuchó.
Su rostro cambió.
-Ya basta.
La mujer bajó la mirada, aunque no parecía arrepentida.
Él tomó las riendas de mi caballo y comenzó a caminar conmigo hacia una de las casas.
Yo no dije nada.
Solo observé.
Aquella gente lo conocía. Se notaba en la manera en que algunos se apartaban para dejarlo pasar y en cómo otros se acercaban para hablarle. Boran no era simplemente alguien que había escapado de una prisión.
Era su líder.
Y ahora yo estaba entrando en su mundo.
Cuando llegamos a la casa, una mujer mayor salió al escuchar nuestras voces.
Tenía el cabello entrecano recogido, los mismos ojos azules de boran y las manos ásperas de quien había trabajado toda su vida.
Sus ojos fueron primero hacia Boran y después hacia mí.
-Hijo- y corrio a abarzarlo, boran de dio un fuerte abrazo y la beso en la cabeza.
-Madre -dijo él-. Ella es Lena.
La mujer me observó durante unos segundos.
No había desconfianza en su rostro, solo curiosidad, volteo a mirar a borar y sus miradas dijeron algo que no entendi y sus ojos bajaron luego hasta mi vientre.
-Está embarazada.
-Sí -respondió Boran y esta muy avanzada.
La mujer se acercó inmediatamente, me puso la mano en hombro y me dijo.
-Entra, hija.
Parpadeé.
No esperaba aquello.
-¿Puedo...?
-Claro que puedes quedarte entra que estás agotada.
Boran sonrió ligeramente y me dijo.
-No pienses tanto y entra.
Lo miré con molestia.
-No eres mi padre.
-Gracias a los dioses.
Su madre le dio un golpe suave en el brazo.
-Déjala tranquila.
Boran soltó una risa.
-Como quieras, madre.
Entré.
La casa era grande de madera, cálida y mucho más acogedora de lo que había imaginado. Techo alto de madera con vigas gruesas. Paredes de madera y piedra natural.
Grandes ventanales que permiten ver el bosque y dejan entrar mucha luz.
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Latidos entre Ruinas (Borrador)
RomanceKalena Val, Para el mundo, es una extraña que ha convertido el aislamiento en su mayor fortaleza. Poseedora de una belleza inigualable que solo le ha traído rechazo, sobrevive con un sarcasmo afilado y una voluntad de hierro. no le teme a nada, exc...
