" Si Eras Tu " parte 2

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Pasaron las horas y nadie dijo una palabra. El silencio pesaba más que cualquier grito. Dean caminaba de un lado a otro con las manos en la cintura, la mandíbula apretada, sin saber si golpear algo o sentarse y llorar. Sam permanecía sentado sobre una raíz, con la mirada fija en la hierba, como si en cualquier momento el suelo fuera a tragárselo también.

Anna fue la primera en hablar, con voz apenas audible:
-Alguien nos sacó de ahí... pero no fue ninguno de nosotros.

-Castiel... -murmuró Zabdiel, mirando al cielo-. ¿Fuiste tú?

Nadie respondió. No hubo señal, ni luz, ni voz. Solo el viento moviendo las hojas.

-No fue él -dijo Sam, sin levantar la vista-. Si hubiera sido él, ya estaría aquí. Ya me habría dicho que todo estará bien.

Dean se detuvo frente a él.
-No empieces.

-Es la verdad -respondió Sam, poniéndose de pie de golpe-. Lo perdimos, Dean. Lo perdí yo. Lilith tenía razón, Ruby tenía razón, Miguel tenía razón... todo estaba escrito y yo fui el tonto que lo cumplió. Maté a Lilith, rompí el sello y solté a Lucifer. ¿Qué más falta?

-Nos falta seguir -dijo Dean, acercándose-. Nos falta averiguar quién nos sacó, dónde está Castiel, y cómo diablos arreglamos esto.

-No se puede arreglar -dijo Sam, dando un paso atrás-. Ya está hecho.

-Pues lo haremos aunque no se pueda -respondió Dean, tomándolo del brazo con firmeza-. Y si no lo hacemos tú, lo haré yo. Pero no te vas a rendir ahora mismo, no cuando aún estamos vivos.

Zabdiel los miró, angustiado.
-No sentí nada... mi gracia, mi fuerza... sigue sin volver. No puedo protegerlos como antes.

-Yo tampoco -dijo Anna, apretando las manos-. Es como si nos hubieran despojado de todo. Como si ya no sirviéramos para nada.

-No digan eso -dijo Sam, con voz rota-. Es mi culpa. Si yo no hubiera bebido esa sangre... si no hubiera estado tan desesperado por creer que podía salvarlos...

Dean lo soltó con brusquedad.
-Basta. Deja de culparte en voz alta y piensa. ¿Qué sabemos ahora? Lucifer está libre. Los sellos no importan ya. Castiel desapareció y no sabemos si está vivo. Nosotros no tenemos poderes. Y tú... tú eres el recipiente. Eso no cambia aunque te sientas culpable.

Sam levantó la vista, con los ojos brillantes de lágrimas contenidas.
-¿Y qué hago con eso, Dean? ¿Me entrego? ¿Dejo que lo use?

-No -dijo Dean, tajante-. No vamos a dejar que nadie te use. Ni Lucifer, ni Miguel, nadie.

-¿Y si no hay otra opción?

-La vamos a buscar. Y la buscaremos. No vamos a rendirnos -dijo Dean.

-Entonces vamos -dijo Zabdiel-. Debemos buscar a Chuck y ver qué es lo que sabe.

-Entonces vamos ya -dijo Anna.

Los cuatro comenzaron a caminar para buscar una carretera y así saber dónde estaban.

Al día siguiente, Chuck estaba en su casa cuando la puerta sonó. Al ir a abrir, los Winchester estaban ahí, junto a Anna y Zabdiel.

-¿Podemos pasar? -dijo Dean.

-¿Cómo salieron de la iglesia? Yo vi cómo se les venía encima todo.

-No lo sabemos -dijo Sam.

-Pasen. ¿Quieren comer algo?

-Yo sí, muero de hambre -dijo Zabdiel.

-Ustedes... todos están diferentes.

-Perdimos nuestra gracia -dijo Zabdiel.

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