Introducción

4 0 0
                                        

ね、ね、おしえて。。。
"¿Alguna vez imaginaste volver en el tiempo?
Cambiar todo aquello de lo que te arrepientes, todo aquello que te hubiera gustado hacer, todo lo que desearías no haber hecho.
Aún si volvieras al pasado... y tuvieras la posibilidad de cambiar todo... ¿aún así... elegirias no amarme?"
...
Me encuentro frente al mar, aterrorizada por el vaiven de las olas en la oscuridad de la noche, aún así me quedo de pie frente a ellas. Inmensas, se alsan frente a mi, pero -para mi suerte- al llegar a mis pies la marea desciende.
"¿Que hago aquí?" se preguntará la gente que pasa por la carretera.
"Una adolescente, triste por la edad." suelen describirme...
-Aún a una persona adulta se le vendria el mundo abajo con todo lo que sucedio en mi vida... -resongo en voz baja, como si aquellas personas que me califican estuvieran presentes.
Pero no, estoy sola, muy sola. Y creo que a estas alturas es más que claro que mi soledad no proviene de no estar rodeada de personas, tal vez por falta de amor. La respuesta del por qué de mi trsiteza es así de simple: "falta de amor". Y no, no me refiero a el tipico cliché de: "Nadie me ama". En cambio... yo no puedo amar...
¿Cómo podria amar si ni siquira yo misma valgo la pena?
. . .
Qué sueño... marea, tormenta... totalmente aterrador.
Me levanto de la comodidad de mi cama y me dirijo hacia la ventana. Efectivamente, la lluvia no tiene planeado menguar.
Voy hacia la cocina y me sirvo un vaso de leche fría, creyendo que eso aliviará el pesar que dejó aquel sueño en mi pecho. Como no lo logra, vuelvo a mi habitación...
Qué vida podrida que tengo... me la paso en casa escribiendo historias mientras miro por la ventana.
«Qué cómodo», pensaría cualquiera.
Mas un calvario es para mí.
¿Por qué hago esto? ¿Por qué la vida me trata así?
Me dejo caer sobre la cama y observo el techo durante unos segundos.
Silencio.
Solo se escucha el golpeteo constante de la lluvia contra el cristal.
Hasta que algo llama mi atención.
Un pequeño ruido.
Frunzo el ceño y me incorporo.
-¿Qué fue eso...?
Miro alrededor de la habitación. Nada.
Entonces escucho otro golpe.
Esta vez viene de debajo de mi escritorio.
Me agacho y aparto algunas hojas que había dejado tiradas la noche anterior. Entre ellas hay una caja de cartón que juraría no haber visto antes.
Me quedo mirándola.
Es vieja.
Está cubierta de polvo y tiene algunas manchas oscuras en las esquinas, como si hubiera pasado mucho tiempo guardada en algún lugar húmedo.
-¿De dónde saliste tú...?
La tomo entre mis manos.
Pesa más de lo que esperaba.
Por alguna razón, siento un escalofrío recorrerme la espalda.
No debería tener miedo de una caja.
Pero algo dentro de mí insiste en que no la abra.
Por supuesto, la abro.
Dentro hay varias cosas.
Algunas están cuidadosamente dobladas. Otras parecen haber sido colocadas allí sin demasiado cuidado.
Lo primero que encuentro es una cartera marrón.
La saco lentamente.
Me resulta familiar.
Demasiado familiar.
Paso los dedos por la superficie gastada y observo una pequeña marca en una de las esquinas.
Entonces lo recuerdo.
-Esta...
Mi voz se apaga.
La había usado durante años.
¿Cómo podía haberla olvidado?
La dejo a un lado y continúo buscando.
Hay un teléfono viejo.
Uno de esos que ya ni siquiera uso.
La pantalla está apagada y tiene varios rasguños. Lo sostengo entre mis manos, intentando recordar cuándo había sido la ultima vez que lo use.
No puedo.
Debajo encuentro varias hojas de tarea escolar.
Algunas tienen mi nombre escrito.
Mi letra.
Mis respuestas.
Mi edad.
Todo coincide.
Y, aun así, no recuerdo haberlas guardado.
-¿Qué...?
Mi corazón comienza a latir un poco más rápido.
Sigo revolviendo la caja.
Entonces encuentro una tela blanca.
La saco.
Es un vestido.
Blanco.
Lo observo durante unos segundos.
No recuerdo haberlo usado nunca.
Pero algo en él me produce una sensación extraña.
Como si estuviera intentando recordar algo que se encuentra justo fuera del alcance de mi memoria.
Lo vuelvo a doblar.
Y debajo...
Rosa.
Una yukata rosa.
Mis dedos se quedan quietos.
No sé por qué, pero al verla siento un nudo en el pecho.
La toco con cuidado.
Es suave.
Y familiar.
Muy familiar.
Cierro los ojos.
Por un instante, puedo escuchar algo.
Voces.
Risas.
El sonido de unas campanas lejanas.
Y después...
El mar.
Abro los ojos de golpe.
La habitación vuelve a estar en silencio.
Solo la lluvia.
Solo mi respiración.
Miro nuevamente dentro de la caja.
No hay nada más.
-¿Por qué tengo todo esto...?
No obtengo respuesta.
Claro que no.
Me siento en el suelo, rodeada de objetos que parecen pertenecer a una versión de mí que ya no recuerdo.
Y entonces noto algo.
En el fondo de la caja hay un pequeño papel doblado.
Lo tomo.
No sé por qué me tiembla la mano.
Lo abro.
Está vacío.
Excepto por una frase escrita en el centro.
Una frase que reconozco inmediatamente.
Porque esa letra... es del abuelo
«No olvides que aún falta una tarea.»
Me quedo inmóvil.
Afuera, un trueno hace temblar los cristales.
Y, por primera vez desde que desperté... tengo miedo de recordar.

You've reached the end of published parts.

⏰ Last updated: Sep 23 ⏰

Add this story to your Library to get notified about new parts!

El eco de la mareaStories to obsess over. Discover now