El sol de Essos se ponía sobre las colinas áridas, tiñendo el horizonte de un rojo tan espeso que parecía sangre fresca.
Desde el balcón de la residencia que los acogía por piedad ajena, Aerion Targaryen contemplaba el paisaje, sintiendo el viento cálido golpear su rostro.
Ahora ya tenía 18 años, una edad en la que un príncipe de la dinastía legítima debería estar liderando guarniciones, vistiendo armaduras relucientes o rompiendo lanzas en torneos para el deleite de la corte. Ya que sus años de vida serían de pura herencia valyria, con un fuego interno que rugía por salir, sin embargo,
se encontraba atrapado en un cuerpo que los maestres clasificarían como fragil , pero que él sabía que estaba destinado a la grandeza. Miró sus propias manos, pálidas y esbeltas.
¿Cuánto tiempo más tendrían que vivir de las migajas de los mercaderes? ¿Cuánto más tendrían que esperar para que el mundo recuerde quiénes eran?.¿Cuánto tiempo más tendría que contener la furia que ya hacía en su interior?
—Deja de buscar respuestas en la tierra, Aerion. El desierto no te dará una corona solo porque se lo pides con la mirada. No es como si la merecieras después de todo.- La voz fría de Valar cortó el silencio como un cuchillo, sacándolo abruptamente de sus pensamientos. Aerion no se movió, manteniendo la espalda recta mientras su hermano mayor caminaba hacia él, deteniéndose a un par de pasos. No hubo toques, ni la falsa calidez de un hermano protector; solo la mirada calculadora de un hombre que medía el valor de lo que podría ser su mayor mercancía.
—Mañana saldremos hacia el campamento —continuó Valar, sus palabras arrastrando una crueldad apática que hizo que a Aerion se le helara la sangre—. Tu apariencia al fin servirá para algo más que para mirarte en los espejos rotos de este sitio o engañar a mercaderes por tu cara bonita. El Khal ha aceptado el trato. Le daré lo que quiere, y a cambio, sus jinetes marcharán sobre Poniente. Intenta no arruinarlo con tu caracter; te lo digo enserio ahora eres el precio de nuestro regreso.
Ya era hora, Aerion lo sabía, lo sabía desde hace lunas cuando Valar se le dijo que partirían hacia el desierto alejándose aún más de su hogar, se lo dijo como si fuera una noticia común venderlo al mejor postor que pudo encontrar
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—¡Qué demonios te pasa Valar! —rugió Aerion, su voz un látigo de orgullo herido mientras daba un paso violento hacia su hermano mayor, con los ojos violetas encendidos de una furia que apenas contenía la humillación—. ¿Pretendes venderme a un salvaje? ¿Entregarme a ese khal de pacotilla, solo para que consigas un ejército lleno de jinetes de tierra? —Valar no se inmutó; dio un paso al frente, atrapando la mandíbula de Aerion con dedos de acero, obligándolo a sostenerle la mirada con una frialdad cruel.
—Bueno, harás lo que yo diga hermanito. Y ahora digo que pareces un mendigo que viste harapos de seda —susurró Valar, apretando el agarre hasta hacerle daño—. Si fuera necesario para recuperar lo que nos pertenece, dejaría que ese khal te tomará a ti, ya todo tu maldito orgullo con tal de ver la corona en su sitio. —Aerion intentó zafarse con un bufido mordaz, clavándole una mirada cargada de veneno, pero poco a poco el se mente fue captando la realidad y entonces —. El rostro de Aerion flaqueó por un instante; la altanería se quebró y el miedo asomó en sus ojos antes de que bajara la voz, casi suplicante
—.Valar yo... Por favor... solo quiero volver a casa. No quiero este desierto. —Valar soltó una carcajada seca y carente de piedad, empujándolo levemente—. ¿Una casa? No tenemos casa, idiota. Nos la quitaron. El Usurpador duerme en nuestras camas y se sienta en nuestro trono mientras tu paras por los rincones anhelando premios inexistentes, la única forma de volver a pisar nuestra tierra es entregándote a ese salvaje. Así que te pondrás las seda y complacerás a tu khal, o te recordaré por las malas quién es el verdadero rey aquí.
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Dragones en el exilio
FanfictionTras la caída de Baelor a manos de Lyonel Baratheon, la dinastía Targaryen se había desmoronado. Lyonel tomó el trono y a Maekar. Años más tarde, el desierto dictó nuevas reglas: Valar tomó la decisión de entregar a Aerion al imponente Khal Duncan.
