Prólogo

27 3 2
                                        

Hay una sensación que amo, y quienes odian el agua no podrían entenderla. Partir el agua con las manos, sumergir la cabeza y sentir las burbujas en la piel luego de soltar aire por la nariz; el agua recorriendo velozmente todo tu cuerpo, y la primera respiración que haces al subir a la superficie luego de un clavado. Como después de las primeras dos brazadas, es casi como volar, te sentís ligera, te sentís fuerte... y si sos buena, te sentís rápida.

Llego al final e inmediatamente doy la vuelta, tomando impulso al patear la pared de la pileta. Aquí van otros cincuenta metros, fácil. Luego de seis piletas, escucho el sonido amortiguado del silbato del entrenador. Ya terminé? Si, estoy agitada; pero siempre me exigí al nadar, y sé que podría haber hecho al menos dos piletas más.

Exhalo con fuerza al sacar la cabeza del agua y miro a Martín, mi entrenador. Tiene una expresión seria en su cara, casi frustrado. Él sabe que soy buena, que tuve el potencial para llegar a las olimpiadas... si tan solo hubiera empezado a nadar antes.

Hago natación hace aproximadamente dos años. Empecé a los dieciocho, justo luego de terminar el secundario. Siempre fui buena nadadora, pero me rehusaba a nadar porque sabía que mis propias exigencias me iban a ahogar un día. Pero al terminar el secundario, sin idea de que hacer con mi vida, nadar fue lo único que me hizo sentir competente. Después de un año, entrenar se había convertido en un hábito que no iba a soltar solo porque por fin elegí que estudiar en la universidad.

"Vas no sé cuanto tiempo entrenando conmigo, y todavía te olvidas de respirar después de cuatro piletas. No tenés pulmones de tiburón Malena" Me dice Martín cruzando los brazos, soltando un suspiro pesado. Yo me paso las manos por la cara, puteandome a mi misma por olvidarme de nuevo. "Ya te dije como tenés que hacer. Respirás en TODAS las brazadas, no-" "solo cuando no doy más, si, ya sé, perdón" interrumpo subiendo la escalera para salir del agua. Esta está lejos de ser la primera vez que me da esa corrección, y ya es frustrante para ambos.

"Si, si, 'perdón'... andá a cambiarte dale. El miércoles intentamos de nuevo flaquita. Ya la vas a sacar, tranquila." Me dice Martín mientras me pasa una toalla. "Te prometo" le sonrío agotada mientras me seco el rostro y me envuelvo con la toalla que me dio.

Él es padre de tres, todos en mi rango de edad, y después de éstos dos años, creo que me adoptó como una hija más. Aunque yo no conozca a sus hijos, puedo hablar de Martín como un padre.

"Relajate Male, eso es todo, te acelerás mucho" me dice, y noto un poco de preocupación en la forma en que tensa las cejas. "Ya sé... voy a tratar de relajarme, te lo juro. Nos vemos el miércoles?" le sonrío. Martín me devuelve la sonrisa y con una palmada en la espalda entiendo perfectamente que sí.


— ❖ —


"Flaquita!" me llamó Martín. Cuando me doy vuelta, lo veo correr hacia mí entre toda la gente que ocupaba la periferia de la pileta. Hoy es la última competencia de la temporada de verano y como es usual, estoy nerviosa. Martín me alcanza y me abraza para saludarme, "vamos, vamos, hubo un temita y necesito que vengas a firmar una ficha de inscripción nueva" dice mientras me guía entre la gente con su brazo alrededor de mis hombros. Para nada me puse aún más ansiosa de lo que ya estaba.

Por suerte, se resolvió rápido, resulta que uno de los organizadores mojó mi ficha de inscripción original, y por un tema de papeleo necesitaban una sana. Pero no falló en ponerme los nervios de punta por unos buenos diez minutos.

Odio los lugares aglomerados, tuve que hacerme lugar entre la gente para llegar a los vestidores, llenos de competidoras... y sus familias, por algún motivo. Al sentarme en un banco para cambiarme, pienso en las competencias, específicamente, lo que me irrita de ellas. No solo me molesta la cantidad de personas demasiado juntas unas de otras, la humedad que generan, el ruido de múltiples conversaciones pasando al mismo tiempo, sino que además, por la competencia, ponen música comercial demasiado fuerte, y ni siquiera es música comercial de la buena, es de la mala. Si estuviéramos en 2018, ahora mismo estaría sonando 'despacito' por octava vez. ¿Cómo se supone que me concentre así?

Después de lo que habrá sido... ¿una hora? por fin, la gente tomó asiento en las tribunas, bajaron el volumen de la música, y los grupos de competición se posicionaron para comenzar. Yo iba a participar en otra categoría, que iba después de la categoría de equipos, así que tenía por delante un buen tiempo libre para intentar relajarme.

No tengo planeado dedicar mi vida a la natación, pero hay algo exhilarante en saber que en las tribunas hay reclutas nacionales buscando a su próximo competidor estrella. Miran más a los de categorías infantiles, a los niños de catorce y quince; sin embargo, vengo ganando todas las competencias de la temporada en mi categoría, y por gran diferencia en tiempo... todos los ojos estarán en mi cuando llegue el momento de nadar; los suyos también.

No quiero que intenten reclutarme porque me interese viajar a Buenos Aires, y entrenar como una desquiciada. Es por puro ego. Siendo honesta, es una imágen divertida rechazar una oferta así, diciendo que es solo mi hobbie. Me imagino la cara de confusión que podrían darme y se me escapa una pequeña sonrisa.

Levanto la mirada del suelo y observo a las personas. Miro las tribunas buscando a cualquier persona que se vea seria y sostenga algún tipo de libreta. Quiero tener por lo menos un rostro que pueda visualizar acercándose a hacerme una oferta después de ganar.

Distingo a un grupo de adultos en traje, todos sujetando una tabla de anotaciones, y se me dibuja una sonrisa divertida en la cara. "Ya regreso" dice Martín, sobresaltándome, porque no había notado que había estado sentado a mi lado todo este tiempo. Supongo que estaba muy metida en mi propios pensamientos.

Asiento con la cabeza mientras lo veo salir del área de la pileta, caminando directamente hacia las tribunas. Pensé por un momento que iba a hablar con los reclutadores. En su lugar se acercó a una chica que no había visto antes; pelinegra, algo baja, llevaba lentes y ropa holgada; se ve jóven, no parece tener más de veinte años. Por algún motivo, observo atentamente su interacción. Creo que puede ser hija de Martín, pero a decir verdad, de lejos no puedo distingir muy bien rasgos faciales como para analizar si se parecen.

Tiene una actitud muy calmada, y considerando como es Martín usualmente, si ella es su hija, puedo ver la semejanza. En algún punto, Martín se da la vuelta para señalarme desde allí, aparentemente hablandole de mi. Esta chica mira hacia donde estoy yo, y creo hacer contacto visual. Inmediatamente miro el suelo, intentando verme lo más casual posible, incluso pienso en si debería agarrar mi botella de agua y fingir tomar un sorbo.

No estoy segura de por qué me puse nerviosa. Cuando levanto la cabeza nuevamente, ya no están. Levanté un poco más la cabeza, intentando encontrar a Martín con la mirada nuevamente.

"Flaquita" escucho, y veo a Martín llegando por mi izquierda. "Perdón, me fui a hablar con Abril, mi hija." dice descansando las manos en la cadera, mirando hacia la gente, como si buscandola vagamente con los ojos.

"Ah...okey" le digo "Te vi hablar con alguien, pero no sabía quien era" me río, intentando disimular. Desconozco qué, pero algo estoy disimulando.

Martín me pasa mis anteojos de natación y me ofrece su mano para que me pare. El tiempo pasó volando, ya faltaba poco para que inicie mi categoría. Los nervios y la ansiedad de la competencia, regresaron de golpe.
"Vos tranquila, sos re ganadora, asi que respirá, y empezá a calentar" Martín me da un sacudón de hombros y mi cabeza vuelve a pensar únicamente en el agua, en mí, y en todo el tiempo que llevo entrenando.

"Estoy lista."





Dedicado a mi novia que amo mucho.

You've reached the end of published parts.

⏰ Last updated: Sep 24 ⏰

Add this story to your Library to get notified about new parts!

Sin Miedo a AhogarmeStories to obsess over. Discover now